El peligro de los coaches, los falsos psicólogos que no aportan nada

Por Valentina Rausseo el 07/05/2019

Según las estadísticas arrojadas por el Consejo General de la Psicológica en España, aproximadamente 12 millones y medio de habitantes sufrieron un episodio referente a enfermedades mentales en el año 2018.

Y para muchos de ellos, más que por los síntomas de sus patologías, el problema realmente radicó en la búsqueda de atención médica, pues, la era de los coaches y falsos terapeutas parece haberse apoderado del globo y, pasaron de estar en un problema grave, a estar en otro más grave.

Fernando Chacón, decano del Colegio de Psicólogos de Madrid y vicepresidente del Consejo General de la Psicología de España, aseguró que, por un lado, los problemas partieron del hecho de que la ratio de profesionales de la salud mental en el sistema sanitario español, representa una de las más bajas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

Y por otro lado, es un hecho que orilla a todas esas personas a buscar ayuda de una forma desesperada; búsqueda que comprueba que “la regulación de la psicología en nuestro país es deficiente: cualquier persona sin ningún tipo de formación puede llamarse ‘terapeuta’, lo que genera una enorme confusión”, dice Chacón.

Estas personas que se hacen pasar por expertas y hasta dirigen consultas cual profesionales, hacen hincapié a la neurociencia, hipnosis, constelaciones, mindfulness (paisaje lleno de sombras), Gestalt, crecimiento personal, herramientas transformadoras, disociaciones y bloqueos.

Asimismo, ofrecen terapias individuales y grupales, conferencias, libros de autoayuda, entre otras herramientas. Y, generalmente, rebuscan el lenguaje con la finalidad de generar confusión acerca de su capacitación.

De igual manera, se definen como psicoterapeutas, psicoanalistas, terapeutas expertos en psicología humanista y coaches para procesos de acompañamiento y duelos,

Chacón explica que «el único ámbito regulado en psicología, es el sanitario, y eso hace que en otras áreas, como la laboral (que es la menos regulada de todas), prolifere el intrusismo -encarnado en todo tipo de versiones de la autoayuda-. El momento en el que un profesional habla de una intervención para reducir el estrés, entramos en el terreno de la enfermedad mental y, por lo tanto, es competencia del psicólogo sanitario», explica Chacón.

Con tan sólo darse una pasada por Internet, basta, pues encontrarás un sinfín de escuelas, asociaciones e institutos con rimbombantes nombres pero muy credibilidad.

Está la Asociación Rebirthing Internacional España, el International Coach Federation, el Instituto de Constelaciones Familiares, la Asociación Española de Terapia Regresiva Reconstructiva y hasta la de Terapia Regresiva Aplicada.

Esas encabezan una larga lista que refleja un conflicto proveniente de la heterogeneidad de la formación e los responsables de ese tipo de actividades. Y lo más grave del asunto, es que todas esas instituciones expiden títulos de psicoterapeuta, coach, facilitador, etc., aunque los alumnos no tengan estudios de psicología ni ninguna formación sanitaria.

“Funciona un poco como con las dietas tipo paleo o Dukan, -esas que uno no debe seguir-. Me invento mi terapia, la patento, me convierto en líder y la vendo a través de cursos de formación”, pone como ejemplo el psicólogo Eparquio Delgado. 

El punto de vista de Darnés

Josep Darnés, autor de “La Burbuja Terapéutica” (un libro que detalla su viaje por más de 50 propuestas curativas para resolver un trastorno de ansiedad), cuenta que cayó en estas ofertas de soluciones engañosas, capaces de conducir a los pacientes a una peregrinación de terapeuta en terapeuta.

“Me convertí en un yonqui de las conferencias, los libros de autoayuda, los retiros. Hay un negocio bestial detrás de todo esto”.

De igual modo, Darnés advierte acerca del “efecto contagio”; “los pacientes reciben una determinada terapia y quedan fascinados hasta el punto de empezar a realizar el curso de terapeuta, en el que la docencia se reparte en varios fines de semana y el título se otorga sin pruebas de evaluación”.

La solución, según Chacón

Fernando Chacón recomienda “recurrir a psicólogos colegiados para, en casos de que sucedan situaciones de mala praxis, interponer una denuncia en la comisión deontológica. De hecho, la institución dispone de una comisión destinada a la defensa y asesoramiento de los ciudadanos ante el intrusismo”.

“En psicología, es difícil que una pseudoterapia sea un disparate de principio a fin. Siempre tiene algo aprovechable”, asegura.

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