Los besos. Por Juan Carlos Onetti

Por redaccionnyl el 27/03/2020

En «Viaje a la ficción», Vargas Llosa define a Juan Carlos Onetti como «el Padrino Oculto de las letras latinoamericanas».

Si bien no tuvo la fama de otros, su aporte la narrativa de esta parte del mundo es innegable.

Aunque lo que escribió fue siempre pesimista y a veces hasta tétrico, siempre pudo imprimir bellezas inesperadas en contextos en lo que otros no se habrían atrevido. Este cuento brevísimo lo demuestra.

Los besos

Los había conocido y extrañado de su madre. Besaba en las dos mejillas o en la mano a toda mujer indiferente que le presentaran, había respetado el rito prostibulario que prohibía unir las bocas; novias, mujeres le habían besado con lenguas en la garganta y se habían detenido sabias y escrupulosas para besarle el miembro. Saliva, calor y deslices, como debe ser.

Después la sorpresiva entrada de la mujer, desconocida, atravesando la herradura de dolientes, esposa e hijos, amigos llorones suspirantes.

Se acercó, impávida, la muy puta, la muy atrevida, para besarle la frialdad de la frente, por encima del borde del ataúd, dejando entre la horizontalidad de las tres arrugas, una pequeña mancha carmín.

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