Estos son los grandes motivos por los que debes ver “Dietland”

Por Aglaia Berlutti el 09/08/2018

Según recientes estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, 3 por cada 100000 habitantes en el mundo sufre de algún trastorno alimenticio durante la primera veintena de su vida. Por supuesto, a decir de muchos médicos y especialistas en el tema, la cifra es muchísimo más abultada, pero pocas veces quien lo padece lo admite, lo que hace más complicado un calculo real sobre su incidencia. Los trastornos alimenticios son un padecimiento silencioso, abrasivo y destructor. Es una compulsión que te somete a una especie de privada — y casi invisible — lucha contra tu propio organismo. Pero también te transforma en un rehén de tus prejuicios, de lo que consideras normal y de esa obsesión por la visión estética que todos padecemos alguna vez en una sociedad tan mediatizada como la nuestra.

La serie “Dietland” no toca directamente el tema de los trastornos alimenticios pero la noción sobre su existencia y gravedad, gravitan sobre el argumento como una presencia invisible. Se trata de una visión cruda, violenta y retorcida sobre la noción de la belleza y la fealdad en nuestra época, pero también, sobre la percepción de lo ético y lo moral para una generación que sostiene estándares de belleza imposibles de complacer. Los primeros capítulos son una mezcla cruel de la forma como nuestra sociedad analiza la apariencia — y la identidad — de quienes no calzan en el limitado canon estético y lo hace además, con una durísima crítica tácita que asombra por su cinismo. “El 90% de nuestros clientes dicen que el estrés los hace atracones. Y soledad. ¡Pero todos están solos, Dios mío! ¿Qué otra cosa pueden hacer? “¡Creo que lo vas a hacer genial y tendrás mucha piel suelta!” En ese tono implacable y aparentemente optimista, la “instructora de adelgazamiento” Plum Kettle se enfrenta a sus clientes y además, a sus propias inseguridades, en una especie de círculo vicioso que convierte a cada escena de la serie en una percepción inquietante sobre el hecho de la delgadez como símbolo del éxito y estatus, pero sobre todo, la batalla diaria que enfrenta cualquiera que no pueda satisfacer el estereotipo idealizado sobre la apariencia personal que nuestra cultura promociona como un deber implícito. La serie, con su extrañísimo punto de vista medita acerca de la sociedad de consumo, las expectativas irrealizables pero sobre todo el contexto de lo estético como expresión del yo elaborado como un reflejo distorsionado de la realidad.

Pero además, “Dietland” juega con la crueldad de nuestra cultura, de una manera directa que pocas series o cualquier otro producto televisivo lo han hecho. Las expectativas de la vida de Plum — que es una mujer obesa — están centradas en batallar contra su apetito y su apariencia física. Para Plum comer es el enemigo a vencer y cualquier idea al respecto está supeditada a la necesidad de batallar — a ciegas e incluso de manera exagerada — contra su apetito, la forma en que luce su cuerpo y sus implicaciones sobre cómo desea comprenderse. Las experiencias de vida de Plum parecen enlazarse con una versión retorcida y casi dolorosa sobre la percepción sobre la obesidad, la gordofobia y el body shaming que se ha hecho tan habitual en redes sociales e incluso, en la percepción colectiva sobre el individuo. Para Plum — aterrorizada por el hambre, las repercusiones de la obesidad sobre sus relaciones sociales y la contemporánea comprensión sobre el valor individual — las consecuencias de una cirugía de banda gástrica son un motivo de alegría, una forma de comprender su mundo y su relación con lo que le rodea. Y es esa disparidad, esa presión constante y excesiva sobre la realidad convertida en algo más duro de asimilar, lo que hace de la serie “Dietland” una travesía complicada a través de todo tipo de conceptos modernos sobre el valor de la estética y la forma en como se asume su importancia.

“Dietland” es la adaptación de la guionista Marti Noxon del libro del mismo nombre, escrito por Sarai Walker en el 2015. La historia literaria sigue a Plum a través de todas las vicisitudes que ser obesa le provoca en un mundo obsesionado por la delgadez. Mientras tanto, sueña con la cirugía que cambiará su vida. Es entonces cuando un misterioso libro con el titulo “Dietland” en la portada llega a sus manos y no solamente cambia la vida de Plum sino el hecho como asume la obesidad, la hostilidad cultural que la rodea y la noción sobre la fealdad que la golpea a diario. Con su tono satírico y retorcido, la serie analiza con cuidado los estragos de la industria de la belleza y sus repercusiones sobre una cultura hipersexualizada y obsesionada con la noción de lo bello como moneda de valor. Además, el argumento analiza desde un punto de vista novedoso la agresividad de la sociedad contra la diferencia, además de insistir en un alegato tácito sobre la desigualdad de poder entre hombres y mujeres. Y aunque el guión conserva el tono humorístico la mayor parte del tiempo, la sensación es que la historia gira alrededor del hecho del movimiento #MeToo y sus consecuencias, además de una nueva mirada hacia la percepción de la imagen corporal desde una versión mucho más inclusiva y flexible que la real. La adaptación de Noxon mantiene buena parte del humor del libro, su retorcida versión de la lucha entre las mujeres “normales” y las que ocupan el centro de los deseos colectivos, pero sin embargo, enarbola el cinismo desde un conocimiento cierto y profundo de la naturaleza femenina. La serie reflexiona sobre el hecho de cómo se miran las mujeres a sí mismas y unas a otras, como un fragmento de cultura que no termina de encajar en ninguna parte pero sobre todo, que parece fuera de tono por el mero hecho de coexistir de manera forzada con una imagen ideal imposible de alcanzar. Y aunque “Dietland” no profundiza todo lo que debería — o de la forma en que debería — es evidente que se trata de una búsqueda benevolente de sentido para la obsesión moderna por la delgadez, la gordura y en general, todo tópico sobre el como se luce y el como debería lucirse. Una extraña mezcla de reflexión y comedia que termina convirtiéndose — casi de manera involuntaria — en algo más profundo y duro de asumir.

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