Teresa Wilms Montt, la poeta magnética cuya belleza incomodaba

Por redaccionnyl el 11/12/2017

Por su belleza imposible y su personalidad mística y arrolladora se convirtió en una obsesión entre los círculos intelectuales de París y Madrid. La crítica literaria se enamoró de sus letras en Argentina. Pero en su Chile natal solo fue vituperada. Teresa Wilms Montt no podía quedarse quieta y optó por una vida contracultural. Hoy el mundo sigue tratando de entender cómo fue que pudo existir alguien como ella.

A los 17 años rompió toda relación con su familia a cambio del impulso de casarse con un hombre de dudosa reputación. Su esposo, Gustavo Balmaceda Valdés, un alcohólico que no podía dejar de celarla hasta de su propia sombra, tenía que viajar continuamente por razones de trabajo. En esas pausas, y pese a tener ya dos hijas, Teresa se escaba para convertirse en la reina de la noche de Santiago de Chile.

Teresa Wilms Montt conoce el mundo

Gozaba como nadie de las noches y el alcohol. Pero también se acercaba a los sindicatos, a la lucha por los derechos de las mujeres y a la masonería. Todo cambió cuando su marido se dio cuenta de que también se acercaba demasiado a un primo de él, infidelidad por la cual fue condenada por la ley a vivir en un convento lejos de sus dos hijas. Allí cometió su primer intento de suicidio.

El poeta Vicente Huidobro la ayudó a escapar a Buenos Aires. Allí se hizo amiga de personas como Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges. Teresa Wilms Montt era la mujer más bella de su época y una de las más lúcidas poetas. En esa época un joven se enamoró de ella y terminó suicidándose al no ser correspondido. La artista le dedicó a su enamorado muerto un poema que se volvería de culto: Anuarí.

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Viajó a Nueva York para trabajar como enfermera de la I Guerra Mundial, pero la acusaron de ser una espía nazi. Se fue entonces a recorrer Europa y tuvo contacto con lo más selecto de la literatura universal: Azorín, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Juan Ramón Jiménez, Ramón del Valle-Inclán.

Los intelectuales del mundo estaban locos por ella. Era el deseo de su tiempo personificado en una mujer. El mundo estaba a sus pies y quería más. Su belleza había resultado incómoda antes. Ahora era comparada solo con su genio.

En 1920 decidió establecerse en París. Allí la visitaron sus dos hijas tras cinco años sin verlas. Cuando debieron regresar a Chile, su dolor fue tan grande que se suicidó a los 28 años. En ese momento su belleza y talento estaban en todo su esplendor. Está enterrada en el cementerio del Père-Lachaise.

Teresa Wilms Montt

Teresa Wilms Montt

Teresa Wilms Montt

Retrato hecho por Fernando Álvarez de Sotomayor en 1908

Teresa Wilms Montt

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