El lado oculto de Miguel de Unamuno

Por redaccionnyl el 21/11/2017

Miguel de Unamuno conjugó su actividad académica y literaria con una afición desmedida a la epístola. Escribió miles de cartas que delatan el genio de su pensamiento. También muestran un exacerbado espíritu crítico como cuando se declaró antimilitarista y anticolonial durante la crisis del 98.

Ambos rasgos constan en una veintena de misivas dirigidas a Francisco Fernández Villegas, director del diario La Época. Estas cartas están incluidas en el primero de los ocho volúmenes, presentado hoy en Salamanca (centro-oeste), del monumental epistolario catalogado durante los últimos años por la pareja de hispanistas y profesores franceses Colette y Jean-Claude Rabaté.

«Merecemos perder las colonias más que por crueles (que lo somos) por imbéciles y soberbios». Eso escribió Unamuno en 1895 a su amigo el filólogo Pedro Múgica en otro mensaje incluido en este volumen inaugura.

Los destinatarios célebres de Miguel de Unamuno

Clarín, Galdós, Rubén Darío, Giner de los Ríos, Joaquín Costa y Ángel Ganivet son algunos de sus corresponsales en ese periodo, lo que da idea del espectro literario e intelectual en el que se movía el autor de «San Manuel Bueno, mártir», desde literatos consagrados, hasta próceres del Regeneracionismo.

Más de mil páginas sitúan al lector ante el perfil del Unamuno pensador, político, enamorado, hombre y ciudadano preocupado por el devenir del país, de su ciudad, de la educación y la cultura.

Serán ocho volúmenes en total

La Universidad de Salamanca ha editado el primero de los ocho volúmenes que formarán esta colección ideada por el matrimonio de hispanistas y profesores franceses Colette y Jean-Claude Rabaté, titulado «Miguel de Unamuno. Epistolario», y que ha sido publicado «con rigor y paciencia», afirmó Colette Rabaté.

«Es una joya, capaz de competir con las mejores colecciones de La Sorbona, con la que se romperán tópicos de un Miguel de Unamuno tumbado en la cama», agregó el otro recopilador, Jean-Claude Rabaté.

Este tomo es, en esencia, un «resumen de la historia de España». En él que se pueden contemplar y unir las dos facetas de quien fue el rector más joven de la Universidad de Salamanca, «la del hombre público y la del privado».

Por un lado la de aquel pensador que escribía sobre la Guerra Mundial, la guerra carlista o la guerra civil o la del «hombre enamorado que no pasaba un día sin escribir a su Concha», la mujer con la que se casaría, relató Jean-Claude.

«Para excitarme a pensar cosa pública necesito comunicarme. Pienso en voz alta. De mis cartas privadas salen artículos. Mis mejores frases publicas se me han ocurrido, de pronto, en conversación o en correspondencias privadas». Eso lo escribió a Luis López Ballesteros y Torres un 4 de julio de 1919.

Epistolomanía

Como esta, otras sesenta cartas inéditas recuerdan su ‘epistolomanía’. Esa era la palabra con la que él mismo denominaba a su afán por escribir cartas.

En todas ellas se descubre a un hombre dinámico, como explicó Jean-Claude Rabaté, a un «joven enamorado, rendido al amor», que incluso se vale de pseudónimos «para escribir a su Concha», a un hombre gimnasta «preocupado por su salud», y que incluso «pregunta y se preocupa por el ensanche de Bilbao» o por la situación de Salamanca.

En el caso de Rubén Darío, Unamuno le reprocha «complicaciones modernistas» o «sensualidades cerebrales» en sus textos. Pero en otra carta de 1899 le elogia la «seriedad, la verdadera y honda seriedad, el esfuerzo por renovarse de continuo».

Una parte de estas cartas ya protagonizaron una exposición en la Biblioteca Nacional de España hace dos años. Pero ahora llega esta recopilación más extensa, que permite ahondar en la parte «más inteligente» y «más íntegra» de Unamuno.

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