Tres fragmentos que demuestran que «El próximo tren a París» es altamente descriptivo

Por Valentina Rausseo el 18/02/2019

Robyn Sisman logró cuidar cada detalle en “El próximo tren a París” para que, hasta entonces, sea catalogado como uno de los libros más descriptivos dentro de la literatura moderna.

Su afán radica en nombrarte una calle, por ejemplo, y describirla de tal modo que puedas dibujarla con exactitud en tu mente.

1. Veinte metros por debajo de Trafalgar Square, el tren se dirigía hacia el sur acentuando su ángulo de inclinación mientras se disponía a pasar por debajo del Támesis. Era la hora punta de una tarde d viernes extrañamente cálida para ser octubre. El vagón abarrotado olía a calor humano y a agua no precisamente de colonia, un compuesto aromático de perfumes baratos y axilas sudadas. Las ruedas chirriaban. Las conversaciones se entrecruzaban aquí y allá. El sonido rítmico de los auriculares llegaba de todas partes, como un coro de grillos invisibles.
Molly Clearwater estaba a media distancia de las puertas del vagón, apretujada entre un casposo hombro masculino y una enorme mochila, agarrada de un asa metálica para no caerse. Entre los pies sostenía una maleta pequeña y gastada. Tenía un libro de bolsillo abierto a pocos centímetros de la cara, pero no estaba leyendo – Capítulo 1.

2. Malcolm no podía dejar de mover el pie izquierdo, y luego el derecho. Miraba al techo, al recepcionista, se rascaba las orejas con el dedo quitándose el cerumen y, a escondidas, tiraba a la moqueta lo que iba encontrando. Miró su reloj, cuyas múltiples esferas y cuadrantes incluían una brújula solar, un indicador de profundidad bajo el agua, un calendario digital y la hora en Tokio y Nueva York. Sin embargo, nada de eso le tranquilizaba. El segundero no dejaba de moverse. Y nadie se acercaba a la recepción – Capítulo 11.

3. Molly estaba en las calles de una ciudad desconocida, abriéndose paso entre el gentío. Avanzaba muy lentamente y, cada paso, le costaba un mundo. La calle asfaltada se convirtió en un desfiladero rocoso, y luego en un río que tuvo que cruzar nadando. Cuando llegó a la otra orilla, intentó escurrirse el agua del pelo, pero salía a chorros, como una fuente. El pánico se apoderó de ella. ¿Cómo iba a presentarse con esa pinta? – Capítulo 21.

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