Tres poemas de Macedonio Fernández para sentir la contundencia de lo breve

Por redaccionnyl el 24/05/2018

Macedonio Fernandez es un nombre tremebundo que nos suena a mito borgeano. Sin embargo se trata de un escritor casi sobrenatural que realmente sí existió y que tuvo la decencia de escribir muy poco para que pudiéramos leerlo todo.

Lo malo es que seguimos sin poderlo leer por completo porque sus libros son como unicornios. Su obra más famosa, «Museo de la Novela de la Eterna», es una antinovela escrita de forma experimental que casi nadie ha leído pero que dicen que convierte en genios de la literatura a quienes lo hacen.

De todos los atributos que tuvo como escritor, nos quedamos con su brevedad. Como Borges, su amigo y de alguna forma también alumno, Macedonio podía encerrar el universo entero en unas cuantas líneas.

A continuación, tres poemas suyos.

Palabras terminan

Más allá de ti, Muerte, fuimos con Ella.
Vueltos de la muerte vivimos.
Y yo ahora solo. Ella tornada a ti.
Y después de ti me espera.
Deidad, ni Cielo, nombrarlo no lograron
Al Misterio que Deidad ni Cielos interponen;
Su ademán distrayente no quisimos.
Sólo el Todo-Misterio disminuido
En que nos sabemos Eternos.
Desdeñamos distracción de Leyendas.
Sólo un misterio que no se nombra.
Sin momento ni Lugar.

La Muerte no es la Nada

La Muerte no es la Nada, sino que nada es.
El Nacer no es la Vida, sino que nada es.
Equivócase, por terrenal, el Corazón si te llora
pues en nuestra mente estás, y estuviste antes de sernos visto
En nuestra mente todo lo que eres, está
pues nunca estuviste sino en nuestra mente
y nuestra mente es la única que jamás existió.
Amarte, pues, debemos, pues que vives
y no Dolerte, pues no cabe perderte.

Hay un morir

No me lleves a sombras de la muerte
Adonde se hará sombra mi vida,
Donde sólo se vive el haber sido.
No quiero el vivir del recuerdo.
Dame otros días como éstos de la vida.
Oh no tan pronto hagas
De mí un ausente
Y el ausente de mí.
¡Que no te lleves mi Hoy!
Quisiera estarme todavía en mí.

Hay un morir si de unos ojos
Se voltea la mirada de amor
Y queda sólo el mirar del vivir.
Es el mirar de sombras de la Muerte.
No es Muerte la libadora de mejillas,
Esto es Muerte. Olvido en ojos mirantes.

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