Por qué leer la novela «El Terror» de Dan Simmons antes de ver la serie

Por Aglaia Berlutti el 03/04/2018

El escritor, mitólogo y profesor Joseph Campbell solía decir que todas las historias son una misma idea, reorganizada en facetas y fragmentos distintas, pero al fin al cabo, la misma. El género del terror parece demostrarlo: a pesar que se encuentra siempre en perpetua revisión, tal pareciera que siempre parece analizar las mismas cuestiones, los mismos recovecos de la imaginación y la oscuridad interior que sublima como metáfora de la identidad colectiva. Hay algo definitivamente poderoso en la manera como el miedo se manifiesta una y otra vez en historias muy similares entre sí, pero que aún así, analizan la psiquis del hombre, el futuro y el presente como una percepción sobre la incertidumbre. Quizás por esa razón, el género siempre tiene algo nuevo que decir, aunque parezca que todo está dicho. Aunque todas las historias terroríficas parezcan relacionadas entre sí. Una mirada a la oscuridad del corazón del hombre.

El escritor Dan Simmons lo sabe: hace unos años, insistió que escribir sobre el miedo “es regresar al origen de todas las cosas”. Un pensamiento engañosamente sencillo que elabora un concepto mucho más complejo sobre lo que el miedo literario puede ser. No es casual que al escritor suele llamársele “un hombre discreto”. Este profesor de literatura y redacción insiste en mirarse así mismo desde una perspectiva sencilla y cotidiana. Impartió clases durante dieciocho años en la misma pequeña escuela Rural donde comenzó como joven egresado de la Universidad Washington de San Luis (Missouri) y escribía a escondidas , con ese mítico afán por crear que suele ser común en todos los escritores de su generación, durante las madrugadas. Hombre de rutinas, no fue hasta el rotundo éxito de Hyperion en 1989 que decidió dedicarse a la escritura a tiempo completo. Aún así, siguió siendo una figura meridional, desdibujada. Un hombre que parece ocultarse detrás de su obra y sentirse cómodo con ese anonimato a medias, desdibujado entre un improbable reconocimiento que insiste en no merecer. Y es que Simmons, es un escritor obsesionado con la realidad, la normalidad y lo evidente…y lo que parece ocultarse más allá.

En una ocasión, se le preguntó a Simmons el motivo por el cual, todas sus novelas se desarrollaban en apacibles paisajes desdibujados, en escenarios vulgares que de pronto, se construían para acoger intrincadas e inquietantes historias de terror puro. “El Terror está en todas partes, es inherente al hombre y como comprende el mundo que le rodea. Lo que realmente nos asusta es en ocasiones invisible, un elemento cotidiano…hasta que deja de serlo”. El comentario pareció resumir no sólo la original visión del terror del autor sino también, esa insistencia de dotar a todas sus historias de una solidez casi elemental. Porque para Simmons la realidad es sólo una apariencia quebradiza, un elemento siempre acechado por el peligro, lo temible y lo directamente inquietante. Un Universo que se plantea desde la perspectiva de lo que puede o no existir y sobre todo, sobre la presunción de lo que puede ocultarse en esa imagen idílica a medio construir, de la realidad.

Y en su novela “El Terror” donde ese juego de luces y sombras se hace más evidente y sobre todo, más profundo en sus implicaciones. El argumento, que se basa en la desaparición del buque de la Armada británica HMS Terror y HMS Erebus al mando del comandante Sir John Franklin yuxtapone la realidad sobre una interpretación terrorífica sobre lo que pudo haber ocurrido en uno de los episodios más desconcertantes de la historia naval de Inglaterra. Porque no sólo se trata de la construcción de la ficción sobre los hechos reales que rodearon a los buques perdidos, sino también, la capacidad de Simmons para recrear una tragedia real sobre la hipótesis del horror. Una combinación de elementos que sustentan no sólo una trama agil e inteligente, sino que reinventan el concepto de terror a un nuevo límite. El misterio como origen de lo que podría ser una fantasía morbosa que se mezcla con nuestra percepción de lo desconocido.

Además, los singulares hechos que rodean a la desaparición de ambos buques, sirven de telón de fondo para una percepción inquietante sobre los limites de la realidad y lo que realmente pudo haber ocurrido: La diminuta flotilla parte desde Inglaterra con la misión de explorar el último paso del tramo del Paso del Noreste, ubicado en el Ártico Canadiense y que según se presumía en la época, podía conectar los océanos Atlántico y Pacífico a través del borde y frontera de la la masa continental de América del Norte. Los buques, que no presentaron desperfecto alguno al momento de zarpar, fueron avistados por última vez en Agosto de 1845. Luego, parecieron desaparecer por completo sin que se conozca, aún en la actualidad, el menor detalle sobre lo que pudo haber ocurrido.

