Todo lo que debe saber sobre el polémico indulto a Alberto Fujimori

Por redaccionnyl el 25/12/2017

indulto a fujimori
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El mandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski anunció el indulto a Alberto Fujimori, acusado de crímenes de lesa humanidad y preso desde 2009. Eso ha generado fuertes críticas porque el mandatario indultó a Fujimori tres días después de que una facción del fujimorismo evitara que fuera destituido por el Congreso. Esa decisión que ha generado manifestaciones de protesta por un lado y celebraciones por otro.

Incluso parte del oficialismo se ha opuesto. Por ejemplo, anunciaron su renuncia los congresistas Vicente Zeballos y Alberto de Belaunde. Eso deja al grupo oficialista con solo 16 parlamentarios.

También el director ejecutivo para América de la organización defensora de derechos humanos Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, lamentó el indulto. Consideró que es el resultado de «una vulgar negociación política».

«En lugar de reafirmar que en un estado de derecho no cabe un trato especial a nadie, quedará para siempre la idea que su liberación fue una vulgar negociación política a cambio de la permanencia de Kuczynski en el poder», escribió en su cuenta de Twitter.

Keiko Fujimori, líder del partido Fuerza Popular e hija mayor del expresidente Alberto Fujimori, manifestó su alegría. «Hoy es un gran día para mi familia y para el fujimorismo. Finalmente mi padre está libre».

Perfil de Fujimori

Fujimori, de 79 años, recibió la gracia presidencial tras permanecer en prisión desde 2009, cuando fue condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad por dos matanzas cometidas en Lima por el grupo militar encubierto Colina y el secuestro de un periodista y un empresario tras el autogolpe de abril de 1992.

El exmandatario permanece actualmente internado en la unidad de cuidados intensivos de una clínica de Lima, tras sufrir el viernes una caída en la glucosa y la presión arterial, según aseguró su médico personal.

La Presidencia de Perú anunció que Kuczynski le otorgó el indulto tras la evaluación de una junta médica que determinó que padece de una «enfermedad progresiva, degenerativa e incurable» y que las condiciones carcelarias significan un grave riesgo a su vida, salud e integridad.

Fujimori ha sido operado en seis ocasiones de una dolencia precancerígena en la lengua, que se mantiene latente, aunque también afronta otros problemas estomacales, vasculares y de presión arterial.

En los últimos años, aún desde la prisión, Fujimori conservó la capacidad de crispar a la opinión pública peruana, algo que ya demostró cuando irrumpió como un candidato «antisistema» en los comicios de 1990, en los que derrotó de manera sorpresiva al novelista Mario Vargas Llosa.

Alberto Fujimori ejerció un Gobierno de mano dura en Perú durante una década, tras ser reelegido en 1995 y 2000, en medio de denuncias de fraude.

Si bien se le reconocen éxitos como la derrota de los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA, cuyos líderes fueron capturados durante su gestión, también se comprobó que en su mandato se cometieron graves violaciones a los derechos humanos y se gestó la mayor red de corrupción de la historia peruana, liderada por su todopoderoso asesor Vladimiro Montesinos.

Con la difusión, en septiembre de 2000, de un vídeo en el que se veía a Montesinos entregando dinero a un congresista de la oposición, se desmoronó su régimen, quien se vio obligado a anunciar que iba a convocar a nuevas elecciones, a las que aseguró que no se presentaría.

Sin embargo, dos meses después, renunció a la Presidencia mediante un fax enviado desde Japón, tras lo cual permaneció en ese país hasta 2005, cuando viajó a Chile, de donde fue finalmente extraditado a Perú en 2007.

El expresidente fue condenado en 2009 a 25 años de cárcel por la autoría en las matanzas de 25 personas en 1991 y 1992 por el grupo militar encubierto Colina, además del secuestro del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer en 1992.

Desde 2009, el exmandatario permaneció en una prisión policial de Lima adaptada exclusivamente para él y que, según sus opositores, fue «jaula de oro» que no se comparaba a las condiciones del resto de la población penitenciaria del país y donde recibió continuamente a sus familiares y partidarios.

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