La diferencia entre arte y artesanía. Por Laura Morelli

Por redaccionnyl el 12/05/2019

¿Qué viene a tu cabeza cuando piensas en arte? ¿Una pintura, una escultura o un edificio? ¿Qué tal un violín, un jarrón o una alfombra? ¿Son estas cosas arte también? ¿Cuál es la diferencia?

Resulta que la diferencia no es tan sencilla. Un objeto tan simple como una cuchara o tan útil como una silla de montar puede estar elaborado de una forma muy fina; o quizá lo que sería un  monumento pueda estar más bien elaborado de una forma cuyo resultado no sea inspirador.

No es como que un instrumento musical tenga algo de utilidad o que una estatua o pintura fue hecha porque sí. Las razones de por qué existen estos artilugios o si fueron elaborados delicadamente o no, pueden llevarnos a la confusión sobre qué es el arte y de por qué distinguimos los objetos de esta forma.

Pero esto es solo el resultado de cambios dramáticos en la historia. Nos podría parecer obvio hoy en día que personajes como Da Vinci y Miguel Ángel se reconozcan como artistas legendarios y por supuesto que ellos tienen talentos extraordinarios pero también debemos atribuirle su éxito a que ellos estuvieron en el lugar preciso y en la época idónea para que sus esfuerzos fueran reconocidos a lo largo de la historia, puesto que poco antes de sus tiempos de vida el concepto de arte no existía.

Si hubieras sido testigo de un taller en la Europa medieval habrías visto cómo, sin importar si el lugar perteneciera a un albañil, orfebre, fabricante de sombreros o a un pintor, el patrono agremiado se aseguraba de que tanto aprendices como empleados cumplieran con su trabajo tal como la tradición lo especificaba para que luego estos trabajos fueran entregados a clientes que encomendaran dichas creaciones; además, todos los trabajadores eran recompensados de forma colectiva en vez de en forma individual. Las creaciones de todos estos trabajadores pasaban a las viviendas de los clientes como ornamentos que garantizaban el estatus social de ellos. Estatus que se reforzaba no solo por la belleza de esos ornamentos pero también por la adherencia a la tradición cultural que los caracterizaba. Estos clientes se llevaban, además de la pieza, también el crédito como diseñadores  por encima de  quienes los fabricaban; sin discriminar que tipo de artilugio era: una silla, un collar de oro, una escultura de piedra o incluso un edificio completo.

No fue hasta alrededor del año 1400 durante la era del Humanismo Renacentista cuando comienza a darse un concepto sobre el arte: esto surge cuando los intelectuales de Florencia (Italia) establecieron una reforma para diferenciar el trabajo griego del romano, otorgándole valor a la creatividad individual más que a la producción colectiva.  Algunos pintores valientes, quienes por siglos habían sido remunerados según el valor por metro cuadrado de sus creaciones, exitosamente exigieron a su patrono que les pagara su trabajo más bien por mérito y así poder pasar a ser creadores independientes; esto ocasionó que por años las actitudes de la gente sobre estos ornamentos y sus creadores cambiaran drásticamente entendiendo el valor de un objeto con su creador.

Para 1550 Giorgio Vasari (amigo de Miguel Ángel, famoso pintor renacentista de Italia) publicó un libro que alcanzó bastante fama, llamado “Las Vidas de los Más Grandes Pintores, Escultores y Arquitectos”, elevando a estos creadores a un estatus de altísima influencia, lo que ocasionó que en el imaginario colectivo que se considerara a la pintura, la escultura y la arquitectura como artes y  las mentes creadoras de tales obras como los artistas; las demás obras como candelabros, jarrones, joyas de oro, piezas de cerámica, alfombras, etc. fueron entonces consideradas artesanías elaboradas por artesanos. Estas artesanías adquirieron como consecuencia, un valor más bajo adoptándolas como artefactos decorativos o artes decorativas. Esta idea que solidificó la diferencia entre arte y artesanía que hoy en día persiste en el occidente, hizo que se cuestionara si entonces una máscara africana o una vasija de porcelana china o una alfombra de Navajo no fueran consideradas arte en sus países originarios en dónde no existía tal diferencia. Para responder tal inquietud, los historiadores del siglo XIX argumentaron que aquello que se define como arte es todo aquello que tiene carácter innovador más que primitivo (como las artesanías). Se entendía que aquellos que  tenían  carácter tradicional eran llamados artesanías ya que no cambiaban en miles de años con la intención de preservar la tradición y en su incapacidad de innovar no eran realmente artista entonces. Lo innovador era arte y lo tradicional era artesanía a resumidas cuentas. Por supuesto, estos “artesanos” no tenían la intención de ser innovadores, no buscaban tal cosa, más bien, era la de preservar una tradición visual más que de cambiarla. Además, en la historia del arte, el valor de la innovación era excepción más que la regla y en muchas culturas en el mundo esta diferencia nunca existió, de hecho muchas cosas que se consideran artesanías como una alfombra peruana, una vasija de la Dinastía Myng o un tótem son consideradas formas visuales preeminentes de esas culturas.

En las últimas décadas fueron poco a poco incorporadas algunos trabajos como edredones, cerámicas y tallados de madera, a los libros de arte y en los museos junto a las esculturas y pinturas Aunque persista una diferencia entre arte y artesanía, parecería más sensato denominarla “arte visual” o el tipo de trabajo creativo que comunica un significado a través de la representación o la adaptación de elementos visuales que acumula una vasta formación de producciones estéticas. De cualquier forma, si nuestra apreciación de los objetos y de sus creadores está condicionada por la historia y la cultura, entonces el arte y su definición están en el ojo del espectador.

TRADUCIDO POR ANA CANELÓN.

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