Cinco poemas de Aurelio Arturo para enamorarse a la antigua

Por María Beatriz D'Andrea el 27/05/2019

Con los poemas del escritor colombiano Auerelio Arturo se puede apreciar la belleza de la poesía romántica escrita con sentimiento.

Nació en el año 1906 y murió en su país natal para el año 1974. Para ese mismo año, meses antes de su fallecimiento, recibió el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras por la Universidad de Nariño.

Su única obra fue el libro tituladoMorada al Sur en el año 1963. La poesía formaba parte de sus actividades en ratos libres hasta volverse una constante.

Por ello te traemos cinco de sus poemas más importantes para que conozcas parte de su herencia poética.

1. «Todavía»

Cantaba una mujer, cantaba
sola creyéndose en la noche,
en la noche, felposo valle.

Cantaba y cuanto es dulce
la voz de una mujer, esa lo era.
Fluía de su labio
amorosa la vida…
la vida cuando ha sido bella.

Cantaba una mujer
como en un hondo bosque, y sin mirarla
yo la sabía tan dulce, tan hermosa.
Cantaba, todavía canta…

2. «Madrigales»

Déjame ya ocultarme en tu recuerdo inmenso,
que me toca y me ciñe como una niebla amante;
y que la tibia tierra de tu carne me añore,
oh isla de alas rosadas, plegadas dulcemente.

Y estos versos fugaces que tal vez fueron besos,
y polen de florestas en futuros sin tiempo,
ya son como reflejos de lunas y de olvidos,
estos versos que digo, sin decir, a tu oído.

3. «La canción del verano»

Y ésta es la canción de un verano
entre muchos hermosos veranos,
cuando el polvo se alza y danza
y el cielo es un follaje azul, distante.

Y entonces fue cuando vino con las brisas
que se levantan de los arroyos y de sus conchas,
la que cantaba la canción del verano,
la canción de yerbas secas y aromáticas
que arrullaban, cuando a mi lado
la sentía como una tierra que respira
y como un sueño de pólenes y estrellas
que resbalan tibias por la piel y las manos.

4. «Morada del sur»

He escrito un viento, un soplo vivo
del viento entre fragancias, entre hierbas
mágicas; he narrado
el viento; sólo un poco de viento.

Noche, sombra hasta el fin, entre las secas
ramas, entre follajes, nidos rotos -entre años-
rebrillaban las lunas de cáscara de huevo,
las grandes lunas llenas de silencio y de espanto.

5. «Silencio»

Cabelleras y sueños confundidos 
cubren los cuerpos como sordos musgos 
en la noche, en la sombra bordadora 
de terciopelos hondos y olvidos. 

Oros rielan el cielo como picos 
de aves que se abatieran en bandadas, 
negra comba incrustada de oros vivos, 
sobre aquel gran silencio de cadáveres. 


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