La ciudad sobre una falla geológica que sufrirá un gran terremoto con toda seguridad

Por redaccionnyl el 21/03/2018

La cuestión no es si Estambul sufrirá un gran terremoto, sino cuándo. Porque en esto están de acuerdo todos los científicos: la metrópolis del Bósforo, con sus 15 millones de habitantes, se encuentra justo encima de una falla geológica que debería moverse próximamente en un ajuste de placas tectónicas.

Cada día, el observatorio sismográfico de Kandilli, en el lado asiático de Estambul, registra unos 40 terremotos en toda Turquía.

La gran mayoría son imperceptibles aunque una vez a la semana suele haber un seísmo de magnitud 4 en la escala de Richter, que ya se deja sentir.

El país eurasiático está atravesado por dos fallas geológicas importantes que se cruzan en Anatolia oriental: una baja hacia el Mediterráneo y otra recorre la costa del Mar Negro hasta acabar justo en Estambul, donde se encuentra con la región de alta actividad sísmica de la costa Egea.

Y es por la falla norte que se acercará el gran temblor a Estambul, explica Gülüm Tanircan, profesora de la Universidad Bogazici, mientras señala un avance de puntos rojos en un mapa que representan seísmos por encima de la magnitud 7, es decir, los realmente destructivos.

“Están migrando de este a oeste, ¿ve? Ha habido ya varios terremotos aquí, pero el más grande en el área de Mármara – que incluye el Bósforo – todavía no ha tenido lugar”, dice la experta a Efe en el observatorio de Kandilli.

¿Cuándo llegará? El catedrático geólogo Ahmet Ercan ha afirmado a la prensa que según sus cálculos, “no ocurrirá antes de 2045”, pero Tanircan asegura que “no existe tecnología para predecir una fecha”.

“Pero podemos fiarnos de las estimaciones de probabilidad. Que ocurra un seísmo de la magnitud 7 en la región de Mármara es del 2 % cada año. Esto es una tasa realmente alta. Si lo calculamos para los próximos 30 años, la probabilidad de que ocurra supera el 50 %”, dice la ingeniera en geofísica.

¿Será una catástrofe? “Depende de dónde exactamente se localice el epicentro. Si es justo en el centro de la ciudad, será muy destructivo. No afectará solo a Estambul sino también a las ciudades vecinas”, explica.

La causa de que Anatolia sea una tierra de seísmos es que aquí la placas tectónica africana y la árabe, que se desplazan ambas hacia norte, se encuentran con la placa eurasiática, más estática.

“Ante la presión, el bloque anatolio intenta escapar hacia oeste. La presión en la falla de Marmara es realmente alta y podemos esperar una ruptura que produzca un seísmo de la magnitud 7”, precisa Tanircan.

Más al sur, en la región de Esmirna, la costa egea y las islas griegas, hay terremotos frecuentes que todos los meses provocan cierto pánico en la población, pero casi nunca causan daños a los edificios, más allá de alguna maceta caída.

“Las fallas cerca de Esmirna no producen terremotos por encima de la magnitud 6,5”, explica la geofísica.

Distinto es el caso de Estambul, donde hay unos 600.000 edificios que “no están preparados para un terremoto de gran intensidad”, como el que se espera “en los próximos 15-30 años”, reconoció el año pasado el ministro turco de Urbanismo, Mehmet Özhaseki.

También el primer ministro, Binali Yildirim, ha reconocido que en toda Turquía hay 7,5 millones de edificios en riesgo y que reemplazarlos todos tardará unos quince años.

Al menos todos los edificios importantes en Estambul, como los hospitales, se construyen ya con dispositivos en los fundamentos que compensan la energía de un seísmo y evitan el derrumbe, señala la profesora Tanircan.

Aparte de medir los temblores, el observatorio de Kandilli trabaja para educar a la población sobre los riesgos de un seísmo y todos los miércoles invita a colegiales para enseñarles los conceptos geofísicos elementales.

Al lado de un viejo sismógrafo con tambor de papel hay toda una habitación construida en madera en la que los pequeños pueden sentarse y sentir las violentas sacudidas de un terremoto cuando un técnico aprieta un botón.

“Desde el temblor de Izmit en 1999 (que dejó unos 18.000 muertos), Gobierno y organizaciones cívicas realizan grandes esfuerzos para concienciar a la población”, subraya la ingeniera.

Y aunque son los constructores y promotores inmobiliarios quienes tendrán que colocar los amortiguadores bajo los nuevos edificios, no viene mal saber que solo una pequeña parte de las muertes en un terremoto es consecuencia de un derrumbe estructural, indica Tanircan.

“El mayor peligro son elementos sueltos en la casa que aplastan a los habitantes al caerse. Si tiene una estantería de libros, atorníllela a la pared”, recomienda la profesora.

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