Lo que nunca imaginó saber sobre Steve Irwin, el “Cazador de cocodrilos”

Por Valentina Rausseo el 09/02/2019

El caso de Steve Irwin nunca dejará de ser uno de los acontecimientos más lamentables y curiosos de la historia. El famoso “Cazador de cocodrilos” falleció de la manera más inesperada con respecto al riesgo que corría cada minuto de su vida junto a miles de especies salvajes.

Conócelo


Stephen Robert Irwin nació en Melbourne el 22 de febrero del año 1962. Fue reconocido mundialmente no sólo por sus programas televisivos, sino por venir de una familia netamente ecologista y conservacionista.

Sus padres fueron los fundadores del zoológico de Beerwah, en Australia, en el que Irwin, junto a su esposa Terri, llevaron las riendas y realizaron diversas operaciones durante mucho tiempo.

“The Crocodile Hunter”


Fue una de las series de televisión más vistas por los amantes de la naturaleza. Lo que mostraba Steve en ella estaba muy lejos de lo básico.

Batallaba con leones, tigres, serpientes, especies marinas, reptiles de gran tamaño; en fin, todo parecía indicar que no había limitantes para Irwin, y que era un verdadero amante del peligro.

Muerte


El fallecimiento de este australiano ícono dejó un gran vacío en los corazones no sólo de sus televidentes, también en los de muchas personas que muy poca afinidad tenían con la naturaleza, pero que sin embargo, eran fieles seguidores del “Hunter” por su carisma, simpatía y la energía con la que afrontaba cada reto.

El 4 de septiembre del año 2006 (tenía 44 años de edad) es una fecha que quedará en el recuerdo de todos; fue cuando una raya punzó el corazón de Steve cientos de veces mientras éste se encontraba filmando un documental bajo el agua titulado Ocean’s Deadliest, en

El único testigo, su camarógrafo, pudo grabar la muerte en directo, y cuenta que la raya, por su naturaleza, reaccionó como si se estuviese enfrentando a un tiburón una vez que Irwin se acercó y quedó ubicado a pocos metros.

“Australia ha perdido a un hijo maravilloso y colorido”, fueron las palabras del Primer Ministro para la época, John Howard.

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