Los retos del Derecho Penal. Por Winston Oraa

Por redaccionnyl el 13/04/2020

El abogado penalista venezolano Winston Oraa analiza a continuación cuáles son los retos del Derecho Penal en el continente americano.

Hace especial énfasis en la necesidad de pasar a un sistema acusatorio en el que las partes presenten sus alegatos oralmente ante un juez.

Los retos del Derecho Penal

Por Winston Oraa

Nuestros sistemas de justicia han de ser objeto de una serio análisis y en muchos casos exigen un cambio radical, pues contemplan aún disposiciones anacrónicas que deben ser execradas de los códigos adjetivos y sustantivos.

Sin entrar en el análisis del tema venezolano, cabe destacar que la práctica o litigio en esa jurisdicción, implica sin duda el desempeño de mayor riesgo tanto para los operadores de justicia como para los abogados; no obstante, en el continente americano resulta habitual observar prácticas equívocas en la aplicación de los principios básicos.

Desde la era colonial en nuestro continente, la herencia europea dejó marcada sus huellas con la aplicación del sistema inquisitivo que sirvió de modelo hasta hace pocos años.

Luego de diversos ensayos y reformas, hemos llegado a implementar el sistema acusatorio en casi todos los países de la región, recientemente en Mexico entró en vigencia al igual que en Honduras y Panamá, existiendo en esta última dos Cortes Penales para viejas y nuevas causas, en el caso de Colombia, ya implementado, aún los jueces que depuran los procesos en la fase intermedia son los mismos que deciden contraviniendo principios básicos del sistema acusatorio, lo que a todas luces produce la contaminación del juzgador antes del debate Oral y Público. Más criticable aún resulta el tema en Venezuela donde volvimos al sistema escrito e inquisitivo aún cuando muchos de sus operadores opinen lo contrario.
En lo particular abogo aún por el sistema acusatorio, no obstante, percibo en el dos grandes rasgos que impiden su implementación certera en Iberoamérica, no me refiero a su contenido técnico-jurídico, por el contrario, provienen o dimanan de la conducta de los anglosajones y por consiguiente los angloamericanos.

De manera sinóptica puedo indicar que tanto en Inglaterra como en EEUU, y este sería el primer elemento, los ciudadanos al momento de ser llamados para la conformación de un jurado están siempre prestos a tan honrosa misión, la complejidad radica mas en el tecnicismo para su selección que en la disposición del pueblo para constituirlo.

El otro rasgo viene dado por la buena fe y por la credibilidad que inspiran sus operadores, razón por la cual es común escuchar: ¨Los americanos están satisfechos con su sistema de justicia¨ y esto se aprecia en el respeto que se acredita y demuestran a jueces, Jurado, fiscales, policías y expertos.
En Iberoamérica somos a extremo críticos y poco prestos a contribuir con el deber que implica administrar justicia, nadie quiere ser parte de un jurado, menos aún declarar como testigo pese a la sanción que la negativa involucra.

Debemos entender que ellos son pragmáticos y nosotros racionalistas, para ellos las reglas y la práctica reiterada constituyen un postulado, mientras que para nosotros solo la Ley podría serlo.

La religión ha jugado un papel trascendental en la formación de nuestros pueblos, especialmente en la concepción e interpretación de la culpa y el castigo.

Durante mas de 10 años he dedicado parte de mi tiempo a la defensa del sistema acusatorio, promoviendo, patrocinando y participando en el entrenamiento para abogados, jueces y fiscales de todo el continente, lo cual me ha permitido entender y conocer las prácticas y los vicios en los que incurrimos con la implementación del modelo acusatorio.

Se aproximan cambios extraordinarios en los próximos años, vendrán nuevas corrientes que darán nuevo contenido a los valores con los que la sociedad actual se ha educado, ya los conceptos de estado, de género y de religión entre otros, serán renovados o suprimidos al igual que muchas de sus instituciones, para bien o para mal el cambio es inminente.

La pena como consecuencia jurídica que al delito sigue ha de ser evidentemente reestructurada, para evitar que con el abuso del Poder Punitivo del Estado, sigan los gobiernos formando en las putrefactas cárceles del continente, delincuentes profesionales provenientes de procesos injustos o caprichosos que tiene por materia prima en muchos casos inocentes o luchadores políticos.

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