Siete minicuentos de terror de Julio Cortázar que pueden dejarte en la demencia

Por redaccionnyl el 24/07/2017

Juntos, estos cuentos se llaman «Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo». Pero aquí los hemos separado para que nuestros lectores sepan desde el mismo título qué es lo que van a leer.

Julio Cortázar nos demuestra a continuación que nuestros miedos están basados en situaciones siempre particulares cuyo única relación es que nos resultan misteriosas y, en consecuencia, insoportables.

Nadie aguanta realmente lo desconocido. Estos cuentos nos revelan de tal manera lo que somos, que pueden dejarnos en la demencia.

1. La página asesina

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

2. Las estatuas que se mueven

En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados

3. El perro

En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.

4. La mujer diminuta

Un señor está extendiendo pasta dentrífica en el cepillo. De pronto ve, acostada de espaldas, una diminuta imagen de mujer, de coral o quizá de miga de pan pintada.

5. El almanaque

Al abrir el ropero para sacar una camisa, cae un viejo almanaque que se deshace, se deshoja, cubre la ropa blanca con miles de sucias mariposas de papel.

6. El dolor en la muñeca

Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.

7. Confiar en el médico

El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.

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