«The Outsider», otra prueba de que Stephen King vende y también escribe bien

Por redaccionnyl el 25/05/2018

El género del terror suele ser menospreciado o en el mejor de los casos, estigmatizado dentro de la literatura. Tal vez se deba a su capacidad para tocar todos los extremos emocionales e intelectuales —desde la sutileza de lo entrevisto a la brutalidad de la violencia despiadada— o sólo al hecho, de encontrarse en mitad de camino entre la aseveración y la representación sensorial.

Por los mismos motivos, a Stephen King se le suele criticar y adorar a partes iguales. Es probablemente uno de los escritores más leídos del mundo y también, de los más menospreciados. Una contradicción que sin embargo, no llega a afectar su pluma prolífica: ha escrito más de 50 novelas y vendido unos 300 millones de ejemplares, lo cual lo convierte no sólo en un fenómeno mediático, sino también en una rareza en el mundo editorial actual.

Porque King vende —¿quién podría dudarlo?— pero también escribe bien. Eso, a pesar de sus pequeños gazapos, sus escenas que suelen acusarse de blandas y sus enrevesados argumentos entre terroríficos, emocionales y místicos. Pero King, más que escritor — que lo es, por derecho propio, por perseverancia, por su capacidad para reinventarse — es también un símbolo de las literatura actual, con su considerable dosis de cultura pop a cuestas y sobre todo, símbolo del escritor que atraviesa esa compleja red de intrigas y opiniones disparejas que es el mundo editorial contemporáneo. Humilde, sincero, muy consciente de la importancia de su labor como narrador de historias pero aún así, incapaz de obsesionarse con el reconocimiento, Stephen King es un mito creado a la medida del lector, una metáfora de lo que la literatura — como propuesta — puede llegar a ser.

Y además de lo todo lo anterior, King escribe sobre el terror. Lo hace bien, de una manera concienzuda, se toma en serio un género la mayoría de las veces menospreciado, minimizado y ridiculizado. Porque para King, el miedo no es sólo una reacción, una mezcla confusa entre una percepción física y emocional, sino algo más intricado, profundo. Inquietante. Para King, el terror es una idea sugerida, a la que el lector da forma, construye, brinda rostro. Una perspectiva que revolucionó no sólo la manera de concebir el terror sino también de como asumirlo como una idea literaria por derecho propio. De pronto, el terror no era sólo imágenes fantásticas, escalofriantes, un poco absurdas. Tampoco la provocación, la sangre, incluso la repugnancia sino algo más. Un planteamiento tan profundo que parecía abarcar no sólo lo que tememos sino por qué nos produce temor. Cuando en 2003 King ganó la medalla National Book Foundation por su contribución a las letras americanas, el crítico Walter Mosley describió su talento como una noción “casi instintiva sobre los miedos que forman la psique de la clase trabajadora estadounidense”. Una reflexión que transforma el terror en parte de lo cotidiano, de lo que consideramos natural. “Conoce el miedo, y no solo el miedo de las fuerzas diabólicas, sino el de la soledad y la pobreza, del hambre y de lo desconocido” añadió.

Por supuesto, con casi sesenta libros a cuestas (con una periodicidad y frecuencia que sorprende a sus lectores y despierta críticas mal intencionadas en sus detractores) King comienza a tener problemas para sorprender a sus lectores, lo que equivale a interpretarse como un reto para un escritor prolífico que prácticamente ha tocado todos los temas dentro de ese gran Universo tenebroso del terror. No obstante, King evita el tedio con jugadas inteligentes que además, brindan una consistencia nueva a su trabajo y abren nuevos espacios para analizar la forma en que se construye una percepción sobre el terror siempre novedosa. Para comenzar, se atrevió a tocar una de sus obras clásicas como lo es “El Resplandor” con una secuela de menor calidad pero que aún así, otorgó matices singulares a la historia original. Después escribió suspenso policiaco (la trilogía Mr Mercedes, Finders Keepers, End of Watch no sólo demostró la capacidad del autor para desdoblarse en una narración rápida, inteligente y abierta a todo tipo de interpretaciones, sino sorprendente en su profundidad) y por último, incluso creó ese extraño híbrido entre una distopia con conciencia ideológica e historia de terror en pleno derecho como lo es “Las bellas Durmientes” en compañía de su hijo Owen, un experimento más o menos exitoso que le acarreó algunas críticas pero que demostró que King sigue insistiendo en crear Universos alternativos de enorme riqueza y complejidad. Ahora con “The Outsider”, el escritor lleva la experimentación a un siguiente nivel y lo hace como una versión de la realidad basada en lo cotidiano transformado en una superficie inquietante, bajo la cual subsiste algo más tenebroso y aciago. Por supuesto, se trata de un truco habitual en las narraciones de King, pero “The Outsider” logra un nuevo nivel de complejidad y asombra por su capacidad para subvertir el orden de lo ordinario (esa noción sobre lo corriente que King utiliza con tanta frecuencia como elemento imprescindible en sus narraciones) en algo más extraño, duro e inquietante. Lo hace además, sin dejar a un lado su prosa fluida y su capacidad para interconectar hechos en apariencia fortuitos en una amalgama de extraños sucesos que al final, crean una versión de la realidad por completo nueva. Eso, a pesar que “The Outsider” es un reflejo del estilo habitual de King, en lo que lo temible subsiste bajo cierto aire ordinario y vulgar. Pero a diferencia del resto de sus obras, “The Outsider” es una trampa bien concebida para analizar el bien y el mal bajo lo rudimentario, el espectro de lo hórrido y sobre todo, lo coloquial bajo la concepción del absurdo.

