Por qué toda oficina debe tener un ventilador

Por redaccionnyl el 23/10/2017

En América Latina los aires acondicionados se dañan con una frecuencia tan ridícula que siempre es importante tener un ventilador aunque sea de emergencia en las oficinas. Pero a veces hace tanto calor en las regiones tropicales que a la fuerza de cualquier máquina de frío hay que agregarle un ventilador para aumentar la velocidad del aire y refrescar.

El fotógrafo ruso David D sabe de ese calor aunque en su país no se dé tanto el caso. Lo cierto es que en lo que parece una suerte de solidaridad con las mujeres que trabajan en oficinas con aires acondicionados dañados en el trópico, ha hecho un par de fotos brutales en las que supo captar cómo es que se debe calmar ese sufrimiento.

En Nalgas y Libros también nos conmueven estas imágenes porque se nos dañó el aire acondicionado y porque el que tiene que comprarlo no aparece y porque en el fondo sabemos que el que se queda solo en la oficina se ve tentado a usarlo de esa forma: los hombres abriéndose la camisa y dejándose llevar por el placer de la frescura y las mujeres que llevan falda llevando todo a un nivel más allá.

Antes de ver las imágenes habrá que recordar que los ventiladores originarios eran manuales y con un mango fijo, como el flabellum de la cultura egipcia que llegó a utilizarse con el tiempo en toda Europa.

Los árabes luego utilizaban uno que los esclavos debían mover llamado abano, que era el mismo que en la India recibía el nombre de Punkah. Fueron los chinos los que crearon el abanico rígido que aún les vemos a las mujeres sevillanas para bailar.

Pero el ventilador similar o precursor del que conocemos hoy como tal, aparece en 1886 y es un invento del estadounidense Schuyler Skaats Wheeler, que fue comercializado por su empresa Crocker & Wheeler, instalada en Nueva York. Era de pequeño tamaño y diseñado para ponerlo sobre una mesa. Casi simultáneamente aparece en Alemania una versión de techo creada por el ingeniero Philip Diehl.

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