Los argumentos de Pablo sobre Jesús ante los filósofos griegos en Atenas

Por Verónica Martínez el 01/10/2019

¿Cuáles fueron los argumentos de Pablo para predicar a Jesús ante los filósofos epicúreos y estoicos? El anteriormente llamado Saulo tenía toda la preparación necesaria para propagar el mensaje que alguna vez él mismo quiso borrar de la Tierra.

Tras haber perseguido a los cristianos en Jerusalem para encarcelarlos, Saulo de Tarso terminó aceptando a Jesús como el hijo de Dios y viajó por el mundo para llevar el mensaje de salvación.

Al llegar a Atenas, dicen las escrituras que su interior se irritó al ver cómo la ciudad toda estaba llena de ídolos. Por eso al principio se puso a razonar solo con los judíos en las sinagogas y con otras personas que adoraban al dios verdadero.

Sin embargo, ciertos individios, filósofos de los epicúreso y de los estoicos, buscaron polemizar con Pablo.

«¿Qué es lo que este charlatán viene a contar? Parece que es publicador de deidades extranjeras», decían para que Pablo escuchara.

Saulo de Tarso había sido un estudioso de la ley judía, un erudito alumno de Gamaliel que se preparaba para ser sacerdote. Podía hablar fluidamente en griego y arameo y además era ciudadano romano. Así que cuando los atenienses más ilustres lo interpelaron, el respondió magníficamente.

Hechos de los Apóstoles, del 22 al 31

22 Pablo, de pie en medio del Areópago, dijo: «Atenienses, veo que vosotros sois, por todos los conceptos, los más respetuosos de la divinidad. 23 Pues al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar.24 «El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por manos humanas, 25 ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas. 26 El creó, de un solo principio, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra fijando los tiempos determinados y los límites del lugar donde habían de habitar, 27 con el fin de que buscasen la divinidad, para ver si a tientas la buscaban y la hallaban; por más que no se encuentra lejos de cada uno de nosotros; 28 pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de vosotros: «Porque somos también de su linaje.» 29 «Si somos, pues, del linaje de Dios, no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano. 30 «Dios, pues, pasando por alto los tiempos de la ignorancia, anuncia ahora a los hombres que todos y en todas partes deben convertirse, 31 porque ha fijado el día en que va a juzgar al mundo según justicia, por el hombre que ha destinado, dando a todos una garantía al resucitarlo de entre los muertos.»

¿Quién es el «Dios Desconocido»?

Los griegos tenían 12 dioses principales y muchas deidades menores. Pero también tenían un dios al que llamaban Agnostos Theos (el dios desconocido).

En Atenas había un templo dedicado a esta deidad sobre la que escribieron por ejemplo Apolodoro de Atenas, Filostrato el Joven y Pausanias.

Diogenes Laercio escribió que una vez Atenas fue víctima de una plaga que tenía a sus habitantes en la más honda desesperación. Según la historia, Epiménides soltó un rebaño de ovejas en el Areópago y las liberó con la orden de que cada una fuera sacrificada al dios local del lugar donde se detuviera.

Todas las ovejas se detuvieron en un espacio con dioses menos una -o varias- que se detuvo en un lugar donde no había dios alguno. Así que fue sacrificada al «Dios desconocido».

Con el tiempo allí se levantó un templo a ese dios sin nombre.

Más allá de la evidencia escrita, en el año 1820, un grupo de arqueólogos encontró en el monte Palatino un altar dedicado a este dios.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com