Lo bueno, lo malo y lo feo de la tercera temporada de True Detective

Por Aglaia Berlutti el 21/01/2019

La tercera temporada de True Detective (Nic Pizzolatto para HBO) tardó en llegar a la pantalla chica lo suficiente como para que la discusión sobre su segunda temporada se convirtiera en algo más.

En realidad, el debate sobre lo que resultó un experimento extravagante (fallido o exitoso, según se le mire) continuó hasta que encontró un único cauce: ¿Pizzolatto volvería a intentar un ejercicio de pura transgresión como fue la continuación de la brillante primera temporada o haría algo nuevo? La incógnita estaba allí desde hace más de tres años y siguió abriendo el debate entre los fanáticos durante buena parte del 2018, cuando finalmente se dio luz verde a la esperada — y temida — tercera temporada. ¿Qué podríamos esperar para la continuación de una historia difícil de clasificar? HBO ni tampoco los productores estuvieron muy interesados en aclararlos. Después de todo, incluso definir la propia serie es una confusa reconversión del género: No se trata de una antología, tampoco un procedimental al uso. Mucho menos, capítulos episódicos que crean o sustentan una historia lejanamente relacionada. En realidad “True Detective” juega con la expectativa y la incertidumbre. No lo hace solo con sus extrañisimas tramas y complejos puntos de vista, sino también con la percepción de la historia como un todo único que se completa a medida que transcurre la acción, aunque no sea de manera evidente. De modo que la tercera temporada tenía la complicada misión de zanjar las dudas o al menos, aclarar la naturaleza de la en ocasiones, controvertida identidad de la serie.

No lo logra. Tal vez se deba a que la intención de Pizzolatto, no es en absoluto analizar lo que la serie es, sino más bien el origen argumental de lo que sostiene cada argumento por separado, lo que la tercera temporada — al menos en los dos capítulos estrenados — deja muy claro. La serie vuelve a un ritmo lento, mesurado y por momentos tenebroso, mientras cuenta la historia de la desaparición de dos niños. Pero como en la primera temporada, Pizzolatto apela a cierta oscuridad al margen para narrar lo que en realidad, no está incluido en la historia. Esa es la primera gran semejanza y a la vez, diferencia de la temporada que recién comienza con las anteriores. Para la ocasión, el productor y showrunner crean una atmósfera tensa que evade las explicaciones sencillas: las capas de información se superponen unas a otra y mientras el argumento rodea y reflexiona sobre el misterio central, también elabora conjeturas inquietantes sobre lo que ocurre fuera de cámara. ¿Es sobrenatural lo que cuenta “True detective” en cualquiera de sus temporadas? La pregunta es tramposa pero también tiene un firme componente de análisis sobre la realidad y las líneas que se tocan en lo tangible. En su tercera temporada, la serie profundiza en la premisa y prosigue el tono lóbrego de un tipo de terror devastado por lo cotidiano y lo vulgar.

También, como en las anteriores temporadas, “True Detective” no se prodiga en explicaciones inmediatas y se toma un considerable tiempo en observar a sus personajes con una atención crítica espeluznante. El juego y alternativas de argumento en esta ocasión funciona sólo porque la superposición temporal juega en favor de la noción del miedo. A medida que avanzan los capítulos, la serie establece el ritmo de la narración, pero también, se apresura a acelerarlo en momentos claves. Un acierto que permite que el pulso de Pizzolatto (que en la Segunda temporada alargó de manera innecesaria más de un capítulo), pueda seguir el recorrido mental de las criaturas de su Universo. ¿Que gana “True Detective” con esta nueva percepción del tiempo? En realidad no se trata de lo que adquiere sino más bien, de lo que consigue al contar una historia en dos perspectivas distintas destinadas a colisionar. El juego de la memoria y los fragmentos de información desperdigados no parecen tener otro objetivo que crear una maraña de datos tan amplio como engañoso. Como si se tratara de una pieza resquebrajada de un objeto de forma dudosa, la tercera temporada de “True detective” obliga al espectador a seguir los hilos narrativos con cuidado, pero a la vez, no ofrece los suficientes datos como para crear una respuesta concreta a lo que insinúa. El equilibrio entre ambas cosas, crea y sostiene una tensión interna casi insoportable que la serie explota con cuidado y mano diestra.

