Sociedad Juliette de Sasha Grey, un libro que desnuda la hipocresía del mundo

Por Aglaia Berlutti el 02/01/2016

De pornografía se habla en voz baja. Muy bajita. Nadie quiere admitir que el sexo crudo y puro vende, asombra y seduce. Pero lo hace claro. En un mundo obsesionado por el secreto de la piel y el gemido, la pornografía resulta muy tentadora. Pero hablemos además, que la mujer en el mundo pornográfico es un estereotipo, una especie de fantasía muy estirada, consumible. Grandes pechos e insaciable.

La visión más insultante sobre la feminidad que la cultura puede mostrar. De manera que Sasha Grey, en todo su desparpajo e inteligencia, asombra y contradice, por partida doble, esa visión del sexo evidente y del morbo sin sustancia. Porque fue una actriz porno – y una de las más exitosas – pero también es una mujer inteligente, culta, con un gran sentido del humor y que se atrevió a cruzar la linea imaginaria entre el mundo secreto del porno y el real, el hipócrita. Y es que para Sasha Grey la visión del mundo parece ser la del escándalo, la de sorprender y asumir la idea de si misma más allá del cualquier esquema. Un triunfo de valor cultural, claro está.

Por ese motivo, cuando escuché que publicaría un libro erótico – Tenía que ser erótico, ¿que otro tema podría tocar con su sonrisa medio torcida y la chispa traviesa en los ojos – me pregunté que historia contaría. ¿Se decantaría por lo simple? ¿Narraría sus aventuras dentro de una industria millonaria que representa una visión del sexo que asusta a la gran mayoría pero que no es ajena para nadie? ¿Nos hablaría sobre ella, mito en el mundo escandaloso del sexo por el sexo? Fiel a su naturaleza controversial, Sasha decidió transitar el camino intermedio entre todo eso, y el resultado es una novela que no decepciona pero tampoco sorprende: y es que «Sociedad Juliette» parece pendular entre lo obvio y lo aparente, lo que sugiere y lo que muestra, en un juego de espejos que Grey no maneja con mucha habilidad pero al que consigue dotar de un indudable ingenio.

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Porque sin duda «Sociedad Juliette» es una novela erótica, pero también una crítica sutil hacia el poder, el sexo y las intricadas relaciones entre ambas cosas. Pero también es una mirada a la cultura obsesionada con la sexualidad, el deseo y el misterio del deseo. La autora intenta, quizás con un poco de torpeza, mostrar el sexo como parte de esa visión amplia sobre una sociedad que hipócrita, que no admite sus vicios pero enaltece virtudes inexistentes en un juego de palabras y símbolos que no resulta del todo efectivo. Y es que Grey, con el buen pulso de la lectora devota que es, intenta abarcar la cultura, lo social, lo intimo, lo privado y lo público – y siempre el sexo, claro, en el centro, como un motivo de inestimable valor para todo – en una historia que no se sostiene por si misma. La novela peca de endeble y eso, puede perdonarse, en una narración menos ambiciosa pero en esta, tan directa, que se toma tan en serio así misma, es lamentable. Lo que se cuenta parece desbordar a lo que se sugiere y entre ambas ideas, parece sobrevivir a duras penas esa necesidad de analizar la crudeza del sexo como una interpretación de la simple naturaleza humana.

A la novela de pretenciosa, por el cúmulo de referencias cinéfilas y literarias que la autora utiliza y que brinda una idea de la intima visión de la pluma que escribe y su interpretación del mundo. Yo no creo que lo sea: simplemente para Grey, el existencialismo tiene mucho de visión de lo que se crea, lo que se construye, lo que se analiza más allá de la mera idea en su estado puro. La cultura como reflejo, la sociedad como una serie de valores a medio construir. Y el sexo, el desenfreno, el deseo, como punto de unión entre todas las interpretaciones de lo que es – o no – lo esencialmente humano, lo primitivo. Pero aún, no es una novela que necesite reflexionar demasiado sobre nada: No pretende serlo y quizás ese es su mayor logro. Grey no disimula su necesidad de escandalizar, de forzar la barra de lo que se asume visible y consumible: porque «La Sociedad Juliette» entretiene, divaga sobre la sexualidad como fantasia, Pero el sexo siempre será sexo y la autora lo deja bien claro. Con una ironía evidente y una frescura que se agradece, Sasha Grey asume el pleno poder de su sexualidad como vehículo de expresión y se entrega a sus propias ideas sobre el tema con toda libertad. Además, Grey añade a la novela erótica – al género, en realidad – un ingrediente de realidad que tal vez le devuelve su poder de evocación, su dureza: esta no es una novela romántica, ni tampoco una aspiración burguesa del sexo que se convierte el amor. Casi puedo imaginar a Sasha Grey sonriendo, toda malicia, mientras su novela parece transgredir esa última frontera entre la realidad y al fantasia y dejar bien claro, que en el mundo real, los finales felices no existen.

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Bruja y hereje. A veces grosera y quizá demente. Fotógrafa por pasión, amante de las palabras por convicción. Firme creyente en el poder del pensamiento libre.

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