Lo que debes saber sobre «Las edades de Lulú» de Almudena Grandes

Por Aglaia Berlutti el 29/04/2018

Hace unos días, y a raíz de una divertida conversación con mi sis @LatinCosmicGirl, me tropecé de nuevo con el tema del furor que ha desatado la trilogía pretendidamente erótica «50 sombras de Greys». En realidad, resulta sorprendente que en un libro donde el porno es casi infantil y las escenas de sexo parecen creadas para estricta diversión de un público temeroso del erotismo puro y duro, sea tan popular. Pero la verdad es que lo es: leyendo cifras, el libro es uno de los más vendidos de la última década y ha engendrado – no podía ser de otra forma – toda una serie de obras bastardas, de corte seudo erótico, dedicadas a un único segmento lector y con la clara intención de aprovechar el reciente furor por lo «picante».

No obstante, lo que desconcierta – al menos, a mi – es que en medio de toda esta revisión del género, los verdaderos clásicos de la sonrisa vertical, las historias que cimentaron el género erótico hayan quedado poco menos que olvidadas. Y es que sin duda, en medio de todo este «descubrimiento» de lo erótico, lo que ha quedado en evidencia es que la fantasía sexual, ese deseo transgresor y muchas veces perverso, sigue capturando la imaginación del público. El deseo como forma expresión.

Debido a todo lo anterior, decidí entonces hacer una personal recopilación de mis cinco libros eróticos favoritos. Solo por recordar esa obra literaria dedicada al sexo previa a todo el revuelo actual. Y encontré que si bien, el género erótico siempre ha provocado una extraña mezcla de curiosidad y repulsión, ha sido sin duda ese poder de evocación, lo que ha brindado al género – y sus principales representantes – una poderosa capacidad de renovar la literatura a su antojo. Tal vez se deba a ese elemento transformador de la lujuria o quién sabe, a esa inocente atracción que todos sentimos por lo prohibido. El placer de pecar.

Y el primer libro que escogí para esta pequeña lista, es uno de los más pasionales – y quizá crudos, en su planteamiento – que he leído: Las edades de Lulú, de Almudena Grandes.

Todas las edades de Eva y el sexo en el entreacto

Leí por primera vez «Las edades de Lulú» siendo una adolescente y tal vez por ese motivo, comprendí la historia de una manera distinta a como podría haberlo hecho siendo adulta. El hecho es que la novela tiene un ritmo propio y este es sin duda, su gran triunfo: Porque Almudena Grandes no se limita a contar la agitada vida sexual de una niña – mujer insatisfecha, si no que la dota de una profunda humanidad que desconcierta por su realismo. La «Lulú» de Grandes es sin duda un personaje complejo, profundamente crudo y cercano, lleno de una variedad asombrosa de matices: Resulta casi imposible no identificarse con su dolor, su angustia, su pasión, su curiosidad, su simple tristeza. A lo largo de la historia Lulu no solo construye su propia historia ( a través de la experiencia sexual como eje central de esa visión descarnada visión suya del mundo ) si no que también, logra brindar un sentido casi lírico a ese sufrimiento de piel, de deseo y de temor que resulta sin duda lo más llamativo en toda su historia.

Almudena Grandes, con su primera novela, logra lo que a muchos escritores le lleva décadas de ensayo: un personaje que evoluciona y crea su propia visión del mundo a partir de la experiencia. La narración, no obstante de estar llena de escenas de sexo explicito, no pierde esa singular capacidad de elaborar un discurso consistente, una idea concreta sobre esta niña que se convierte en mujer, siempre al borde de la lujuria. La niña Lulú, la colegiala que descubre el sexo casi por accidente, irá creciendo y descubriendo todas las dimensiones del sexo, la lujuria, el deseo, la necesidad sexual pura y cruda. Y es que Almudena Grandes no deja de sorprender capitulo a capitulo. Su novela parece rozar siempre ese pequeño limite entre lo provocador y la obsceno, sin rebasar jamás la medida de ese sexo de palabras, ese placer gozoso de la descripción minuciosa del sexo como expresión salvaje, humana, natural de los deseos más intimos. Tal vez si algo amenaza esa unidad temática de la novela es ese discurso existencialista insistente, presente incluso en los momentos más duros. Porque para Almudena Grandes, el sexo solo es sexo, sin duda, pero también una manera de mirar la vida, su propia circunstancia y más allá de eso, la simplicidad de eso intangible que llamamos realidad.

Sorprende, sin duda, esa visión del sexo de la escritora, que empuja a su personaje al límite mismo de la moralidad, la legalidad y su propia dignidad. No obstante, quizá sea esa necesidad de expresar la lujuria como un elemento visceral, sin control, lo que convierte a la historia en inolvidable. Esa salvaje necesidad de comprender el poder de la piel, del cuerpo, del deseo, a través de la simple expiación.

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Bruja y hereje. A veces grosera y quizá demente. Fotógrafa por pasión, amante de las palabras por convicción. Firme creyente en el poder del pensamiento libre.

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