William Blake: humanista extremo. Por Juan Carlos Sosa Azpúrua

Por Juan C. Sosa Azpúrua el 16/03/2018

William Blake (Londres 1757 – 1827), impactó a la humanidad. Representó el emblema de la autenticidad y la originalidad. Martin Kume afirmó: fue el poeta más humanista, probablemente el humanista más extremo de Occidente, un extremista. Estaba en lo cierto.

Pese a ser autodidacta – su padre no le envió al colegio para que no se atara a los convencionalismos doctrinarios – Blake adquirió una vasta cultura y por sus lecturas podemos intuir la génesis de su pensamiento humanista. Se sintió atraído por las revoluciones (francesa y americana), y la Ilustración sin duda sirvió como fuente de inspiración para sus propias ideas. Entre sus lecturas recurrentes y artistas estudiados, Alberto Arvelo menciona a la Biblia, Ovidio, Apuleyo, Chaucer, Dante, Shakespeare, Milton, Durero, Fra Angélico, Miguel Angel, Homero, Gibbon, Plutarco, Santa Teresa, Esopo, Voltaire, Cicerón, Rousseau, Platón y Aristóteles[1].

Según Bertrand Russell, en su “Historia de la Filosofía occidental”, para lograr sus efectos políticos y filosóficos, el romanticismo europeo debemos considerarlo en su forma esencial, o sea como una rebelión contra las normas y estéticas establecidas.[2] Blake encarnó esta premisa. El poeta inglés combinó la poesía con el arte plástico (además fue grabador e impresor), y creó su propia mitología para reivindicar al Ser Humano, colocándonos en un universo de auto comprensión profundamente liberador.  Afirma Alberto Arvelo: El mundo de Blake está constituido de titanes, dioses, demonios, fábricas, espectros, emanaciones, hombres, cavernas, ciudades y astros bullen dentro de una cuádruple realidad, combaten duermen y renacen en una sola epopeya, entretejida de nombres insólitos y primigenios[3].  Sin embargo, el mismo Blake aclara que ese mundo mitológico le vino a partir de imágenes que se le aparecen reveladas, ya que el hombre trae al mundo todo lo que tiene o puede tener, desde sí mismo. Este mundo es demasiado pobre para producir una semilla.

Para Blake, sus visiones son profecías, una revelación que se produce a partir de lo más esencial de la naturaleza humana. En Anotaciones para Reynolds, afirma que El conocimiento de la belleza no es adquirido. Nace con nosotros. Las ideas innatas residen en todo hombre. Y la religión es una construcción arquetípica. El poeta articula el cristianismo con las mitologías más remotas, en la tranquila seguridad de quien sabe que “todas las religiones son una”[4]. Bajo este supuesto, toda su poesía se caracteriza por una profunda reflexión sobre la condición humana, y la semejanza que tenemos con la Divinidad, que para Blake es tan pecadora como el Hombre. Podemos evidenciarlo en el poema “Jerusalen”, donde Blake plasma el siguiente diálogo entre María y San José:

“Debería casarme con una puta y una adultera y Santa María contestó: ¿Eres acaso tú más puro que tu Hacedor, que perdona los pecados y llama de nuevo a su esposa perdida? … ¡Si fuera pura, nunca podría sentir la dulzura del Perdón de los Pecados! ¡Si fuera sagrada nunca vería las lágrimas de amor de aquel que me ama desde su ira de hornos encendidos!”

Dice Arvelo: si Blake estaba convencido de que su Dios descendió hasta hacerse hombre cotidiano, no hay razón por la cual no debería haberlo hecho hasta el fondo del pecado mismo. Así, la doctrina purificadora del Hijo es presagiada por el clima de perdón y tolerancia que acompaña su concepción y su nacimiento[5]

Blake plantea que la redención se puede lograr, sin tener que caer en una suerte de chantaje moralista: porque sépanlo todos, no hay nadie que viva y no peque.

Arvelo:

“El Dios – demonio en la obra de Blake, lucha contra sí, se vence, encadena a sí mismo, se divorcia, se insubordina, hace revoluciones, celebra matrimonios de sus inmensidades contrapuestas y se calcina en apocalipsis sucesivos. En medio de este fluir, hay lugares apacibles, detenidos. Como unos oasis de tranquilidad son los mejores logros teóricos de la cosmovisión de Blake. Permiten al poeta – profeta liberar al hombre de los inflexibles cepos de la predestinación (…) Si no estaba de acuerdo con el castigo de los cuerpos, ¿cómo iba a estar de acuerdo con el castigo eterno, el de las almas? Él estaba bajo la firme convicción de que el castigo eterno no era digno de un Dios bueno- ¿Cómo podía ser partidario de un Dios cruel? En consecuencia, escribió en sus “Anotaciones a Watson”: Los mandamientos de Jehová son los más opresivos y bajos de todos los códigos humanos (…) Los individuos cambiamos de estado perpetuamente”[6].

