Hace 60 años los rusos enviaron a la perra callejera Laika a morir al espacio

Por redaccionnyl el 06/11/2017

Hace exactamente 60 años, un ser vivo dejó, por primera vez, el planeta Tierra rumbo al espacio: la perra Laika, lanzada en el satélite ruso Sputnik 2 el 3 de noviembre de 1957.

Esta pionera de cuatro patas no regresó. Se convirtió en la primera «víctima» de las aventuras espaciales, encabezando una lista que aumentaría a lo largo de los años con otros animales.

Entre 1948 y 1961, 48 perros, 15 monos y dos conejos abrieron el camino para los descubrimientos en el espacio.
Veintisiete de ellos murieron en accidentes debido a circunstancias imprevistas durante la travesía. Laika fue el único animal deliberadamente enviado para una muerte segura lejos de la Tierra.

El pleno auge de la Guerra Fría, el líder soviético, Nikita Kruschev, que asumió el mando de la Unión Soviética dos años después de la muerte de Joseph Stalin, se enroló en unacarrera espacial contra Estados Unidos, una disputa de poder ampliamente expuestas en la propaganda de ambos países.

Los dos imperios intentaban ampliar sus esferas de influencia en el mundo. «Conquistar el espacio» sería una demostración de fuerza, tecnología y desarrollo.

Aunque, por un lado, Kruschev dispuso enormes sumas de recursos para la investigación espacial, la prisa impedía un trabajo sistemático y detallado. El primer satélite ruso desocupado entró en órbita el 4 de octubre de 1957.

La selección de perros que pudieran ser enviados al espacio siguió algunos criterios. Primero, debido al tamaño del cohete, el animal podría pesar un máximo de 7 kg.

Los especialistas preferían trabajar con hembras, a las que consideraban más disciplinadas, y los animales de pelo liso se veían como más adecuados para la instalación de sensores.

De los 10 candidatos preseleccionados para la prueba final -resistencia en la cámara de presión centrífuga-, tres sobresalieron: Albina, Laika y Mukhu.

El Sputnik 2 no fue técnicamente desarrollado para aterrizar. Era un cilindro de cerca de cuatro metros de altura y dos metros de diámetro.

Laika estaba en una cápsula del tamaño de una lavadora, con un dispositivo para la regeneración química del aire y un alimentador automático que abría, dos veces por día, la tapa de un recipiente con una mezcla de nutrientes gelatinosos.

A la perrita le implantaron un sensor en las costillas para medir su respiración y otro sensor para medir su pulso en la arteria carótida.

También activaron dispositivos para medir la temperatura, presión y realizar cardiogramas. En los últimos días, antes del lanzamiento, Laika era colocada en una cápsula todos los días, durante varias horas, para que se acostumbrara a la situación.

Los sensores implantados en Laika mostraron que, durante el lanzamiento, el ritmo de las pulsaciones de la perrita aumentó mucho, situándose tres veces por encima del ritmo en estado de reposo.

Su pulso tardó tres veces más en volver a los niveles prelanzamiento de lo que había tardado en las pruebas previas, un indicador del alto grado de estrés sufrido por Laika en el trayecto al espacio.

Los sensores de temperatura mostraron que la humedad y la temperatura de la cápsula donde estaba la perrita aumentaron poco después del inicio de la misión. La temperatura llegó a pasar los 40 grados centígrados.

Seis horas después del despegue, los sensores registraron una parada cardíaca. Estaba claro que la perrita había muerto como consecuencia del supercalentamiento de la cabina y del estrés.

El satélite con el cuerpo de Laika dio 2.370 vueltas en órbita y ardió al entrar en la atmósfera el 14 de abril de 1958.

El gobierno soviético ocultó información sobre la muerte de Laika. Durante una semana, los periódicos locales publicaron boletines informativos sobre la salud de la perrita que, en realidad, ya estaba muerta. La información divulgada daba pie a que la población pensara que Laika podría regresar.

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