Asombrosas similitudes entre la Biblia y la ciencia que tal vez no sabías

Por redaccionnyl el 18/01/2018

Muchas personas creen que cada nuevo descubrimiento científico descarta lo que aparece en los libros que componen la Biblia. Pero las tradiciones orales y escritas de los diferentes pueblos existen porque partieron de hechos reales y comprobables. Tanto es así, que la Biblia y la ciencia tienen coincidencias que aquí mostraremos sin poses ni dogmas.

Antes de seguir leyendo es importante saber que lo que dice la Biblia no es un largo cuento de hadas. Desde el siglo XIX la arqueología ha demostrado que tanto los hechos narrados en la Biblia como los que registran la Ilíada y la Odisea fueron históricos, por cuanto solo quedaría espacio para el escepticismo en lo relativo a las divinidades y eventos extraordinarios.

Sin embargo, hay tantas similitudes entre la Biblia y los avances del descubrimiento humano, desde la historia a las ciencias aplicadas, que vale la pena hacer una breve lista.

El diluvio universal

La historia de un dios ordenándole a un hombre construir un barco enorme y meter animales de cada especie se repite con similitudes asombrosas en todo el mundo. Kariñas, semitas (árabes y judíos), griegos, indios, babilónicos, egipcios, incas, aztecas, guaraníes, mayas, taínos, pascuenses y mapuches la cuentan con alguna adaptación regional, pero siempre con el mismo fondo.

Al menos la coincidencia puede hacer creer en la veracidad de los hechos. Pero ahora, un estudio de científicos australianos e ingleses, publicado en la revista «Quaternary Science Reviews», ha demostrado que hace unos 8.740 años hubo un diluvio cuando un inmenso trozo de hielo se desprendió en el Atlántico Norte.

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«Aquellos sucesos podrían haberse transmitido de generación en generación como el recuerdo de un gran diluvio. Debieron sentir como que el mundo entero estaba inundado y aquello pudo ser el origen de la historia del Arca de Noé», aseguró el líder de la investigación.

Polvo eres y en polvo te convertirás

Dice el Génesis también que el hombre fue hecho barro. Más tarde, el mismo libro señala: «Del sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado».

Hoy sabemos que aparte de oxígeno, carbono e hidrógeno, estamos hechos de otros 25 elementos de la tabla periódica, todos ellos presentes en la tierra.

Eso nos lleva entonces a pensar en la generación espontánea, esa teoría descartada según la cual podían salir seres vivos de material inorgánico. Lo curioso es que ya no pude ser descartada del todo porque han sido halladas evidencias de minerales que crecen (no debido al óxido de calcio) como los espelotemas en la cueva Charles Brewer-Carías, en Venezuela.

El universo tuvo un comienzo

La Biblia usa el verbo hebreo «bará», que significa hacer de la nada. Dios hizo el mundo a partir de la nada.

Cuando un cuerpo viaja a una velocidad cercana a la de la luz sufre algo conocido como efecto de masa. Eso es que la masa de ese cuerpo aumenta. Ergo, la eternidad de la materia no es cierta. Esta puede ser creada.

Desde los estudios de Einstein en 1900 hasta la actualidad, todos los físicos y astrofísicos coinciden en que el universo tuvo un principio.

Que la tierra es redonda

Isaías 40:22 dice que el señor está montado sobre el círculo de la Tierra. Los escépticos dicen que círculo no es lo mismo que esfera, y eso es verdad. Pero en Job 26:7 se lee: «El (Dios) extiende el norte sobre vacío, Cuelga la tierra sobre nada.

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Más claro no se puede.

El camino de la luz

En Job, capítulo 38, versículo 24, Dios le pregunta al quejoso Job por qué camino se reparte la luz. Y eso que la capacidad que tiene la luz de dividirse fue observada apenas en 1666 por Isaac Newton, y que la teoría de los cuantos tuvo que esperar a Einstein en 1905 para ser confirmada.

El proceso de la lluvia

Apenas en 1740 fue cuando, gracias a los trabajos de Perrault y Mariotte, la ciencia moderna identificó el proceso que debe cumplirse para que llueva.

Sin embargo, miles de años antes, en “Job” ya estaba escrito que “Él atrae las gotas de las aguas, al transformarse el vapor en lluvia, la cual destilan las nubes, goteando en abundancia sobre los hombres” (36:27-28).

Y dice en Eclesiastés: «Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.»

Que el viento pesa

Siguiendo en el libro de Job, en el capítulo 28, versículo 25, dice que el viento tiene peso. Eso se descubrió hace apenas cuatrocientos y pico de años, cuando Evangelista Torichelli inventó el barómetro.

El ADN

En el Salmo 139 puede leerse: «Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas».

Fue en los años 50 cuando Watson y Crick descubrieron el plano genético para la vida. Tres mil años atrás la Biblia hace referencia a este código escrito en cada organismo vivo.

Pruebas arqueológicas

Durante el siglo XIX fueron descubiertas ciudades como Nínive, que se creía una invención para dar vida al relato de Jonás. También fueron descubiertos lugares solo descritos en la Biblia debajo de enormes montículos.

Luego, en el siglo XX, en las montañas de Ararat, justo donde dice la Biblia que posó el Arca de Noé, fue hallada madera petrificada en grandes cantidades. Eso sin contar un camino de anclas de piedra que llevan hasta ella, y en las que hay inscripciones antiguas que dejan claro que el mundo antiguo creía que eran las anclas del arca de Noé.

Una excavación en el lugar descrito como el arca recopiló ADN de animales.

El aluminio

Dice la Biblia que entre los hombres que nacieron luego del diluvio hubo uno llamado Tubalcaín, cuyos descendientes supieron manejar los metales como el bronce y el cobre.

Parece que también supieron manejar el aluminio. El aluminio no existe en la naturaleza en forma metálica. Para lograrlo hay que procesar la bauxita. Pero en el monte Ararat, cerca de donde dicen que está el Arca, fue hallado aluminio procesado de gran antigüedad. Y eso que hubo que esperar al siglo XIX para que el hombre occidental lo procesara, y a 1911 para crear la primera figura de aluminio.

Muchos conocimientos parecen haberse perdido en los incendios de la Biblioteca de Alejandría. Muchos otros faltarán.

Decía Albert Einstein: «La ciencia sin la religión es coja, y la religión sin la ciencia es ciega«.

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