Las rumbas de la crisis, los excesos colectivos de la Caracas privilegiada

Por Sandra Dominguez el 30/07/2019

Las rumbas de la crisis, los excesos colectivos de la Caracas privilegiada
Las rumbas de la crisis, los excesos colectivos de la Caracas privilegiada

Afuera de cada local nocturno de Caracas hay niños pidiendo. Adentro, festines que a veces superan cualquier intento de la imaginación. Así son las rumbas de la crisis.

¿Quiénes salen en medio de esta situación? ¿De dónde sacan tanta plata? Ni siquiera vale la pena responder esas preguntas porque de miércoles a sábado la vida nocturna de la capital venezolana disimula demasiado la realidad económica de la nación.

Cualquier persona con algo de vida social en Caracas sabe que los miércoles salen los que buscan pepas, coca y música electrónica; los jueves, los nuevos ricos de la política; los viernes, los que no tienen tanta plata y hacen un esfuerzo después del trabajo, y los sábados los que viven en el centro y solo bailan reguetón, salsa y merengue.

Pero lo relevante es que hay una Caracas privilegiada cuyos miembros nunca dejaron de rumbear ni tienen pensado irse del país. Muchos de ellos viven en una burbuja perfecta de lujos y placeres, otros no habla jamás de política y algunos nunca se han puesto en los zapatos de los demás porque tienen muchos pares en casa.

De todas formas eso parece ser un extraño espejismo si revisamos cifras. El sector licorero venezolano dice que en diciembre pasado cayeron las ventas en un 70% con respecto al año anterior. Y eso que las licorerías permanecen llenas y aceptando pagos en dólares como si fuera lo más cotidiano del mundo.

Salir de rumba solía ser barato incluso durante los primeros tres años de la crisis económica. Muy barato. Una botella de Grey Goose de las grandes, que en cualquier país del mundo no bajaba de 30 dólares, en Venezuela costaba tres dólares al cambio en 2016. Parecía que Satanás hubiese dispuesto un subsidio para las cosas que le importaban: alcohol y drogas.

Sí, porque las drogas también solían ser ridículamente baratas. De hecho, si comparamos con los precios internacionales, todavía lo son.

La Caracas privilegiada

En todas las ciudades del mundo hay miles y hasta millones de personas que dependen emocional y físicamente de las drogas, y no hay crisis posible que les evite el consumo. Pero el consumo de las noches caraqueñas nos confunde: ¿Dónde está la crisis? La respuesta reside en los días, porque las noches pertenecen a tres grupos: a los indolentes, a los que nacieron protegidos y a los que sencillamente pueden abolir la realidad con rumbas y restaurantes.

Hoy un servicio de vodka en una discoteca varía entre los 10 y los 100 dólares dependiendo local, y el vodka, claro. Una sola copa de vino puede costar cinco dólares al cambio en un lugar normal y uno de whisky bueno roza los 10 dólares aunque la botella entera apenas pase los 100.

Si fueran gustos que se dan unos pocos, todo tendría sentido. Pero este país pierde la lógica cuando vemos que son miles los que abarrotan cada noche los locales. Ni siquiera quien escribe entiende una mierda de lo que está pasando. Solo es obvio que hay mucha gente, muchísima, que de crisis no entiende nada.

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Psiquiatra y escritora. Experta certificada en seducción.

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