Seis poemas de John Donne, el metafísico que sorprendió al mundo

Por Valentina Rausseo el 27/11/2018

Los poemas de John Donne le han dado un sitio de honor entre los poetas metafísicos del siglo XVII. Los motivos más obvios son que fue el que más trascendencia tuvo y el que más tópicos exploró.

Ernest Hemingway escribió “Por quién doblan las campanas” inspirado en un poema suyo que es el primero de los seis que mostraremos a continuación.

Las campanas doblan por ti

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

Canción

Ve y coge una estrella fugaz;
fecunda a la raíz de mandrágora;
dime dónde está el pasado,
o quién hendió la pezuña del diablo;
enséñame a oír cómo canta la sirena,
a apartar el aguijón de la envidia,
y descubre
cual es el viento
que impulsa a una mente honesta.
Si para extrañas visiones naciste,
vete a mirar lo invisible;
diez mil días cabalga, con sus noches,
hasta que los años nieven cabellos blancos sobre ti.
A tu regreso tú me contarás
los extraños prodigios que te acontecieron.
Y jurarás
que en ningún lugar
vive mujer hermosa y verdadera.
Si la encuentras, dímelo,
¡dulce peregrinación sería!
Pero no, porque no iría,
aunque fuera justo al lado;
aunque fiel, al encontrarla,
y hasta al escribir la carta,
sin embargo,
antes que fuera,
infiel con dos, o tres, fuera.

El mensaje

Envíame aquellos ojos que hace mucho perdí,
Pues ya largo tiempo han reposado sobre tí;
Desde entonces muchos males han aprendido,
Forzadas reacciones,
Y falsas pasiones
Fueron por tí,
Y si por tí nada bueno
Pueden ver, quédatelos para siempre.
Devuélveme mi corazón inofensivo,
Que ningún pensamiento indigno
Podría mancillarlo;
Y si por el tuyo fuese incitado
A burlarse
Del Amor,
A quebrar los cimientos
de la palabra y el juramento,
Quédatelo, pues entonces mío no será.
Pero devuélveme mi corazón y mis ojos,
Para que pueda sentir y ver tu falsedad,
Para que pueda reírme alegre y gozar
Cuando te ahogues en angustia,
Cuando languidezcas sucia
Por aquel
Que no desea ser,
O que como tú lo eres ahora,
Falso será.

Seducción

Ven a vivir conmigo, y sé mi amor,
y nuevos placeres probaremos
de doradas arenas, y arroyos cristalinos;
con sedales de seda, con anzuelos de plata.
Discurrirá entonces el río susurrante
más que por el sol, por tus ojos calentado,
y allí se quedarán los peces enamorados,
suplicando que a sí puedan revelarse.
Cuando tú en ese baño de vida nades,
los peces todos de todos los canales
hacia ti amorosamente nadarán,
más felices de alcanzarte, que tú a ellos.

Tres veces tonto

Sé que soy dos veces tonto,
por amar, y por decirlo
en poesía quejumbrosa.
Pero ¿dónde está ese sabio, que no podría ser yo,
si ella no me rehusara?
Así, como las vías interiores, tortuosas,
purgan el agua del mar de la corrosiva sal,
pensé que si alejar conseguía mis pesares
por la inoportuna rima, los aliviaría.
El pesar, cuando al metro se reduce, no puede ser tan agudo
pues, si verso se encadena, se somete.
Mas, cuando eso está hecho, alguien,
por mostrar su arte y su voz,
mi dolor compone y canta,
y, mientras a otros deleita, de nuevo
el dolor libera, que los versos contenían.
Al amor corresponde el tributo del verso, y al dolor,
pero no el de aquel que cuando es leído agrada.
Ambos por estas canciones se incrementan:
pues así son los triunfos de ambos difundidos.
Y yo, que dos veces tonto era, paso así a serlo tres,
pues son los mejores tontos los que un poco sabios son.

Ve y coge una estrella fugaz

Ve y coge una estrella fugaz,
Obtén con el niño una raíz de mandrágora,
Dime donde todos estuvieron los años pasados,
O quién le partió el pie al diablo,
Enséñame a escuchar el canto de las sirenas,
O a evitar la picadura de la envidia,
y a encontrar
Qué viento
Sirve para hacer avanzar una mente honesta.
Si tu haz estado en el nacimiento de desastres extraños,
De cosas invisibles de ver,
cabalga diez mil días y noches,
Hasta que tu cabello envejezca a un blanco nieve,
Tú, cuando hayas regresado, me diras,
Todas las maravillas extrañas que te ocurrieron,
Y jurar,
No donde
Vive una bella y verdadera mujer.
Si tu has encontrado a alguien, dejame saber,
Como fue la dulce peregrinación,
Aún no lo hagas, no iría,
Aunque en la siguiente puerta podemos reunirnos,
Aunque ella fuera real, cuando te reunas con ella,
Y por último, hasta que escribas tu carta,
Aún ella
sería
Falsa, antes de venir, dos o tres.

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