Lo que falla en Mute, la nueva propuesta distópica de Netflix

Por Aglaia Berlutti el 02/03/2018

La ciencia ficción se encuentra en medio de un revival que asombra por su fuerza y por las posibles implicaciones que tenga a futuro, sobre todo en la forma en que concibe esa noción sobre lo humano, lo tecnológico y la mera existencia de hombre en mitad de la incertidumbre. Tal vez por ese motivo, Duncan Jones no es un desconocido para el género: Su película “Moon” (2009) sigue siendo considerada una brillante rareza del género y además, un ejercicio de estilo. Con un único actor y en medio de seis escenarios, la visión sobre el horror y el desarraigo de la naturaleza humana en condiciones imposibles, creó una nueva percepción sobre la identidad, el terror espacial en algo más a una fábula moral que a un thriller, sobre los dolores de la soledad, una escalofriante visión sobre el individuo y al final, una inteligente mirada a la búsqueda de ese elemento esencial que nos hace humanos. En conjunto “The Moon” es una mirada a la naturaleza humana desde la periferia, metódica y dura, que resulta en una hipótesis sobre nuestros pequeños temores y sufrimientos colectivos.

La película “The Mute” (2018) transcurre por los mismos derroteros que “Moon” aunque en un planteamiento mucho menos sutil y poderoso. Según el propio director, la obra no fue pensada como una obra de Ciencia Ficción, sino como una recorrido escalofriante por la oscuridad de la mente del hombre. Y es esa salvedad, lo que hace de la película, una tramposa mirada hacia la Ciencia Ficción que resulta insuficiente para sostenerse como un discurso concreto. Porque la historia — con su reconocible aire Noir y sobre todo, su profunda y notoria comprensión de los espacios mentales y emocionales de su personajes — no necesita la Ciencia Ficción — o en todo sus clichés — para desarrollarse. La disparidad provoca un choque de ritmo y enfoque, que analiza y avanza hacía sin mucha coherencia a través de una historia irregular, poco convincente y por momentos, con graves problemas de coherencia. Lo más desconcertante, es el ambiente onírico, hiper tecnificado — la influencia tanto de “Blade Runner” y su secuela son más que evidentes — y la sensación de una distopía no resulta que avanza y se transforma en algo más confuso a medida que la noción sobre el futuro — como contexto — deja de tener importancia. Es evidente que el futuro es una promesa fallida, un lugar peligroso y violento, pero para Jones, esa percepción no parece ser del todo necesaria, útil e incluso definitiva para narrar la historia central. La puesta en escena parece más un telón de fondo que parte intrínseca del argumento y justo es esa contradicción, lo que se convierte en un problema insalvable no sólo a nivel narrativo sino visual. “The Mute” parece avanzar a tropezones en medio de una sofisticada mirada al entorno urbano pero también, en una historia en la que esa misma fastuosidad tiene poca o ninguna importancia. A diferencia de “Moon” y “Source Code” (2011), en las que Duncan Jones elabora una concepción sobre el futuro atractiva e inteligente, “Mute” carece de todo sentido escénico y parece más interesada en deslumbrar que en profundizar en los bemoles de un mundo decadente y roto por una invisible presión interna. Se trata de una combinación poco acertada de un diseño ultra futurista que lastra el sentido real de la historia. Con su tono lúgubre y levemente retorcido, la película es incapaz de unir los extremos que toca con cierta torpeza. Desde la historia Noir hasta la percepción de la criminal como último reducto de la decadencia cultural, “Mute” no logra encontrar su tono y ritmo. O al menos no uno que pueda sostener con facilidad la trama entera.

Lo preocupante de la propuesta, es que parece demostrar que el director perdió su buen pulso para la narración intimista y concisa luego de años de ausencia y después del decepcionante resultado de “Warcraft” (2016), película basada en el juego del mismo nombre y en la que el director, demostró una inesperada torpeza: colosal y vacía, la trama pareció desplomarse en medio de un guión blando y sin mayor estructura lineal. Algo semejante ocurre en “Mute” , en donde Jones parece luchar por la percepción del bien y del mal con una lamentable torpeza y analizar la abstracción de la violencia -ese submundo criminal de un Berlín imaginario — para crear una carga intelectual que el endeble guión no logra sostener. Aunque la película tiene un trasfondo ambicioso y una meticulosa percepción sobre el concepto de lo moral, lo ético y lo difuso entre ambas ideas que maneja con cierta propiedad, no alcanza un punto de vista lo suficientemente firme como para brindar solidez a la historia.

