Pedro Juan Gutiérrez, el desenfrenado y maravilloso encanto de follar

Por Luis Figuera el 22/02/2019

La primera vez que supe de Pedro Juan Gutiérrez fue en el suplemento cultural Papel Literario, donde había un ensayo sobre Trilogía Sucia de la Habana. La segunda fue años después en el centro comercial Sambil, donde compre el libro.

La tercera vez fue en una feria internacional de Cuba, cuando le pregunté a un amigo ¿por qué no publicaban masivamente la Trilogía Sucia de la Habana? La respuesta fue instantánea.

– Ese señor que acaba de irse es Pedro Juan Gutiérrez.

Desde esa época han pasado casi veinte años. Con más de veintitrés libros, es uno de los escritores más conocido fuera de Cuba, donde vive en el barrio de Centro Habana en un apartamento con azotea, desde donde ha podido conocer a muchos de los protagonistas de sus relatos.

Para algunos es un personaje afable y pintoresco que escribe hasta altas horas de la noche en su apartamento. Para otros es uno de los grandes narradores de la Cuba contemporánea, que ha logrado descifrar códigos ocultos en el comportamiento de los cubanos.

Su libro Trilogía Sucia de la Habana es un verdadero coctel de lujuria, hambre, y marginalidad, una especie de tratado antropológico del comportamiento de los habitantes de Centro Habana, barrio donde transcurren la mayoría de las historias.

Son un conjunto de relatos de ritmos alucinantes que giran sobre los temas centrales que han preocupado al escritor durante toda su obra literaria, y que terminan por configurar una atmósfera de pesadez que impacta el estado de ánimo de los lectores, y los obliga a reflexionar sobre las condiciones en las que se desarrollan las historias.

Por el lenguaje que utiliza al escribir se le asocia con Bukoswky. Sin embargo, él afirma: «No tengo nada que ver con Bukowski. Eso es una etiqueta que inventan los editores para vender libros. Él era un tipo pesimista, pesado, borracho, con una forma de comportamiento absurda. Mis personajes no son tan derrotistas como los suyos; son gente luchadora y fuerte. Además, Bukowski pasaba meses sin una mujer; mis personajes, en cambio, suelen tener muchas».

El ritmo trepidante de su prosa, la exageración y la forma de narrar tal vez lo acerque más a Henri Miller, sin embargo su propuesta narrativa es singular, original. Se puede percibir en el ritmo asfixiante, la intensidad que mantiene a lo largo de sus relatos. Su narrativa está trabajada con un lenguaje desenfadado, una manera de contar que corta la respiración, que ahoga al lector, que lo paraliza y lo sumerge en una especie de concha babosa y asquerosa.

Sus detractores lo catalogan de pornográfico, repetitivo. Según ellos, en sus historias hay muchas pingas, tetas y culos y faltan metáforas. El desaparecido Roberto Bolaño llegó a calificarlo de Prometeo sexual desencadenado, sin negar la capacidad y el uso de la imaginación que tiene el cubano a la hora de contar historias.

Es un autor polémico que se atrevió a escribir sobre sus fantasmas. Saco valor para enfrentarse a sus monstruos interiores, exorcizarlos, vencerlos a fuerza de coraje como lo hacen sus personajes, seres marginales acostumbrados a las penurias, a los tormentos pero con una capacidad de resiliencia que se impone.

En el Rey de la Habana, el protagonista se roba un pollo vivo y decide asarlo a la orilla de la playa, no tiene nada más, va a un kiosko a buscar un poco de sal, y el dependiente se da cuenta del esfuerzo de aquel vagabundo, y decide regalarle sal, salsa de tomate, mostaza, y ayudarlo a hacer el fuego para el asado.

Desde esa perspectiva la narrativa del cubano es el canto épico a un pueblo que sobrevive a las adversidades, a las necesidades que impone un bloqueo comercial que viola todos los principios del libre comercio.

Los personajes de sus relatos son seres humanos normales y corrientes, pero sometidos a las privaciones de la marginalidad, al mundo sórdido y obscuro. “No me interesa el lado bonito y simpático de la gente, el que todos mostramos satisfechos y sonrientes. No. Me interesa indagar en las crispaciones, los remordimientos, las tormentas, lo inexplicable, los callejones sin salida donde nos metemos sin saber por qué. Es decir, lo que todos ocultamos. Creo que el lado oscuro revela más que el lado luminoso.»

Al margen de las críticas contra Pedro Juan, su trabajo narrativo es uno de los más singulares, y originales de la cuba actual. Sus detractores no niegan la capacidad de ficcional, y el buen uso de la anécdota en sus relatos, la inventiva y esa capacidad de sorprender al lector, de agarrarlo por el cuello, y soltarlo despacio en un túnel inmundo donde el asombro deja de ser lo que era.

Más allá de la generalización del realismo sucio su obra narrativa tiene características propias: sus relatos son autobiográficos, la ficción se ubica en un espacio de tiempo real, usa la ciudad como una gran metáfora para reconciliarse con su entorno psicosocial, expresa el erotismo muy singular del hombre latinoamericano. Todas sus historias mantienen el sexo como uno de los ejes principales, sus novelas parecen un maratón de decatlón sexual, con su alter ego como protagonista.

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Cuentista, columnista y político venezolano.

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