La novela tiene una percepción de sí misma que refleja la intención de King por innovar en pequeños fragmentos de horror sugeridos: narra la extraña historia de como Terry Maitland, hombre intachable, buen esposo y ciudadano ejemplar (además del entrenador de béisbol de ligas juveniles) es acusado del cruel asesinato de un niño. De figura apreciada, querida y respetada, Maitland se transforma muy pronto no sólo en un paria sino también en el chivo expiatorio de los peores dolores y terrores de un pueblo obsesionado con su culpabilidad. Aún peor: Maitland ha formado parte de la vida de la mayoría de quienes le acusan (La mayoría de los personajes le conocen por haber sido entrenador en algún momento dado de su hijo, nieto, sobrino) lo que hace la confusión y la ira acerca de su culpabilidad aún más dura de asimilar. La investigación corre a cargo del detective Ralph Anderson, que como todos el resto de los personajes de la trama, también conocía a Maitland lo suficiente como para agradarle (esa visión periférica y tangencial de un hombre corriente dentro un espacio corriente) y a quien le lleva esfuerzos comprender que pudo cometer un crimen tan atroz. No obstante, la evidencia — y al principio de la novela, todo parece resumirse a lo comprobable — apunta a que no sólo es culpable sino que de hecho, es el único sospechoso en medio de una situación enrevesada y dificil de digerir.

King juega entonces con la línea temporal, el narrador y las pequeñas estructuras argumentales — de la prosa en tercera persona va a los testimonios y declaraciones, de una forma muy parecida en que lo hizo en los primeros capítulos de “It” — y crea la sensación que la historia tiene un único objetivo o mejor dicho, una sola forma de comprender el motivo y la percepción sobre lo moral y lo ético. Pero como siempre, King encuentra una arista no explorada sobre el tema — en esta ocasión, la culpabilidad, la acusación colectiva y la percepción de lo ético en medio del estigma — y lo transforma en algo por completo nuevo y lóbrego. Con su estupenda documentación legal — es notorio que King se tomó una buena cantidad de tiempo para construir una visión del sistema legal creíble — pero sobre todo, su lenta aproximación a la culpa como hecho casi fortuito, de pronto la novela toma el riesgo de contradecirse en sus líneas más elementales y es entonces, cuando el mejor estilo King sale a relucir: Maitland no sólo tiene una sólida, comprobable y sustentable coartada, sino además una grabación de video, en la que puede constatar que se encontraba en otra ciudad al momento en que ocurrió el crimen del cual se le acusa. De manera que ahora Anderson deberá lidiar no sólo con un caso por completo distinto sino también, con la singular sensación que algo sin explicación está ocurriendo en mitad de todo el misterio que trata de resolver, sin lograrlo. De pronto, lo que parecía ser un delito forense — y una narración policíaca al uso — se transforma en algo más. King, con su habitual habilidad para la construcción de peculiares capas de información y dimensión de lo temible, encuentra en “The Outsider” una manera por completo nueva de analizar el terror pero sobre todo, la identidad colectiva como una forma de expresión individual.

Con Maitland, no todo es lo que parece y a partir del segundo tramo de la novela, King comienza a mostrar el personaje como una extraña visión de elementos sobrenaturales inexplicables y tan novedosos que lleva unas cuantas páginas comprenderlo a cabalidad. Con el misterio convertido en una percepción del miedo — uno de los personajes se pregunta en voz alta “¿Es esto un asesinato o algo más que lleva al Infierno?” todo un juego de palabras que podría describir los momentos más oscuros de la historia — King de nuevo rinde homenaje a Shirley Jackson (su principal referente) pero sobre todo, a la percepción dura y más cruel sobre el hecho del terror convertido en un elemento existencial perpendicular a la realidad. El enigma transcurre como un rio subterráneo, convertido en una idea demencial e ilógica, pero también, entremezclada con la naturaleza humana de manera inevitable.

Además, King parece decidido a utilizar la trama de “The Outsider” para narrar a la norteamérica real como si se tratara de una fantasía inquietante y dolorosa. Desde el hecho que buena parte de los que acusan a Maitland llevan la gorra roja con la frase “Make America Great Again” hasta los paralelismos obvios que el escritor establece con su propio Universo para comparar a Trump con Greg Stillson, el aterrador candidato presidencial de “Dead Zone”, King estructura “The Outsider” como una planificada mirada al temor dentro del temor. Con su más reciente novela, King crea un reflejo de una narración de la norteamérica que teme y la incluye en una versión de la realidad inquietante. La mezcla es un paradoja entre lo sobrenatural y la certeza ilógica, hasta crear una versión de lo terrorífico que sorprende por su cualidad inusual, flexible y desconcertante. De nuevo, King logra lo que cada vez parece más imposible: sorprender al lector. Y hacerlo usando los recursos de una época frágil, rota y extraña en su país. Una historia de terror dentro de una historia de terror.

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