 

Blake:

“Ay María, dijo San José, llorando y estrechándola firme en sus brazos. “¿Acaso Jehová               no perdona a Jerusalén sin exigir pureza de quien está corrompida?”

Para desmontar el mito de la verdad axiomática que propone la religión, como una suerte de obligación moral a la que debemos ceñirnos ciegamente, Blake sostiene – en honor a la Libertad sagrada del Hombre – que una peregrinación espiritual es siempre individual… ninguna persona debería pretender ofrecer salvación colegiada… cada viajero puede servir como ejemplo, pero el maestro no señorea sobre el discípulo. Sobre esta libertad del Hombre -amo y señor de su destino- Arvelo afirma: En esta exaltación de la individualidad por encima de la razón, Blake es por supuesto típicamente romántico[7] (…) Toda la obra de Blake presupone un cambio, un ejercicio interior, una gimnasia de la personalidad, es decir, un método para la humanización del hombre, tendiente a alcanzar la mirada poética – profética[8].

En el Libro de Thel, el poeta reitera que la culpa no puede ser eterna:

“No hay raíz del mal inamovible, en los ciclos espirituales del cosmos siempre vuelve el amanecer: Yo grito ¡Levántate Theotormon! Porque el perro de la aldea ladra al día que amanece. Y el ruiseñor ha cesado sus lamentos

Y en “El Libro de Urizen”: ¡Dicten las palabras de veloces alas, y no teman expresar sus visiones oscuras de tormento! En una visión invertida del proceso de creación del mundo, en este libro, Blake establece la dialéctica de la Divinidad: 1) A solas, antes de la creación del mundo; 2) la fragmentación de Dios y la creación del Mundo; 3) La reconciliación de Dios.  Para el poeta, Dios cayó y se adentró en el mismísimo infierno, y solo a través de experiencias y errores, fue alcanzando niveles superiores, hasta la reconciliación consigo mismo.

Siguiendo con el libro de Urizen, Blake establece que la luz, se genera desde las tinieblas.  Transmite la idea de la redención, del perdón, a partir de versos como estos:

“Enitharnon cayó enferma: ella sintió una lombriz en su vientre (…) Todo el día la lombriz yacía en su vientre, toda la noche encerrada en su vientre. La Lombriz creció y se convirtió en una serpiente, con dolorosos silbidos y venenos se retorcía en sus entrañas. Enrollada en el vientre de Enithatmon la serpiente crecía, dejando caer sus escamas, con agudas punzadas el silbido comenzó a transformarse en un grito áspero, muchas tristezas y las oscuras congojas, muchas formas de peces, pájaros y bestias produjeron una forma de niño: que antes era una lombriz”.

A partir de la lombriz, se produce una evolución hacia el Ser Humano, que a su vez evoluciona hacia el Titán Orc, el Dios de la Revolución y de la Libertad. Afirma Alberto Arvelo: según Blake, la esencia de la naturaleza humana es ser mutable, ser voluble. Si no lo fuéramos, no tendríamos oportunidad de redención. Blake postula que la flexibilidad, la dulzura y la humildad, son escenarios para podernos perdonar: “Es el único medio del perdón de los pecados[9].

En su poema “América”, el poeta hace un llamado a destrozar la moralidad puritana: Orc levanta las banderas de la alegría, de la satisfacción sexual, perfeccionando la insurrección política con una radical insurrección del deleite[10]:

“Hacer que los desiertos florezcan,

Y los abismos regresen hacia sus manantiales.

Y renovar la alegría ardiente,

Y romper el techo de piedra

Para que la pálida lujuria religiosa,

En búsqueda de virginidad,

La encuentre en una puta…

Porque todo lo que vive es sagrado,

La vida se deleita en la vida.

Porque el alma del dulce deleite jamás puede violarse”.

 

Blake invita a disfrutar la vida y entender que cielo e infierno son un híbrido que se retroalimenta. En Matrimonio del Cielo y del Infierno, la estructura de la obra gira en torno a la siguiente pregunta: ¿Cómo un Dios bueno y omnipotente puede crear un mundo en donde el pecado y el Demonio sobreviven e imperan?[11] Arvelo menciona dos posiciones: a) existen dos dioses idempotentes: uno bueno y otro malo. El origen del mal, de la culpa, de la muerte, está en una causa eterna y última, un Dios del mal, un Demonio, de la misma potencia del otro Dios del bien, de la vida y de la luz. (Los Gnósticos duales y el Maniqueísmo); b) No hay ningún dios malo: Hay un solo Dios omnipotente. El mal no existe, es privación del bien. (Neoplatonismo plotiniano, teología cristiana derivada de San Agustín). El debate de esas dos tendencias constituye la esencia de “Matrimonio del Cielo y del Infierno”.  En dicho libro, Blake se desvincula de Emmanuel Swedenborg, quien en su libro “La sabiduría de los ángeles sobre la divina providencia” se declara convencido de que los condenados al infierno penarían eternamente.  Dice Blake en sus Anotaciones al libro de Swedenborg: La predestinación después de la vida es todavía más abominable que la de Calvino, y Swedenborg es partidario de una predestinación espiritual semejante… ¡Maldita locura! [12] Sostiene Blake que sin contrarios no hay progreso. Atracción y Repulsión. Razón y Energía, Amor y Odio, son necesarios para la existencia humana. Y nos brinda aforismos llenos de sabiduría y sensibilidad hacia la condición humana. A manera de ejemplo:

“El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría; El que desea, pero no actúa, engendra pestilencia; Las prisiones se construyen con peñascos de Ley. Los burdeles con ladrillos de Religión; Las alegrías preñan. Las tristezas paren; Como el gusano escoge las más hermosas hojas para poner sus huevos, así el sacerdote pone sus maldiciones sobre las más bellas alegrías; El mejoramiento produce caminos rectos. Pero los caminos tortuosos sin mejora son los caminos del Genio; Donde no está el Hombre, la naturaleza es estéril; Terminaron anunciando que Dios había ordenado tales cosas.  Y Así olvidaron los hombres que todas las divinidades residen en el corazón humano; Escucha ahora un hecho sencillo: Swedenborg no ha escrito ni una sola verdad nueva. Y ahora otro de igual sencillez: él ha escrito en cambio todas las viejas mentiras. Y escucha ahora la razón: Él mantuvo conversación con los ángeles, los cuales, en verdad, son todos religiosos. Nunca conversó con los Demonios, todos los cuales odian a la religión. Estas conversaciones no se las permitieron sus pensamientos vanidosos. Por ello los escritos de Swedenborg son una recapitulación de todas las opiniones superficiales y un análisis de las más sublimes, pero sin añadir nada ulterior; El hombre que nunca altera sus opiniones, es como agua estancada y genera reptiles en su mente (…) Adorar a Dios es lo siguiente: respetar sus acciones en los otros hombres, en cada quien de acuerdo con su genio, y amar más a los hombres de mayor grandeza: ¡los que envidian o calumnian a los hombres grandes, odian a Dios, porque no hay otro Dios que los hombres! (Resaltados nuestros)”.

Y concluye el poema, con un canto de Libertad. Así se escucha el coro:

“Que los sacerdotes del cuervo del alba, en negrura mortal, no maldigan con roncas notas las canciones de la alegría. Ni sus hermanos aceptados – a quienes el tirano libre – pongan el confín o construyan el techo. Ni la pálida lujuria religiosa llame virginidad a lo que desea, pero no actúa. Porque toda cosa que vive es sagrada. (Resaltado nuestro)”.

 

William Blake fue un artista profundamente humanista.  A través de su obra, nos enseña que el Ser Humano es lo más importante. El pecado y los errores de la vida son un proceso natural que no debe producir sufrimiento eterno, no son una condena.

Todos pecamos, y merecemos redención. El infierno es el punto de origen, donde también cayó la misma Divinidad, creadora del Mundo.  El éxtasis místico se produce a partir de las experiencias humanas, donde el Hombre evoluciona hasta llegar al Paraíso.

Ningún otro poeta creo una cosmovisión tan rica para aliviar las penas de la existencia y afirmar el reino absoluto de lo humano sobre cualquier religión, mito o creencia.

Encarnó al Humanismo y lo transformó en una obra de arte, afirmando la máxima sentencia: El Hombre es Dios.

Todo indica entonces que William Blake sí fue un humanista extremo, un extremista

…Y se lo agradecemos.

[1] ARVELO RAMOS, Alberto. DEUS INVERSUS. WILLIAM BLAKE. UNIVERSOS RELIGIOSOS, POLÍTICOS, ONTOLÓGICOS Y POÉTICOS. Ediciones Actual (ULA). Segunda edición, 2012. Pág. 69-70

[2] Idem. Pág. 108

[3] Idem. Pág. 128

[4] Idem. Pág. 177

[5] Idem. Pág. 179

[6] Idem. Pág. 124 -125

[7] Idem. Pág. 58

[8] Idem. Pág. 42

[9] Idem. Pág. 126

[10] Idem. Pág. 166

[11] Idem. Pág. 78

[12] Idem. Pág. 80

Bibliografia y videos consultados:

ARVELO RAMOS, Alberto. DEUS INVERSUS. WILLIAM BLAKE. UNIVERSOS RELIGIOSOS, POLÍTICOS, ONTOLÓGICOS Y POÉTICOS. Ediciones Actual (ULA). Segunda edición, 2012. (Nota: Todas las citas de Blake y los libros alusivos, fueron extraídas de este libro).

https://www.youtube.com/watch?v=vvgK8ljndWI

https://www.youtube.com/watch?v=v3hQXQ5_zCM

https://www.youtube.com/watch?v=6BqmpmmXw3Q

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