Por qué las lesbianas no se protegen de las ETS

Por redaccionnyl el 16/04/2018

El siguiente artículo no es nuestro sino de Código Nuevo. Lo escribió Alba Losada. Quisimos reproducirlo a continuación para que los lectores de esta parte del mundo también estén al tanto de algo que es preocupante.

Las razones por las cuales las lesbianas no se protegen de las ETS

Mariona Faixat y Paula Planes –nombre ficticio– salieron del armario a los 18 años pero, en los siete años desde entonces, nunca han utilizado métodos para prevenir infecciones de transmisión sexual (ETS) y tampoco conocen a nadie que lo haya hecho. Los dos únicos modos que las lesbianas tienen para protegerse de las ETS son una barrera de látex que se pone sobre el ano o la vulva para tener sexo oral y un dedal de látex que se pone en los dedos durante la masturbación. Sin embargo, no hay un uso generalizado de estos productos, y eso hace que, en estos momentos, un incontable número de mujeres lesbianas y bisexuales vivan su sexualidad sin protegerse de las ETS. O, lo que es peor, sin saber cómo hacerlo.

Por qué casi ninguna lesbiana de protege de las ETS

Mariona nunca ha utilizado estos métodos porque reconoce que no supo de su existencia hasta seis meses atrás, cuando lo vio de casualidad por las redes. Ni sus amigos, familiares, profesores de instituto ni ginecólogo le notificaron nunca que tenía esta posibilidad –cree que ellos tampoco lo sabían– . De hecho, muchas mujeres no lo hacen porque piensan que “los riesgos de contraerlas entre lesbianas son muy bajos”. Así nos lo explica vía telefónica la codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, Carmen Sánchez, que al mismo tiempo, alerta de que “no he tenido en consulta a ninguna paciente que utilice estos productos, incluso algunas piensan que las ETS no se transmiten entre lesbianas”. Pero, insiste en que, por mucho que las probabilidades sean menores que en el sexo heterosexual y entre hombres, “siempre que se mezclan fluidos sexuales hay riesgos”.

El alto precio que tienen cuatro barras en Amazon –aproximadamente 12 euros– es otra de las razones que impiden un uso generalizado, indica vía email la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Y, aunque en la misma página se venden paquetes de 25 dedales por un precio más económico –2,5 euros– , nos ha resultado imposible contrastar el importe de los dos productos en las farmacias que, junto a parafarmacias y sex shops, es donde, según Sánchez, se pueden comprar. En las tres que hemos visitado en Barcelona ni los farmacéuticos sabían de su existencia ni tampoco los tenían. Es como si, de algún modo, no existieran fuera de la red.

Dos métodos poco funcionales

Por si el precio y su ausencia en los presuntos puntos de venta no dificultaran suficiente su acceso, la problemática va más allá. A pesar de que la FELGTB considera que ambos productos están lo suficiente desarrollados, opina que son “complejos de utilizar y, por tanto, no están pensados para la experiencia de las usuarias”, dejando claro que, en realidad, no se han fabricado en base a la comodidad necesaria para disfrutar del sexo. Esta particularidad hace que Mariona no pueda evitar pensar que las autoridades no se han parado a imaginar lo engorroso que debe ser intentar vivir un momento de placer con una malla de látex que, a diferencia del preservativo, no está sujeto a nada: “así como se hacen condones de todo tipo, como extrafinos o con relieve, dudo que hayan invertido mucho tiempo y dinero en desarrollar los métodos para lesbianas”.

La utilidad de los actuales métodos tampoco es algo que Sánchez ponga en duda, pero al mismo tiempo, reconoce que se podría investigar más para que tuvieran una mayor funcionalidad, que invitaran a un mayor número de lesbianas a no jugarse su salud. Y el motivo por el cual aún no se ha hecho es porque su demanda es mucho más inferior a la de los condones. Aunque claro, como también indica la experta, esto se debe a que la falta de campañas y educación sexual al respecto hace que sean desconocidos. “Como la gente no sabe que existen no los utilizan, y como no los utilizan no reclaman nada mejor”, añade Mariona para poner sobre la mesa que el desconocimiento que lleva a muchas no protegerse es, en parte, responsabilidad de unas autoridades que no han invertido suficiente tiempo en informarles y concenciarles.

