La mafia oculta detrás del cibersexo

Por redaccionnyl el 20/12/2016

El cibersexo es una práctica de lo más habitual entre adultos: el morbo, la facilidad, la rapidez y la privacidad son los factores principales que incitan a masturbarse con una webcam de por medio. La mayoría de los que estamos leyendo este artículo habremos estado tentados de probarlo alguna vez, pero ¿hemos cobrado por ello? Ahí, la cosa cambia e incluso se está convirtiendo en una industria en auge: cada vez hay más gente que se exhibe y practica sexo por internet en directo. Se trata de dinero rápido y fácil, sin ni siquiera tener contacto directo con la otra persona.

 
 

Pero no todas las personas que ofrecen estos servicios son conscientes de las repercusiones que supone meterse en ello. ¿Saben que sus emisiones pueden ser grabadas? ¿Son conocedores de los negocios alternativos que se generan a través de su intimidad? ¿Saben que, una vez sus imágenes íntimas están en la red, puede llegar a ser casi imposible eliminarlas?

Aunque es difícil conocer las cifras exactas, lo que sí es cierto es que la industria del porno es una máquina insaciable de hacer dinero. Según la Oficina de Empleo, se calcula que en España se generan hasta 400 millones de euros anualmente. Pero la cifra es aún más escandalosa en términos globales; se estima que el mercado de la pornografía ingresó más de 100.000 millones de dólares en 2016. Esas cantidades todavía crecerán más y serán mucho más difíciles de conocer a ciencia cierta debido a la piratería también en este sector. Ahora, cualquier puede convertirse en la estrella sexual de los demás con solo mostrarse a través de una webcam, abundan las páginas de pornografía gratis en internet y, con todo ello, realizar películas X es mucho más costoso. Como en otras industrias, el porno se ha popularizado. Y a qué precio.

Existen numerosas plataformas donde la gente puede practicar cibersexo: Livejasmin, Cam4, Amateur.tv, Chaturbate, etc. La lista es interminable. Dichas webs son una especie de Barrio Rojo repleto de hombres y mujeres dispuestos intercambiar su desnudez, algunos piden dinero por mostrar sus encantos y otros lo hacen gratis, por mero placer. Hay hombres y mujeres que han profesionalizado estos servicios y ofrecen sexo online en diferentes plataformas simultáneamente. E incluso tienen redes sociales dedicadas a promocionar sus servicios sexuales, ya que se han convertido en una importante fuente de ingresos.

¿Dónde está el problema?

A priori el negocio parece redondo. Uno de desnuda, hace lo que tenga que hacer para su audiencia y gana dinero por ello. No hay contacto, a menudo ni siquiera hace falta hablar ni masturbarse. Pero detrás de ello hay un mercado ilegal de vídeos X que vulnera los derechos al honor, intimidad e imagen de los hombres y mujeres que practican sexo online.

Se considera que el cibersexo es un servicio que se da en directo y particular, específico para cada cliente (o grupo de ellos, si se emite simultáneamente a diferentes canales). No es un vídeo ni una película. Pero tener la guardia baja trae muchos problemas. Los llamados “ciberladrones” graban, sin consentimiento, a la persona que está emitiendo a través de su webcam, y dichos – ahora sí – vídeos no autorizados terminan circulando por redes sociales como Tumblr, blogs, portales de vídeos supuestamente amateurs o páginas web de pornografía especializadas. Los ladrones se lucran de un producto obtenido de forma ilegal (por la cantidad de visitas que recibe el material en estas webs) y, en ninguno de los casos, los “modelos” no reciben ni un sólo céntimo por ese material. Su intimidad se expande a cualquier parte del mundo, pero cuenta bancaria no crece.

¿Cuáles son las repercusiones para las personas afectadas?

En el mejor escenario, el o la modelo emite sexo online deliberadamente y asume que la decisión de cobrar por ello conlleva una intimidad prácticamente inexistente. Cuando uno se dedica a esto, está perdiendo mucho dinero. Pero el peor de los casos es para los que practican cibersexo por mera diversión y placer. Ellos ni buscan ni obtienen un rendimiento económico cuando se desnudan para otra persona, sea o no un desconocido. Sin embargo, terceras personas y webs se enriquecen violando y explotando su intimidad.

Cuando uno se encuentra un vídeo o fotos íntimas suyas circulando por la red solo puede esperar que la justicia sea efectiva. Conseguir eliminar el material por completo suele ser un proceso largo y muy complicado, porque internet es un universo interminable. En primer lugar, uno debe solicitar la retirada de su vídeo al sitio web en concreto, después – de agravarse la cosa – denunciar es lo más recomendable. “Si el vídeo o la foto que se han difundido revelan secretos de la intimidad personal se puede poner una denuncia penal en comisaría”, explica Ricardo Nogales, abogado de Legálitas. La Policía se pone en contacto con las webs y rastreará el origen de la subida de las imágenes. En la mayoría de casos, como explica Nogales, se consigue la retirada de los documentos – incluso si los servidores son extranjeros – siempre que se actúe con rapidez. Una vez se ha subido algo a internet, es muy difícil recuperarlo.

Como siempre, internet supone un mundo infinito de posibilidades para saciar nuestros instintos más primarios, conseguir dinero y, por desgracia, también para convertir todo ello en una bomba que destroce nuestras vidas.

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