Para Pizzolatto, parece de enorme importancia analizar la norteamérica profunda. Lo hace con una comedida capacidad para absorber los rasgos de la idiosincrasia del blanco empobrecido del corazón del país y lo convierte en una idea mucho más compleja. Hay algo de frialdad hostil, en la forma como la cámara recorre el pueblo de Arkansas en dónde ocurre la acción. Las fachadas derruidas de las casas y fábricas, la inmensidad destartalada que rodea las calles, brindan un innegable aire de pura desolación a la mera idea del miedo. Para el primer capítulo, ya Pizzolatto dejó claro que el pueblo pequeño testigo de la tragedia es en sí mismo, un diorama de cierto mal aprensivo y doloroso. Los niños desaparecidos son parte de una familia rota de origen y también, parte de un pueblo que no parece en especial preocupado por lo ocurrido. Pero más allá de eso, la consciencia de lo que ocurrió — o mejor dicho, ocurrirá — se manifiesta en pequeños retazos inquietantes. Muñecas de aspecto primitiva cuelgan en el lugar del crimen y en medio del apacible bosque, reina un tenebroso silencio inexplicable. Como si eso no fuera suficiente, Pizzolatto muestra las aristas de un secreto vergonzoso. El pueblo entero calla pero todavía no sabemos que lo hace callar y mucho menos, qué es lo que no desea mostrar.

La multiplicidad de épocas y planos temporales de la primera temporada de “True Detective” se repite de nuevo. No obstante en esta oportunidad, la percepción sobre los datos que agrega cada escena en diferentes momentos de la historia es mucho más abierta y simple que la críptica temporada debut, que asombró a crítica y público con su extrañísima puesta en escena y la combinación acertada de elementos de contexto. Para la ocasión, Pizzolatto prescindió de los revelados rojizos y los planos interminables, por largas escenas pesarosas envueltas en una paleta de colores heladas. Esta vez, “True Detective” convierte al silencio en una idea esfinge, en la que puede reflejarse todo tipo de obsesiones y temores. Para el productor, su historia es un cúmulo de ideas que se sobreponen unas a otras sin terminar de completarse entre sí, lo que brinda la sensación que el argumento está incompleto o en el mejor de los casos, elabora un discurso escindido que no termina de ser del todo convincente, al menos en los primeros capítulos. Con su saltos de escenario entre 1980, 1990 y 2015, los escenarios se transforman en pequeñas puestas en escenas que fluyen entre sí para formar y sostener la historia como unidad. Funciona, en medio de la comprensión de “True Detective” como una mirada hacia la contención y la obsesión. Aún así, hay toda una reflexión inherente al tiempo que ya conocíamos a partir de las dos temporadas previas, pero que esta vez opta por una forma más sencilla de manifestarse.

La serie “True Detective” siempre ha sabido manejar lo en apariencia sobrenatural con una sutileza pesarosa que en esta ocasión, se reviste de un pesimismo casi nihilista. La serie deja claro que cada evento que ocurre dentro de la trama, demuestran el caos, pero también algo más ingenioso que podría traducirse como el mal en estado puro. ¿Que intenta demostrar “True Detective” cuando mira hacia a frontera del absurdo? Las escenas avanzan a ritmo pausado y lo que sea que amenace al otro lado de la historia se encuentra tan cercano que es casi perceptible. Entre tanto, el padre de los niños desaparecidos desciende a la desesperación de una manera muy humana, la madre muestra su rencor, los detectives avanzan a ciegas en un equipo imposible de definir a primera vista. Lo oscuro y lo malvado acecha — la serie no permite otra interpretación de la maldad sugerida — pero a la vez, también una desesperación tan profunda que se cristaliza en lentos planos secuencia que siguen a los personajes de un lado a otro casi en tono pesaroso. Las vidas de cada uno se desploman con lentitud y en medio de la tragedia que deben soportar, se insinúa algo más doloroso: la ausencia de todo sentido y motivo.

