Una perversión de “El sonido y la furia” de William Faulkner

Por redaccionnyl el 04/09/2018

William Faulkner escribió “El sonido y la furia” bajo una influencia casi total de su admirado James Joyce.

Aparte del monólogo interior y los distintos puntos de vista, se valió de las perversiones personales de sus protagonistas para narrar una historia cruda y profunda.

La novela cuenta la descomposición moral de una familia. En este pequeño fragmento, narra los motivos de un incesto con maestría.

El amor de Quentin por su hermana

Quentin, que amaba no el cuerpo de su hermana, sino algún concepto de honor familiar y (él lo sabía bien), temporalmente suspendido en la frágil y diminuta membrana de su virginidad, semejante al equilibrio de una miniatura en la inmensidad de la esfera terrestre sobre el hocico de una foca amaestrada. Quien amaba, no la idea del incesto que no cometería, sino algún presbiteriano concepto de su eterno castigo: él y no Dios, podría arrojarse a sí mismo y a su hermana al infierno, donde eternamente podría protegerla y cuidarla para siempre jamás, invulnerable ante las llamas inmortales. Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de su amada, hasta que no puede soportarlo y entonces se lanza, se arroja, renunciando a todo, ahogándose.

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