Irina Dreyt y lo bien que te va cuando tu profesión es ser bonita

Por redaccionnyl el 28/11/2017

Viajes a lugares turísticos paradisíacos, amistades tan célebres como Victoria Odintcova, fiestas inolvidables cada fin de semana. Así es la vida de Irina Dreyt. Bueno, así es la vida de muchas chicas que tienen la profesión de ser bonitas.

Porque ser bonita es una profesión. Ya les hemos dicho, estimados lectores, que en los postreros tiempos aparecerían oficios inimaginables. Sin embargo, ser bonita es un oficio tan viejo como el otro en el que está pensando. O quizá más viejo porque no podemos enviar pensar en una cavernícola arreglándose para el dueño del mazo de la tribu, el que golpeaba al prójimo para infundir miedo.

Con los siglos la cosa no cambió mucho aunque recientemente estamos venciendo al patriarcado. Pero la profesión de bonita ha sido rescatada gracias a la llegada del siglo de la imagen. Arreglarse y ser bella. Posar. Emocionar a sus semejantes con miradas y ademanes. Instagram. Muak. Selfie.

Ser bonita, una carrera corta

Claro que la advertencia a las chicas que quieran entrar a este juego es el tiempo. De hecho, ser bonita es una carrera incluso más corta que la de un futbolista. Y lo peor es una vez que te retiras de la palestra te sientes tan fuerte y vigorosa como cuando estabas en tu paroxismo. Pero ya no te buscarán. Ya no serás tan bonita.

La solución está en saber administrarse y en saber que todo lo real es perecedero, y que lo único eterno es la energía: una sustancia invisible que debería servirnos para entender que también lo espiritual es invisible.

¿Qué vamos a hacer entonces? Por lo pronto ver la belleza de Irina Dreyt y no subestimar su oficio porque nos da alegría y sosiego.

Irina Dreyt

Irina Dreyt

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