Hablando de tus pantaletas. Por Moisés Estaba

Por redaccionnyl el 15/09/2018

Siempre me ha gustado hablar de tus pantaletas. Era un secreto bien guardado. Te veía y muy dentro de mí pensaba que tu enorme culo resaltaba el colorido estampado que adornaban tus pantaletas.

En un acto especialmente religioso para mi causa. Disfrutaba meter mi mano por el borde de tus pantaletas, enredar mis dedos en los bordados y bajarlas hasta el final de tus piernas.

No era una tarea fácil. Las exhibías con naturalidad. Normalmente para desenterrar de tus entrañas la calentura de tus deseos, halaba con mis manos debajo de tu pantalón y por encima de tus nalgas, el vistoso hilo que acostumbrabas a llevar religiosamente. Entre los besos, gemidos y caricias el tirón a tus pantaletas apretaba su tela contra los labios de tu intimidad. Vaya gozo.

Siempre captabas mi atención. Especialmente con tus pantaletas. Como la rosada con bordados de corazones blancos que arranqué de tu piel y tiré al lado de la cama aquella intensa tarde luego de una, dos o tres semanas sin vernos, que sé yo. Ya qué importa. Sólo recuerdo tu alarido de placer al ver mi mano sosteniendo tu minúscula, y desde ese momento rota, pantaleta.

Las mismas que te regaló tu mamá luego de aprovechar ese descuento. Y que sacaste del bolso mostrándome a contraluz la variedad de colores y sabiéndote dueña de mis más bajos pensamientos. Sonriendo pícaramente, conociendo mis intenciones y la voracidad de mis ganas de verte paseando tu culo por toda la cama modelando tus pantaletas.

Esas que hermanaste con mis medias y casaste con mis interiores. Que despiertan los recuerdos cada vez que abro la gaveta y encuentro apiladas como un libro abierto en el fondo de la caja. Sonriendo, insinuando, torturando mis pensamientos. Presumiendo de sus vivos colores y los juegos simulados que intentaban imitar con palmadas el color de tus nalgas con tus pantaletas.

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