Siete datos sobre la increíble formación de los espartanos

Por redaccionnyl el 12/07/2020

Esparta, situada en la península del Peloponeso junto al Río Eurotas, fue una ciudad guerrera de la Antigua Grecia y cuyo poderío militar ha resonado a lo largo de la historia. Por eso, hoy queremos hablarte acerca de siete datos referentes a la incríble formación de los espartanos.

Pero antes, también debes saber que, con una fuerza y excelencia militar incomparables, han sido reconocidos como los guerreros más formidables de Europa en todos los tiempos.

Eran soldados desde la infancia

Esparta se convirtió en la mayor fuerza militar de la historia debido a la famosa formación que llevaban los espartanos, es decir, un sistema de educación colectivo, público y obligatorio que se enfocaba en transformar a toda su gente en formidables guerreros, preparados para cualquier evento.

Los soldados espartanos (seleccionados y preparados desde la cuna) luego de nacer, eran examinados para determinar si este estaban sanos y bien formados; de lo contrario no se consideraban capacitados para el entrenamiento.

El mínimo defecto físico y ya a éste se le consideraba una carga innecesaria para la ciudad.

A estos desafortunados los llevaban al monte Taigeto y se les arrojaba a un barranco.

Entrenados desde los 5 años

Los niños con edades comprendidas entre 5 a 11 años, debían pasar por un entrenamiento militar denominado “agogé”.

Además de eso, no eran educados por sus padres, pues pasaban a depender del estado y recibían la educación espartana, basaba en una rigurosa disciplina y obediencia.

Este entrenamiento era estrictamente necesario a esa edad para que éstos no se volvieran débiles al ser separados de sus padres.

Aparte, eran internados en barracones comunales, donde debían aprender a leer, escribir y a sobrevivir al mundo y sus amenazas.

También debían aprender el manejo de las armas, técnicas de lucha y caza.

Soldados hasta los 60 años

Al igual que ahora, un espartano era jubilado a sus 60 años, y para ellos decidir no era una opción.

Los ciudadanos tenían prohibido elegir otra ocupación.

Este compromiso duraba décadas, ya que los guerreros permanecían en servicio obligatorio hasta los 60 años.

El resto de las tareas, como la agricultura o la manufactura, eran llevadas a cabo por clases bajas, compuestas de ciudadanos libres que vivían en las zonas periféricas a la región de Laconia.

Rituales sangrientos

Aquellos jóvenes que participaban militarmente, debían también participar en rituales donde eran azotados con brutalidad, frente al altar del templo de Artemis.

Una fuerte dieta

Los soldados espartanos seguían una dieta muy estrcita.

La “sopa negra” era un plato indispensable para estos guerreros, hecha a base de sangre, vino y vísceras.

Comían raciones livianas y casi insuficientes para llevar el paso del riguroso culto físico.

Los demás soldados con sobrepeso, eran altamente ridiculizados en público y corrían riesgo de ser expulsados de la ciudad.

Como en muchas partes del mundo, el vino era parte de esa dieta. Pero estos se cuidaban de los excesos; de hecho, en algunos casos, forzaban a esclavos a emborracharse para mostrarles a los más jóvenes las consecuencias que esto dejaba.

Los hombres no podían casarse hasta los 30 años

Las leyes de ese entonces protegían el derecho de tener hijos, pues esto permitía formar una generación de relevo en sus guerreros.

Sin embargo, existían algunas limitaciones…

Por ejemplo, los hombres no podían casarse hasta cumplir los 30 años, mientras que las mujeres, a una edad más temprana sí; a los 20 años.

Estos debían estar en condiciones óptimas para procrear hijos sanos.

Nunca se rendían

El lema que utilizaban los espartanos era “Vencer o morir”.

El riguroso entrenamiento que recibían, los preparaba para no tener miedo y combatir fieramente sin inmutarse; por lo que rendirse no era una alternativa para ellos, incluso, era una opción casi impensable.

Las madres espartanas, conscientes del destino de sus hijos, se despedían diciendo la siguiente frase: “Vuelve con tu escudo o sobre él”.

Sólo los hombre y mujeres que morían en el campo de batalla o dando a luz, tenían su nombre inscritos en la tumba.

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