“La fama, el orgullo”, un fragmento del libro «Che Guevara» de Horacio Daniel Rodríguez

Por Valentina Rausseo el 11/07/2019

Sobre la vida del famoso y discutido guerrillero Ernesto «Che» Guevara, Horacio Daniel Rodríguez escribió un libro bastante interesante. A continuación un fragmento titulado «La fama, el orgullo».

La fama, el orgullo

“Lo que, con todo, aparece como un hecho presumiblemente cierto, es que pese a la duplicidad, ambigüedad o lucha que pudiera haber en el interior del régimen cubano, la Habana intentaba abatir el parche de la guerrilla como elemento de propaganda.

Guevara no parece muy satisfecho de esto, y llega a quejarse acerca de las informaciones suministradas por la radio cubana sobre el desarrollo de las operaciones.

El 02 de mayo anota: “Radio Habana sigue con su ofensiva de información sobre Bolivia, con noticias exageradas”.

En Cuba debían saber con cierta exactitud el estado real de las cosas, o al menos podían tener una versión más cercana a la realidad que algunas de las informaciones que suministraban las agencias informativas comerciales.

Sin embargo, por lo que se refería al prestigio exterior de la guerrilla, fuera de Cuba, el problema era distinto. La “fama” de la guerrilla parece engolosinar a Guevara.

Una y otra vez, a medida que las agencias informativas comerciales “inflan” el problema guerrillero en Bolivia, Guevara lo consigna, no sin un dejo de silenciosa alegría y orgullo.

En el análisis de junio, por ejemplo, anota, como el tercero de los ocho sucesos importantes el mes, lo siguiente: “La leyenda de la guerrilla crece como la espuma; ya somos los superhombres invencibles”.

Esto, al mismo tiempo que consigna la falta de colaboración e los campesinos, la falta de contactos de la guerrilla con el exterior,  la falta de contactos también con el Partido Comunista, etc.

El ego del “condottiero”, no se contiene fácilmente.

Para julio, el análisis mensual señala, también como tercer punto sobre siente más importantes: “La leyenda de la guerrilla adquiere dimensiones continentales; Onganía cierra fronteras y el Perú toma precauciones”.

Finalmente, en sus últimos días de vida, en el análisis del mes de septiembre, anota: “Estamos en un momento de baja de nuestra moral y de nuestra leyenda revolucionaria”.

Como si el destino de ambos términos fuera el mismo y se complementaran; como si, en definitiva, una elevada moral permitiera triunfos para mantener vivas la fama y la leyenda, y éstas fueran el sustento de la moral de los revolucionarios.

Si en verdad la lucha contra el Partido Comunista boliviano fue importante desde el punto de vista político, arroja, además, nueva luz sobre el carácter singular del jefe guerrillero.

Del mismo modo que su ascenso a comandante de la guerrilla se produjo en condiciones muy particulares, la defensa de su poder se establece en términos que no ofrecen dudas acerca del carácter que éste tiene.

Según consigan Guevara en su Diario, Monje propuso tres medidas sucesivas: 1. Ofrecía renunciar a la dirección del Partido Comunista; 2. La dirección político-militar de la lucha, correspondería a él mientras tuviera ámbito boliviano. Y 3. Él llevaría las relaciones con los otros partidos comunistas latinoamericanos.

Guevara consigna que en su respuesta aceptaba los puntos primero y tercero de la propuesta de Monje.

“El segundo punto -dice con toda claridad- no podía aceptarlo de ninguna manera. El jefe militar sería yo, y en esto no aceptaba ambigüedades. Aquí la discusión se estancó y giró en un círculo vicioso”.

Poder, poder, más poder. No hay posibilidad de empezar a discutir el problema. Pero ésta es una decisión suya, particular, privada.  

Y es así por cuanto la conversación ha sido mantenida en pequeño comité, ya que, posteriormente, ambos se trasladan al campamente y hablan con el resto de los guerrilleros.

Nuevamente, la imagen de Sandino elegido general por sus camaradas de armas, se yuxtapone significativamente a los procedimientos de Guevara.

Y como jefe -no como camarada- revolucionario, da cuenta del episodio con una anotación de más amplio alcance; en el análisis del mes de diciembre, consigna: “La actitud de Monje puede retardar, de un lado el desarrollo, pero contribuir, por otro, a liberarme de compromisos políticos”.

Ya no son, por supuesto, aquellos primeros días de La Habana en que defendía la alianza con el Partido Comunista. Quiere volar solo».

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