Lea usted mismo el poema que hacía llorar a Dostoievski

Por redaccionnyl el 07/03/2018

La literatura es la práctica artística llevada a cabo con el sustento característico del hombre como es la palabra. Con ella logra adquirir el misterioso poder de transmitir profundas emociones y establecer vínculos con lectores a lo largo del tiempo y el espacio que recurren a estas creaciones conscientes del placer estético que son capaces de provocar.

De esta forma se genera empatía con escritores que vivieron en otros siglos y contextos, estos atendían a sus necesidades expresivas dotándolas de un estilo particular con el fin de despertar admiración.

Con esta condición expresiva llegan a convertir sus obras en grandes clásicos de la literatura que obtienen el reconocimiento por parte de otros escritores seguidores de esta vena literaria.

Para ser un buen escritor es necesario dejarse conmover por autores que inciten la búsqueda del perfeccionamiento literario con el fin de llegar a comunicar y generar en otros las mismas emociones que ellos lograron sentir al descubrir a sus autores favoritos.

Esta es una de esas gratas experiencias a la que los amantes de las letras pueden recurrir en cualquier instante, al tener en cuenta el carácter inagotable de la literatura en la producción de imágenes placenteras que recrean nuestro ánimo y visión de la vida.

Un caso emblemático de este tipo lo encontramos en la literatura rusa con el poema “El caballero pobre” escrito por Aleksandr Pushkin, el cual es considerado un escritor de influencia notable en figuras que siguieron realzando el campo de las letras rusas como Tolstói, Gógol y Dostoyevski.

Con relación a este poema, nos llega una anécdota de la conmoción que lograba despertar particularmente en Fiódor Dostoyevski, hasta el punto que era inevitable para él contener las lágrimas cada vez que lo leía a sus hijas. Esta anécdota es reseñada por su propia hija Liubov Dostoyevski en la biografía de su padre que público bajo el título “Vida de Dostoyevski por su hija”.

Demos lugar al poema de Pushkin que tanto despertó admiración en este autor ruso y llegó a citar en su novela “El idiota”.

EL CABALLERO POBRE
Aleksandr Pushkin

Era un pobre caballero
silencioso, sencillo,
de rostro severo y pálido,
de alma osada y franca.
Tuvo una visión,
una visión maravillosa
que grabó en su corazón
una impresión profunda.
Desde entonces le ardía el corazón;
apartaba sus ojos de las mujeres,
y ya hasta la tumba
no volvió a hablar a ninguna.
Púsose un rosario al cuello,
como una insignia,
y jamás levantó ante nadie
la visera de acero de su casco.
Lleno de un puro amor,
fiel a su dulce visión, escribió con su sangre
A.M.D. sobre su escudo.
Y en los desiertos de Palestina,
mientras que entre las rocas
los paladines corrían al combate
invocando el nombre de su dama,
él gritaba con exaltación feroz:
Lumen coeli, sancta Rosa!
Y como el rayo, su ímpetu
fulminaba a los musulmanes.
De regreso a su castillo lejano,
vivió severamente como un recluso,
siempre silencioso, siempre triste,
muriendo por fin demente.

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