La literatura del coronavirus. Por Mario Crespo

Por redaccionnyl el 16/03/2020

«No hay hasta la fecha una explicación adecuada de por qué la destrucción de las ciudades alemanas hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, con las escasas excepciones que confirman la regla, no fue objeto de descripción literaria, ni entonces ni más tarde, aunque de ese problema reconocidamente complejo hubieran podido sacarse con cierta seguridad conclusiones importantes sobre la función de la literatura». Así se expresaba el escritor alemán W.G Sebald en un ensayo crítico que se publicaría de forma póstuma en el libro Campo Santo. En efecto, son ciertamente escasas las obras de la llamada Trümmerliteratur (literatura de los escombros), entre cuyos autores destacaron Paul Celan, Günter Eich o Heinrich Böll, quien diría más adelante que «la Alemania de los años 1945-1954 habría desaparecido hace tiempo de no haber encontrado expresión en la literatura contemporánea».

Occidente en general y Europa en particular se encuentran hoy muy lejos de un escenario bélico; en nuestro mundo las guerras ya no se libran en húmedos campos de batalla, entre trincheras y fuego cruzado, sino en los parqués de las bolsas, en los despachos de los bancos y en los mercados secundarios, que pueden generar pobreza, desabastecimiento o intervenciones extranjeras. Sin embargo, como está demostrando el coronavirus, podemos experimentar consecuencias similares a las de una guerra en el marco de una epidemia. Estamos contemplando estos días escenas impensables hace apenas unas semanas; la plaza de Tianamen desierta, el aeropuerto de Teherán sin aviones, los colegios de Madrid cerrados y, quizá la más sorprendente de todas, las calles de Venecia vacías, una estampa que recuerda el decorado de un estudio de cine cuando acaba la jornada laboral; Venecia, paradigma de un turismo cultural que ya no es ni minoritario, ni culto, ni intimista, sino un producto mercantilizado como otro cualquiera, no se ha hundido bajo el agua, sino bajo la histeria, el miedo y la alarma social. 

Así las cosas, el coronavirus, como una Triple Alianza que invade los países del Primer Mundo y va conquistando territorios, cobrándose muertes y ganado batallas, está generando, aunque sea a pequeña escala, todo lo que genera un conflicto armado: crisis económica, desabastecimiento, alarma e incluso terror. Pero en este escenario, a diferencia del que tuvo la Alemania en ruinas a la que hacía referencia Sebald, donde la economía había sido destruida y la producción de bienes era inexistente, la maquinaria económica sigue funcionando a pleno rendimiento, pues esta particular guerra es algo temporal; aparecerán las vacunas, el ser humano se inmunizará y el miedo dará paso a la euforia y a un aumento del consumo. En consecuencia, las obras sobre “aquella epidemia que puso en jaque al mundo civilizado” serán un gran reclamo comercial. De hecho, las ventas de novelas como ‘La peste’, de Albert Camus, han repuntado de forma extraordinaria durante las últimas semanas

Supongo que ahora mismo, bajo los dictados de las grandes editoriales, se están gestando ya los primeros relatos, crónicas y novelas sobre el coronavirus. Lo cual, qué duda cabe, representa una buena noticia para el mundo de la literatura, pues la excepcionalidad del actual escenario supone un aliciente para los lectores. Pero sería deseable que estos libros funcionasen como un verdadero retrato de la actualidad, que sirviesen para “sacar conclusiones importantes sobre la función de la literatura”, que no fueran una mera patente; un producto original y pionero, un reclamo mercantil. O, dicho de otro modo: sería deseable que el objetivo editorial fuera publicar “la gran novela del coronavirus” en vez de “la primera novela sobre el coronavirus”, pues, de acuerdo con esta dinámica de la prisa y la ansiedad, a ella le seguirían otras como ‘Las crónicas del coronavirus’, ‘Los últimos de Wuhan’, ‘Antología de relatos sobre el coronavirus’ o ensayos como ‘La verdad sobre el coronavirus’, ‘El coronavirus desde dentro’ o ‘Los pioneros de la cuarentena’, creándose de este modo una suerte de “literatura del coronavirus”; un subgénero que, en caso de tener éxito, fundaría una tendencia en torno a la cual girarían los premios editoriales y las adaptaciones cinematográficas; una moda literaria tan suculenta en potencia que su advenimiento podría preceder al de la vacuna contra el virus. 

Texto aparecido originalmente en La Marea

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