Todo lo que la tripulación de un avión quiere ocultarte cuando viajas

Por redaccionnyl el 14/01/2019

Hay cosas que, si se supieran, no harían tan placenteros los vuelos. Por eso la tripulación de un avión prefiere callárselas.

Sin embargo, la página alternativa «Código Nuevo» ha entrevistado a un azafato de lo más bocón que decidió contar todo lo que se supone que la gente no debe saber.

A continuación, diez datos que harán diferentes todos tus vuelos a partir de ahora.

1. “El sitio con más suciedad del mundo probablemente sea un avión”.

Así lo explica el azafato que no ha querido dar su nombre y que ha trabajado en diversas compañías europeas —y que no tiene nada que ver con la foto que ilustra este artículo—. Por lo visto, la fregona que se usa para limpiar el suelo del avión es la misma con la que se limpia el baño. Imagínate. “Es un criadero de bacterias. Muchos azafatos al principio acaban enfermos volando. Yo tenía orzuelos cada dos por tres”. Los aviones de vuelos largos los limpian equipos externos, pero en vuelos low-cost muchas veces es la propia tripulación que lo limpia rápidamente entre vuelo y vuelo.

Si a eso le sumas que por el avión pasan diariamente centenares de personas de todos lados del mundo, estornudando, moviendo bacterias de un lado a otro y que hay aviones con más de 20 años (como Iberia o British Airways), hay una espectacular cantidad de suciedad. “Da un asco profundo”, asegura. Si se te cae algo al suelo, límpialo muy bien. Y si es comida, a la basura. Aquí no funciona la regla de los cinco segundos. Su recomendación: lleva siempre un gel antibacterias, jabón seco o una mascarilla durante el vuelo.

2. Los bebés, un incordio. Mucha gente pone sus hijos a gatear por el suelo.

“Lo primero, es repugnante porque el suelo da asco, y los niños son hervideros de bacterias. Lo segundo, es que son molestos”. Muchas veces, cuando hay niños gateando cerca de la zona del baño, el azafato ha tirado gotitas de agua al suelo para que parezca pipí y regañar a sus padres. “Les digo que su hijo está gateando por una zona llena de orina para que se sientan malos padres y no tengan a sus hijos molestándome por todo el avión”.

3. Si te golpean con el carrito, también eres un incordio.

“Cuando alguien te ha caído mal o se ha portado como un energúmeno, lo fichas y cuando esté dormido plácidamente, pasas con el carrito y golpe en la rodilla. Cuando se despierte, te disculpas y ya está. A ver si vuelve a coger el sueño”, se confiesa.

4. La tripulación duerme sobre ti.

Camas sobre tu cabeza. Obviamente, la tripulación va descansando durante el vuelo, sobre todo si es largo. Pero lo que muchos pasajeros no saben es que tienen a los azafatos tumbados encima de sus cabezas. En los vuelos largos, el lugar para tomarse un break está encima de cabina, en un pequeño compartimento con literas donde van descansando por turnos. Hay un compartimiento al principio del avión y otro al final del avión. Y sí, hay azafatos que se han liado en esas camas. «Yo no lo haría porque la única intimidad que tienes es una cortina y, además, esa cama la usan otros. Pero sí, me ha llegado que más de uno se ha enrollado ahí en su descanso». Quizá ni lo sabías, pero has tenido una pareja follando sobre tu cabeza.

5. La verdad sobre las eventualidades médicas en pleno vuelo

El avión está equipado para cualquier eventualidad médica. “Por ejemplo, ha habido algún parto”, explica el azafato. Tienen el equipo y los conocimientos para llevar a cabo el parto y algún que otro azafato ha acabado haciendo de comadrón. También hay formas de asistir si hay paros cardíacos y están enseñados en primeros auxilios.

Eso sí, ni se te ocurra tener un ataque al corazón durante el despegue o el aterrizaje, porque la tripulación no se levantará a ayudar. “Imagínate que hay una eventualidad en pleno despegue y debe dar un frenazo. Si no tienes el cinturón, morirás por la velocidad del avión. Así que un azafato no se levantará de su asiento para asistir hasta que finalice el aterrizaje o despegue, porque su vida va en ello”.

6. ¿Abrir las ventanillas?

Aunque muchas cosas que pasan en el avión parecen arbitrarias, “todo tiene un porqué: la seguridad del pasajero”. ¿Hasta que te obliguen a mantener abiertas las ventanillas durante el despegue y aterrizaje? Sí. Mientras que la norma de cerrar la mesita, poner la mochila bajo el asiento y mantener el respaldo recto tiene sentido (mejorarán la evacuación de los pasajeros en caso de accidente) o que te obliguen a poner el cinturón es comprensible (te protege en caso de turbulencias o maniobras fuertes), poca gente te puede dar una explicación al porqué de las ventanillas abiertas.

“Es para que el equipo de seguridad sepa qué hay dentro en caso de rescate, o que podamos ver —si debemos evacuar— qué hay fuera. Es vital: imagínate que no podemos ver que hay llamas en una ala, abrimos la puerta y como el avión es altamente inflamable entra en combustión y todos nos quemamos vivos”, asegura.

7. Prohibido follar en un avión.

No, en el baño del avión no se puede follar. Y aunque creas que podrás engañar al azafato y colarte en el lavabo para echar uno rapidito, ni lo intentes. El baño se puede abrir desde fuera.

8. Te pueden dejar en tierra si no te duchas.

Si un pasajero huele muy mal y es repugnante, el azafato tiene autoridad para decirle que o se higieniza o se queda en tierra. “Me pasó hace poco en un vuelo de 10 horas en el que un avión olía tan y tan mal a sudor que no podía compartir el espacio con otros pasajeros”.

9. Cadáveres en el avión. Ha habido muertos en pleno vuelo.

“Imagínate, un vuelo de 10 horas y un cadáver a mitad del trayecto”. Para más inri, si la destinación final es EEUU, no puede salir nadie del avión hasta que toda la tripulación de cabina ha sido entrevistada y el cadáver ha sido levantado, porque podría tratarse de un asesinato. Además, como un azafato no es médico, aunque sea obvio que es un cadáver, no pueden dar el acta de defunción, así que deben tratarlo como si fuese una persona inconsciente o en coma, pero todavía viva.

10. No hagas preguntas absurdas.

“Una constante son las preguntas absurdas de pasajeros. Te sorprendería la de gente que se queja porque encima del océano Atlántico en plena noche te pregunta que por qué no se ve nada por su ventana. Pues porque no hay nada”, se queja. Asegura que son muchísimos los que se quejan por estas tonterías, como si un azafato fuese dios y pudiese cambiar el paisaje. Recomienda evitar las preguntas absurdas porque molestan y les interrumpes su trabajo. Y porque, si te haces muy pesado, te tocará golpe de carrito en la rodilla mientras duermas.

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