Para la ocasión, Pizzolatto dedica especial atención a sólo uno de sus personajes: el Wayne Hays de Mahershala Ali tiene un peso profundo y humano que el actor pondera con una inteligencia emocional asombrosa. Wayne no es sólo el punto de unión entre los planos temporales paralelos, sino que a través de sus ojos, seguimos el desarrollo del caso al que se enfrenta. Pizzolatto aprovecha la sensibilidad del actor para dotar a su personaje de todo tipo de matices inesperados: Tanto como el tímido anciano de las primeras escenas, como el pensativo detective en su juventud, Wayne tiene la distancia emocional de un hombre herido pero también una sagacidad misteriosa que le hace ser el centro neurálgico de una historia que utiliza a su personaje como eslabón en medio de tres acciones distintas, que eventualmente, se unirán en algo revelación concreta. Por ahora, el personaje transita tres vías distintas sobre la mirada subjetiva sobre el horror y lo hace con una cuidada y dura precisión que envuelve al personaje en un aire enigmático. Como ojos y voz de una historia a fragmentos, Wayne es la referencia inmediata del futuro y también del pasado. El presente, difuso y poco concreto, parece enlazarse en algo más angustioso y perverso.

La tercera temporada de “True Detective” está basada en errores. Y resulta cuando menos desconcertante que justo sean los errores de la anterior, los que acentúan los errores y también las virtudes de la actual. Mientras que en la irregular y por momentos caótica segunda temporada Pizzolatto parecía más preocupado por la forma que en el guión, ahora ocurre exactamente lo contrario. Hay un aire afligido, impecable y brillante en los diálogos sobrios. La cámara persigue con lentitud casi solemne el recorrido de los detectives, pero también husmea entre los entresijos del pueblo. Arkansas tiene un aspecto rudimentario y destartalado, lo que hace que esa propensión casi obsesiva por el cuidado visual sea más evidente por contraste. Mientras Wayne examina su trabajo en el futuro, el pasado tiene un tinte casi traslúcido en su elocuencia callada. Todo un logro que Pizzolatto logra a través de una tensión sugerida que jamás se muestra del todo.

Como era de esperarse, hay algo sórdido bajo la historia y lo hay, porque el crimen cometido no es comprensible, lógico o mucho menos, comprensible a simple vista. La ilusión del tiempo que deambula de un lugar a otro. Wayne podría estar recordando o sólo imaginando lo que ocurrió treinta años atrás, pero aún el argumento no lo deja claro. Claro está, que el hecho que el personaje deba confrontar su pasado, hace que la acción sea más firme y elaborada de lo que podría ser sólo la intención del recuerdo. Pero Wayne debe mirar a la cámara y al entrevistador, obligarse a brindar coherencia a las imágenes en su mente. Y esa línea dura — el repetir, recordar, reconsiderar — lo que es en realidad el núcleo de una historia huidiza, planteada desde el atisbo de una mirada al interior de un personaje complejo. Resulta quizás el punto de la temporada, que Ali sea un actor con tantos recursos, como para sostener los baches eventuales de guión (que existen) y que la sola amplitud del espectro emocional de su personaje permita hacer conjeturas sobre lo que ocurrirá. Ya sea como el joven obsesivo que sigue el rastro de dos niños desaparecidos en el bosque o el anciano aferrado a su poltrona (asombrosa la caracterización del actor como un anciano), la historia de “True Detective” transcurre con fluidez y a la vez, un tino consistente que sostiene su ritmo y contundencia. Todo un alivio para quienes aguardaban el regreso con cierta indiferencia.

Todo esto y mucho más está aquí en True Detective Season 3. Si te encanta ver este tipo de variables de control, vístete con nuevos y divertidos trajes y pelucas contra nuevas vistas desoladas y sugerentes, disfrutarás el tercer movimiento de Pizzolatto. Si estás buscando una serie de crímenes para reinventar su género, o algo tan salvaje y sin disculpas como la Temporada 2, podrías sentirte decepcionado y decidir volver a los shows de policías europeos más fascinantes e increíbles en tu plataforma de transmisión favorita.

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