Los poemas de Ana Ajmátova que toda mujer independiente debe leer

Por María Beatriz D'Andrea el 18/01/2019

A través de los poemas de Ana Ajmátova se puede viajar en el tiempo hacia la realidad que vivió esta poeta. Refleja su vida y sus pensamientos que causaron polémica en su época por revelar poéticamente lo prohibido.

Fue una poeta rusa que nació en el año 1889 que se dedicó a estudiar latín, historia y literatura. Nikolái Gumiliov fue su esposo en 1910 con el cual viajó por Francia e Italia.

Esta poeta fue considerada una lectora incansable ya que parte de su tiempo lo dedicaba a leer Dante, Baudelaire, Horacio y Shakespeare.

En un momento de su vida se vieron prohibidos sus poemas y resultó deportada por el régimen soviético acusada de traición.

En el año 1944 vuelve a su nación y crea su obra «Requiem» considerada la más importante de su legado. Tal escrito fue publicado para el año 1963 siendo en 1965 nombrada Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford.

Para el año 1966 fallece en Moscú dejando su última obra llamada «El correr del tiempo». Esta muestra una trayectoria balanceada de su vida entre los años 1910 y 1965.

A continuación te traemos cinco de sus poemas más conocidos que te transportarán a lo más profundo de su mente.

1. «Cuando escuches el trueno me recordarás…»

Cuando escuches el trueno me recordarás
Y tal vez pienses que amaba la tormenta…
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
Y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

Esto sucederá un día en Moscú
Cuando abandone la ciudad para siempre
Y me precipite hacia el puerto deseado
Dejando entre ustedes apenas mi sombra.

2. «El poeta»

Piensas que esto trabajo, esta vida despreocupada
Escuchar a la música algo y decirlo tuyo como si nada.
Y el ajeno scherzo juguetón meterlo en versos mañosos
Jurar que el pobre corazón gime en campos luminosos.
Y escucharle al bosque alguna cosa y a los pinos taciturnos ver
Mientras la cortina brumosa de niebla se alza por doquier.
Tomo lejos o a mi vera, sin sentir culpa a mi turno
Un poco de la vida artera y el resto al silencio nocturno.

3. «Cuando la luna es de melón…»

Cuando la luna es de melón una tajada en la ventana
Y en redor es la calina cerrada la puerta y la casa encantada
Por las azules ramas de glicinas y en la fuente de arcilla hay agua fría
Y la nieve del paño y arde una bujía de cera
Tal que en la niñez, mariposas zumban
La calma, que no oye mi palabra, retumba
Entonces de lo negro de rincones rembrandtianos algo se ovilla de pronto
Y se esconde allí a mano, pero no me estremezco, ni me asusto siquiera…
La soledad en sus redes me hizo prisionera
El gato negro el alma me mira, como ojos centenarios
Y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche.

4. «Fragmento»

Me pareció que las llamas de tus ojos
Volarían conmigo hasta el alba.
No pude entender el color,
De tus ojos extraños.
Todo alrededor palpitaba
Nunca supe si eras mi enemigo, o mi amigo,
Y si ahora era invierno o verano.

5. «La musa»

Cuando en la noche oscura espero su llegada,
Se me antoja que todo pende de un hilo.
¿Qué valen los honores, la libertad incluso,
cuando ella acude presta y toca el caramillo?
Mira, ¡ahí viene! Ella se echa a un lado el velo
Y se me queda mirando larga y fijamente. Yo digo:
«¿Has sido tú la que le dictó a Dante las páginas sobre el infierno?»
Y ella responde: «Yo soy aquella.»

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com