La inesperada opinión de Jorge Luis Borges sobre “Cien años de soledad”

Por redaccionnyl el 31/01/2019

Jorge Luis Borges, el escritor que se adueñó de la literatura del siglo XX, llegó a leer a Gabriel García Márquez. Específicamente “Cien años de Soledad”.

Su opinión sobre la escritura del colombiano ganador del Nobel de Literatura no parece que haya sido demasiado favorable, sobre todo si se considera esa personalidad sarcástica llena de frases lapidarias que tenía.

En 1968 todo el mundo hablaba de “Cien años de Soledad”. Por eso Borges quiso leerla a ver por qué el libro había generado tantas alabanzas. Muchos años después se supo su opinión.

“Leí Cien Años de Soledad. Me gustó el comienzo. Cuando digo leí significa que alguien lo leyó para mí. Soy viejo. Tengo 81 años y pocos amigos, la mayoría ya se fue. Pero estos pocos me ayudan, pasan conmigo algunas horas leyéndome lo que hallan interesante. Confío en ellos. Fue el caso de García Márquez, un excelente comienzo. Para el resto, sinceramente, no tengo tiempo. Prefiero mis clásicos, prefiero a Montaigne, Dante y los poetas latinos. Especialmente a Virgilio, con su mundo mágico”.

Su madre fue quien le compró el ejemplar y se lo leyó. Se supo que a Borges le gustó cuando José Arcadio Buendía atravesó con una lanza la garganta de Prudencio Aguilar y cómo su fantasma perturbó luego a toda la familia. Le gustó cómo ese hecho obligó a los Buendía a atravesar la Ciénaga para fundar Macondo y se encantó con las proezas de los gitanos.

Pero la lectura solo duró dos tardes al cabo de las cuales Borges pidió a su madre que cerrara el libro para siempre. Cuando alguien le preguntaba, decía que solo soportó 80 páginas. No más.

La opinión de García Márquez sobre Borges

Rodolfo Terragno, amigo de García Márquez, confesó en cambio que el colombiano tenía una gran admiración por Borges.

Tiempo después de la muerte de Gabo, Terragno reprodujo en una entrevista las palabras textuales que este le había dicho sobre el argentino:

“Borges es el escritor de los adjetivos definitivos. En su poema “Ajedrez” dice: rey postrero y oblicuo alfil. Tú no puedes decir más nada sobre el rey ni el alfil. Borges agota la posibilidad de adjetivar”.

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