La historia de amor del Titanic es una puta farsa

Por redaccionnyl el 04/01/2018

La historia de amor que James Cameron propone en el Titanic es una de las farsas más grandes de Hollywood. Esta historia de amor es un caso supremo de propuesta ideológica en el cine a través de su opuesto. En esta película tenemos tres niveles ideológicos.

El primer nivel es lo que los estadounidenses irónicamente llaman el Marxismo Hollywoodense, que es una ridícula e hipócrita simpatía por la clase baja. En esta película la clase alta representa la maldad, el ego, las restricciones y la codicia, reflejadas principalmente en prometido de Kate Winslet interpretado por Billy Zane. Mientras que la case baja representa la felicidad, la libertad y una multitud de posibilidades.

Más allá de esta propuesta ideológica que resulta totalmente falsa al final, debemos preguntarnos cual es el papel del iceberg en la narrativa y en especial su papel en la historia de amor. Aquí es donde viene la parte cínica del análisis

El iceberg no es la catástrofe, la verdadera catástrofe hubiera pasado si la interrupción del iceberg no hubiera ocurrido. Imaginen entonces que luego de tres semanas de sexo intenso en algún apartamento minúsculo en Nueva york este romance se hubiera acabado debido a las vastas diferencias entre la pareja. Rose acostumbrada a una vida de lujos probablemente no hubiera podido asimilarse a una vida con tan poco después de conocer lo que es tener tanto, y hubiera aceptado entonces las ofertas de su madre de volver a esa vida. Jack estresado por no poder proveer a Rose de una buena vida hubiera manifestado su frustración de alguna manera destructiva.

Pero, ¿cómo sabemos que la relación estaba destinada al fracaso?

Kate Winslet es una mujer de clase alta con problemas de autoestima, estresada y confundida. Su ego es virtualmente inexistente y la objetificación por parte del prometido (al que no ama) la lleva a buscar algo diferente. La única función Jack es ayudar a subir la autoestima de Rose para que así ella se reconstruya a sí misma y enfrente lo que no está bien en su vida.

Esto no es más que una reencarnación de un antiquísimo fenómeno imperialista, donde la gente de alta sociedad pierde su vitalidad, sus comodidades terminan por aburrirlos, y es entonces cuando surge su deseo por tener contacto con la clase media y la clase baja. Entonces por un lado el sistema al que pertenecen básicamente está explotando sin clemencia a estos grupos para que ellos puedan mantener su estilo de vida, y por otro lado ellos mismo se adueñan de la vitalidad de las clases bajas a través de una especia de apropiación cultural (que continúa siendo un tema actual), pero luego de terminar de usar a estas personas rompen el contacto con las clases bajas y vuelven a la seguridad de sus comodidades.

Esta comparación se hace aun evidente en el momento en que el iceberg llega a la historia. No es inmediatamente después del sexo sino cuando la pareja decide quedarse junta cuando les toque bajar del barco. En las películas el evento aparentemente catastrófico suele aparecer para salvar la integridad de una idea, elevando su estatus a un mito, o para salvar la integridad moral de un personaje, elevando su estatus a mártir. Esto nos recuerda a una frase que se hizo popular más recientemente “mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en villano”.

Esta catástrofe entonces salva la posibilidad del triunfo de un sueño, el sueño a su vez es el triunfo de un romance entre 2 personas de clases sociales opuestas, elevando su estatus a mito. A tal punto que, para muchos, la historia de amor de Jack y Rose es un cuento de amor eterno, pero realmente nunca pasó, solo se conocieron un par de días y mucha gente murió (¿Esto es Romeo y Julieta?) mientras que el supuesto verdadero amor no se concretó más allá de una noche de sexo y “dibújame como una de tus chicas francesas, Jack”.

Al final de la película podemos considerar el hundimiento del Titanic como una maniobra desesperada para salvar la ilusión del amor eterno. Que funciona perfectamente en este caso ya que el Titanic es una de las películas “románticas” más populares de todos los tiempos

Ahora los 2 niveles superficiales

Por un lado, tenemos la catástrofe, las muertes, el horror y los niños ¡Oh por Dios piensen en los niños! Y por el otro tenemos todo el drama del amor prohibido entre dos personas de familias enemigas… digo de clases sociales opuestas. Este drama superficial es aceptable para nuestra mente abierta y progresista, nos hace querer a la pareja y despreciar a esa gentuza clasista y malvada de guantes blancos, pero todo es una farsa. El drama es una frazada para que nos distraigamos y simpaticemos con lo que en realidad el verdadero mensaje conservativo de la historia, que es que los ricos tienen el derecho de usar a los pobres para luego desecharlos.

Hay un detalle de la película que nos muestra esto de manera más evidente, cuando Kate Winslet se da cuenta que Leonardo DiCaprio está muerto repite una y otra vez “no te dejaré ir, no te deja ir” ¿y que hace? Lo deja ir, Leonardo se hunde y desaparece en la oscuridad, es decir que el amor era fuerte pero no tanto como para morir juntos (o salvarse en la misma tabla o tablas aledañas, ¿no? Okey). Jack es lo que se llama un mediador desechable, al estilo de la niñera mágica, los mediadores sirven para resolver un problema entre dos partes, en este caso el problema de Rose con su familia y prometido, para luego desaparecer. Al menos Romeo y Julieta si murieron “juntos”.

Entonces ¿Cuál hubiera sido la verdadera catástrofe? ¿La prohibición de un amor posiblemente eterno? O ¿La lenta y progresiva muerte de una relación destinada al fracaso?

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