Tres fragmentos que te harán ir volando a leer «Comer, rezar, amar»

Por Valentina Rausseo el 26/02/2019

Leer «Comer, rezar, amar» es un deleite para quienes andan buscando experiencias renovadoras. No te diremos que se trata de una obra de gran profundidad intelectual, pero es de esos libros que te atrapan desde el inicio.

Su autora, Elizabeth Gilbert, quiso despertar el espíritu aventurero en la gente. El resultado es maravilloso.

A continuación, tres fragmentos preciosos de este libro. Eso sí, recuerda siempre que la película con Julia Roberts también es buenísima.

Tres fragmentos que te harán ir volando a leer

Y aquí, tres de sus mejores fragmentos:

Tres fragmentos que te harán ir volando a leer

1. El otro hecho destacable de aquella época, era la recién descubierta aventura de la disciplina espiritual. Este interés nació en mí, cuando entró en mi vida una auténtica gurú india, hecho por el cual estaré eternamente agradecida a David. A mi gurú la conocí la primera vez que fui a casa de David. La verdad es que me enamoré un poco de los dos a la vez. Entré en casa de David, y al ver en la cómoda de su cuarto una foto de una mujer india de belleza radiante, pregunté:
-¿Quién es esa?
Él me contestó:
-Es mi maestra espiritual.
Mi corazón dio un vuelco, tropezó y cayó de culo. Pasado el primer susto, mi corazón se puso en pie, se sacudió el polvo, respiró hondo y anunció:
-Yo quiero tener una maestra espiritual.
Me refiero, literalmente, a que fue mi corazón el que lo dijo aunque hablara por mi boca. Yo noté perfectamente esa escisión tan extraña, y mi mente salió de mi cuerpo durante unos instantes, se volvió asombrada hacia mi corazón y le preguntó en voz baja:
-¿De verdad quieres eso?
-Sí -respondió mi corazón-. Sí que quiero.
Capítulo: Italia “Dilo comiendo”.

Tres fragmentos que te harán ir volando a leer

2. El otro inconveniente de columpiarte por las viñas del pensamiento, es que nunca estás donde estás. Siempre estás escarbando en el pasado o metiendo las narices en el futuro, pero sin detenerte en un momento concreto. Se parece un poco a esa costumbre que tiene mi querida amiga Susan que, cuando ve un sitio bonito, exclama medio aterrada: “¡Qué bonito es esto! ¡Quiero volver alguna vez!” y tengo que usar todo mi poder de persuasión para convencerla de que ya está ahí. Si buscas una unión con lo divino, lo de columpiarse de aquí allá es un problema. Si a Dios lo llaman una presencia, es por algo: Dios está aquí ahora mismo. El lugar donde hallarlo es el presente y el momento es ahora.
Capítulo: India “Encantada de conocerte”.

Tres fragmentos que te harán ir volando a leer

3. Tengo un amigo nuevo. Se llama Yudhi, que se pronuncia “yu-dei”. Es indonesio, de Java. Lo conocí cuando me alquiló la casa. Es el que cuida la finca de mi casera, la inglesa, mientras ella pasa el verano en Londres. Yudhi tiene 27 años, es bajito y cachas, y habla como un surfista californiano. Me llama “tío” y “colega” sin parar. Tiene una sonrisa capaz de reformar a un asesino. Y ha tenido una vida larga y complicada para lo joven que es.
Capítulo: Indonesia: “Me siento distinta desde la cabeza hasta la entrepierna”.

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