Simmons reconstruye la circunstancia no sólo desde el punto de vista del narrador, sino también del testigo y quizás por allí, radique su triunfo en construir un contexto creíble en un argumento que subyace mezclado con los temores de la época en la cual ocurrió el extraño suceso. Y es que para Inglaterra, la desaparición de los buques, supuso un golpe moral que le llevó años superar: por años se enviaron expediciones en busca de vestigios de lo que podría haber ocurrido con los barcos y tripulaciones. Lo que hallaron, en si mismo, es casi tan terrorífico como lo que la imaginación de Simmons reconstruye a partir de lo evidente: Cadáveres decapitados, tumbas escavadas con evidente premura diseminadas a lo largo de la ruta, objetos rotos y detrozados, en algunas ocasiones aplastados por lo que parecía un ataque de fuerza inaudita y lo que resultó abrumador e incomprensible para la sociedad victoriana de la época: huesos humanos destrozados por herramientas metálicas, cubiertos de marcas y evidencias que mostraban la posibilidad que los sobrevivientes a lo que sea que hubiese ocurrido con ambos buques que podían significar habían recurrido al canibalismo para sobrevivir.

La idea sacudió a la muy conservadora Inglaterra del siglo XIX. Por años, se debatió sobre la verosimilitud de los descubrimientos y también, sobre las aterradoras conclusiones que varios grupos de expertos médicos llegaron con respecto a los cadáveres hallados. Personajes ilustres de la sociedad y de la cultura de la época, defendieron vivamente lo que llamaron “La honorabilidad a toda prueba” de los hombres al servicio de la Corona. Incluso el escritor Charles Dickens, escribió un apasionado panegírico, insistiendo en que la memoria de la fallecida tripulación debía ser exaltada en lugar de criticada por pruebas “sin sentido y mucho menos, carentes de verdadera moral”. Finalmente, las investigaciones fueron descartadas y la desaparición de ambos buques fue catalogada como “un accidente maritimo de gravísimas consecuencias”. No obstante, los rumores y comentarios sobre lo que podía haber ocurrido siguieron formando parte de la memoria colectiva para luego convertirse en una historia de terror por derecho propio en la cultura inglesa.

Dan Simmons recopila los detalles y no sólo construye una estupenda, profunda y cruda novela de terror, sino que aprovecha el contexto histórico para crear una visión angustiosa sobre la naturaleza humana, el miedo y sobre todo, la necesidad de sobrevivir que anima todo espíritu humano. Con un pulso que asombra por su precisión, el escritor combina detalles históricos comprobables con la fantasia, hasta crear una mezcla indivisible donde ambas perspectivas construyen un escenario de pesadilla. Y es que desde la novela histórica — el trabajo de investigación de Simmons asombra por el detalle y la meticulosidad — hasta las cuidadadas pinceladas de terror sobrenatural, crean una visión inquietante sobre un hecho oscuro y nunca esclarecido de la historia. Más aún: una reflexión durísima sobre la angustia existencial, los límites de la cordura y la violencia. Claustrofóbica y opresiva, la novela “El Terror” logra crear una afectiva atmósfera donde el terror se basa en una percepción de aparente normalidad, bajo la cual se esconde lo impensable, lo terrorifico y destructor.

Con todos estos escabrosos detalles, Dan Simmons construye una estupenda, inquietante y crudísima novela histórica de terror, cuajada de estupendos personajes, a ratos quizá algo densa, pero con pasajes que resultan verdaderamente espeluznantes y salpicada aquí y allá con ciertos componentes de la literatura fantástica que este autor siempre ha manejado muy bien y que es el campo en el que siempre ha destacado. Quizá estos tintes sobrenaturales puedan molestar un poco al lector de novela histórica más ortodoxo, pero bajo mi punto de vista no hacen sino añadir una vuelta de tuerca a la ya de por si inquietante y opresiva atmósfera que Simmons ofrece a lo largo de la narración y que la hacen, si cabe, más absorbente todavía.
Mención aparte, la capacidad de Simmons para delinear personajes de una apreciable profundidad emocional. Desde la decisión argumental de usar diferentes puntos de vista para narrar la historia — lo que permite la construcción de las circunstancias intimas de cada personaje con gran precisión — hasta los elaborados flash back y saltos temporales, que permiten comprender con mayor claridad su trasfondo personal, el autor logra una visión de sus protagonistas tan cercana como realista. No obstante, esta mezcla de interpretaciones y opiniones de la realidad, no menoscaba la solidez argumental de la novela, que avanza rápida y agil a través de una narración durísima y por momentos directamente insoportable. Un fresco terrorífico donde la crueldad y el dolor, el horror y lo sobrenatural se entrecruzan para sustentar una historia al borde mismo de esa idea de lo que consideramos comprensible.

En más de una ocasión, Simmons ha insistido que “El Terror” es su novela favorita. Cuando se le preguntó el motivo en una entrevista, el escritor sonrío. “Creo que el miedo siempre tendrá el rostro de lo que consideramos familiar. Y cuando no podemos diferenciar uno de otro, triunfa ese instinto que nos obliga a enfrentarnos al enigma. Quizás el miedo, es sólo nuestra opinión sobre el mundo que no podemos ver” explica. Muy probablemente, una descripción sutil sobre el ambiente sangriento y aterrador que sostiene “El Terror” y que le brinda su partícularisima personalidad. Una idea sobre el miedo tan humana que llega a ser insoportable en su simplicidad.

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Bruja y hereje. A veces grosera y quizá demente. Fotógrafa por pasión, amante de las palabras por convicción. Firme creyente en el poder del pensamiento libre.

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