Española Ana Juan cree que artistas deben trabajar para denunciar injusticias

Por redaccionnyl el 02/05/2017

Los artistas deben asumir el «compromiso» de involucrarse en la sociedad para denunciar las injusticias, dice a Efe la ilustradora española Ana Juan, de visita por Buenos Aires para presentar la «Trilogía del Mar del Norte», historias de «amor y fantasmas» ideadas junto al alemán Matz Mainka.

«Cuando algo pasa, si tienes la oportunidad de plasmarlo o denunciarlo, debes hacerlo. Ilustrar es un arma de la que te puedes valer tanto de espada como de escudo: puedes atacar y defenderte» de lo que ocurre a tu alrededor, asegura Juan en la entrevista, realizada en el marco de su participación en la Feria Internacional del Libro de la capital argentina.

Para la artista valenciana (1961), todo creador tiene un compromiso con sí mismo y el mundo en el que vive, algo que ella aplica en sus obras más periodísticas.

Es el caso de las que realiza para The New Yorker, revista con la que colabora desde 1995 y con la que ya ha publicado una veintena de portadas. Una de las más impactantes fue aquella Torre Eiffel con un lápiz como punta y una mancha roja en su base que dibujó tras el atentado contra el semanario francés Charlie Hebdo en 2015.

En este momento, considera que su trabajo es necesario para pelear y protestar contra, por ejemplo, las políticas del presidente estadounidense Donald Trump o las injusticias «globales», como las que viven las mujeres hoy en día. «Pese a todos esos logros que se habían conseguido, de repente, estamos en pleno retroceso», apunta en referencia al creciente número de feminicidios en varios países.

Juan, Premio Nacional de Ilustración en España en 2010, combina este trabajo más inmediato y pegado a la actualidad con los libros de ilustraciones de historias propias, creadas en equipo o, simplemente, «redescubiertas», como es el caso de «Snowhite», que publicó en blanco y negro en 2001 con el fin de aportar su «versión libre» del clásico.

Según dice, no siente preferencia por ninguna de estas tres vertientes que ha tomado su trabajo en los últimos años. «La vida se cruza y te pone por delante una obra que, a lo mejor, nunca habrías soñado porque tienes ciertos prejuicios. Es un placer descubrir autores que te ofrezcan cosas cuando, en otro momento, pasarían de largo «, apunta.

Juan acaba de realizar su primer viaje a Buenos Aires, acompañada de Mainka, dibujante y autor de cómics junto al que publicó el pasado año «La Trilogía del Mar del Norte» (Edelvives), un trabajo que, apunta, se realizó enteramente «a cuatro manos».

Su origen se remonta a 2009, cuando una editorial japonesa les propuso participar en una nueva revista que iba a trabajar con artistas extranjeros para probar «nuevas formas de narración», alejadas del manga. Para ello, les pidieron tres capítulos cerrados, con historias independientes pero con una misma trama argumental.

«Pensamos en contar cuentos, empezamos a buscar hipotéticas leyendas olvidadas» y las plasmamos «de forma que parecía que sí habían existido pero los acontecimientos posteriores a la Primera Guerra Mundial las habían llevado al olvido», revela la ilustradora.

En ese sentido, define a ambos como una especie de Hermanos Grimm «de pacotilla» que, en vez de en la tradición oral, buscaron historias en el «pozo» de su imaginación.

El resultado, que no pudo publicarse entero en su momento pero fue rescatado en 2016, son «Promesas», «La isla» y «Hermanas», tres relatos de amor y fantasmas. «Porque, al fin y al cabo, en todas las historias de amor en las que se sufre, hay uno», asegura.

Pese a haber publicado «Frida» (2001) o «The Night Eater» (2004), proyectos infantiles de gran éxito, admite que no trabaja para el público, sino para ella misma, y ya entonces se percató de que se encontraba más agusto dibujando para adultos, quienes cree que, cada vez más, están perdiendo sus reparos y dejan de asociar la ilustración a los niños.

En ese sentido, piensa que mientras que las novelas en papel están destinadas a desaparecer con el ebook, hacia los libros de ilustraciones existe «otra actitud», ya que se trata de una experiencia completamente diferente. «Viene cuidado y editado, tiene un peso, un tacto, un olor, visualmente es diferente… No va a fallar: este es el camino del libro», asevera.

Juan confiesa que pese a que las nuevas tecnologías son una herramienta para facilitar su trabajo, ella es una romántica y una amante de lo «clásico». Por eso, además de recurrir a estructuras y formas más sencillas y utilizar cada vez menos colores en sus obras, siempre apuesta por el papel y el lápiz.

«Es una cosa sensorial: me gusta escuchar el sonido del lápiz, tocar el papel… Sería incapaz de renunciar a ello», confiesa.

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