Sin educación sexual para las mujeres lesbianas

Mariona y Paula estuvieron en el instituto entre el 2004 y el 2010, y la poca educación sexual que recibieron fue aprender a poner un preservativo a un plátano y conocer la existencia de la píldora, como si el irrevocable destino de todas las niñas de sus respectivas clases fuese ser heterosexuales. En el caso de que tuvieran una forma de sentir “no convencional”, se marchaban a casa sin ninguna información útil para ellas, y eso es algo que ahora enerva a Mariona. “En los institutos se tendrían que hacer más salidas a salones eróticos y no a putas fábricas textiles que hace mil años que no funcionan”, insiste al recordar que su paso por la secundaria no le enseñó nada sobre el sexo que hoy practica.

Mariona Faixat no conoció los métodos para prevenir la ITS hasta hace seis meses.

Por aquel entonces, Paula se vio obligada a informarse por su cuenta para suplir la educación que no tuvo en la escuela ni en casa. Y, ahora que está lejos de esos días que miraba al mundo con inocencia, se atreve a decir que la inexistencia de educación sexual para las lesbianas se debe a que el sexo está enfocado hacia los hombres y a que “nuestra educación también es decisión de hombres que piensan que el sexo de las mujeres no existe”.

Esta invisibilidad, junto con el secretismo y la vergüenza que envuelve al sexo, es lo que, en su opinión, lo convierte en algo malo a ojos de los demás. Y aún más, cuando lo practica una mujer. Algo que, en parte, ha provocado que Paula nunca haya preguntado a un ginecólogo qué puede hacer para tener relaciones sexuales seguras con otras mujeres, que siempre haya sido “un palo” ir a su consulta. “Evitamos hablar de sexo porque una mujer que tiene muchas relaciones sexuales es una puta y por mucho que ahora nos creamos muy modernos sigue siendo así”, dice Paula al hablar de una premisa que, después de haber escuchado desde pequeñas, ha provocado que muchas mujeres no puedan vivir su sexualidad con naturalidad. Sin preguntas que les ayuden a blindar su salud ni consejos que les lleven a tener más placer.

Como ha comentado Paula, y como todas y todos hemos visto a lo largo de los años, es una evidencia que se habla menos del sexo de las mujeres, y eso ha forjado invenciones que nos han hecho ir durante todo este tiempo en la dirección equivocada. “Uno de los falsos mitos es que el sexo sin un hombre, o mejor dicho, sin un pene, no es sexo y por tanto tampoco hay riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS)”, comenta FELGTB para, al mismo tiempo, reivindicar que es más correcto utilizar el término Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) porque “no todas producen síntomas ni desarrollo de enfermedad”.

Cómo cambiar el rumbo

Falsas creencias, escasez de información y la poca funcionalidad de los dos únicos métodos “disponibles” en el mercado, han provocado que prácticamente ninguna lesbiana se proteja de las ETS. Así que para promocionar un hábito que siempre debería haber sido parte de su rutina, para FELGTB es crucial una estrategia combinada: “por una parte, los preservativos femeninos deberían evolucionar en cuanto a su funcionalidad y confort. Por otra, se debería formar e informar a los profesionales de salud y mujeres que tienen sexo con mujeres”.

Por el momento, no sabemos si las autoridades se han planteado implantar políticas capaces de cambiar el paradigma. FELGTB dará un paso este mes lanzando la campaña ‘Tengo una ITS, ¿y ahora qué?’ con el objetivo de informar sobre el tema al mayor número de personas de la comunidad LGTB. Esta podría marcar el comienzo de una nueva era en la que ya no solo veremos por la calle campañas que digan: “Pónselo, póntelo”, sino que, por fin, hablarán de todas las sexualidades y formas de amar. Nos lo deben, aunque solo sea para recordarnos que todas y todos deberíamos tomar conciencia de la importancia de cuidar nuestra salud sexual.

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