Por supuesto, el guión es el principal problema en una propuesta ambigua que corre a dos bandas en medio de una percepción inaudita sobre lo que sea contar: El argumento no logra sostener ninguna de las vertientes de la historia, sino que además las confunde en una serie de piezas y discusiones dispersas que se entrelazan entre sí para contar la historia del personaje principal sin que en realidad, tenga otro sentido que mostrar a grandes rasgos el Universo que Jones imaginó para su película. Pero el intento es tan corto de miras, que termina convirtiéndose en una batalla perdida entre escenas apenas esbozadas, una línea argumental rota y algo tan lamentable como una percepción moral que apenas se anuncia que carece por completo de sentido.
Para Jones, “Mute” tiene todas las papeletas para ser una redención tardía a la pérdida de su pulso y buen hacer cinematográfico después del fiasco que supuso “Warcraft”. No obstante, el film padece de una lamentable falta de visión sobre lo que desea contar — ¿un thriller futurista intimista? ¿Una percepción de lo moral y lo ético en una distopía que apenas se anuncia? ¿Una simple historia criminal con un trasfondo futurista — y al final, está más interesado en reconvertir el lenguaje visual en algo más que una excusa fastuosa para envolver una trama simple. Tampoco lo logra y es esa percepción entre la poca solidez argumental y una extraña visión lo del entorno, uno de los puntos débiles de la película.

Claro está, la ambición de Jones continúa siendo considerable, por lo que dota a su singular personaje principal de todos los elementos para resultar una curiosidad en el género. Amish, con una severa incapacidad para hablar y además camarero del principal club de streaptease de robots de la ultratecnificada Berlín de 2048, Leo Beller se debate entre el cliché del extraño tímido y fuerte en medio de una búsqueda desesperada y algo más elemental que Jones no lograr mostrar con claridad en pantalla. ¿Es Beller un héroe, una víctima de la circunstancias? ¿Podrá enfrentarse a la fauna de maleantes y crimen organizado que rodea la Berlín distópica? Jones no está interesado en responder preguntas, mucho menos en construir una percepción coherente sobre su personaje, por lo que la trama avanza con torpeza y en ocasiones, en medio de una evidente confusión. La relación de Beller con el resto de los personajes nunca está clara y de hecho, es esa inexplicable colección de giros inexplicables lo que conduce a la película a un final insatisfactorio, poco convincente y tan blando como para destruir cualquier sentido de coherencia del argumento. Además, como si eso no fuera suficiente, “Mute” toca todos los extremos del crimen, el miedo y las relaciones del submundo criminal — o intenta hacerlo, en todo caso — para crear una mezcla incomprensible de estilos y pequeños trozos de información que al final, no encajan en ninguna parte. Desde lo criminal asumido como parte inherente de un futuro caótico hasta incluso una visión sobre los espacios más retorcidos de la mente humana — esa inesperada representación de la pedofilia hacia las últimas escenas de la película que desconcierta por su cualidad cruda — Jones intenta crear un sustrato en el que lo moral se asimila como una versión de la realidad invisible. Pero a pesar de sus buenos intentos para lograrlo, la película no tiene la suficiente solidez como para crear un discurso comprensible sobre tantos hilos y vertientes, combinados a la vez con pulso torpe y en ocasiones blando.

Para Jones, el futuro parece una combinación de cierta tristeza melancólica — la Berlín automatizada tiene mucho de la ciudad de Los Ángeles que Ridley Scott imaginó para su Blade Runner — pero a diferencia de la decadencia del brillo del neón y el ambiente Noir que Scott utilizó como dimensión de la pérdida de humanidad del hombre del futuro, Jones transforma el escenario en una sucesión de escenas radiantes que tienden a emular al caos visual de The Fifth Element (Luc Besson — 1997) pero con mucho menos tino e imaginación. El Berlín futurista tiene un aspecto artificial y sin personalidad que actúa en detrimento de una historia plana y que se debate entre la vaguedad y cierta insustancial mirada hacia una moral abstracta. Autoindulgente, sin que el director se atreva a correr grandes riesgos pero sobre todo, llevando a cuestas la visión sobre lo humano y lo tecnológico sin demasiada capacidad para liberarse de los clichés habituales, “Mute” termina siendo una combinación poco afortunada entre un thriller sin mayor interés y una mirada a un mundo extravagante desprovista de entusiasmo. Un pobre ejercicio de estilo que desmerece el talento indudable de su director.

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