El Monopoly ayudó a prisioneros a escapar en la II Guerra Mundial

Por redaccionnyl el 20/01/2017

En plena contienda, los británicos hacían llegar ejemplares de este juego a sus soldados capturados con información oculta para que lograsen escapar de los alemanes.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Monopoly fue un éxito de ventas y su leyenda creció, con la multiplicación de historias que exageraban el papel que jugó este divertimento durante la guerra.

Y es que en el conflicto bélico los aliados utilizaron una variedad de objetos, entre ellos juegos de mesa, para hacer llegar diversas mercancías de contrabando a sus prisioneros de guerra.

Las radios se escondían en tableros de Cribbage, se ocultaban mapas hechos de seda en barajas de naipes, y ponían brújulas en botones o en el forro de los abrigos.

Los juegos de tenis de mesa resultaron ser particularmente útiles, ya que los mapas podían ser fácilmente doblados y metidos en los mangos de las palas.

La Convención de Ginebra recogía que los prisioneros de guerra tenían derecho a recibir algunas cartas y envíos tales como juegos, para ayudarles a pasar el tiempo.

Pero como los grupos de ayuda respetados por todos los bandos como la Cruz Roja no se querían arriesgar con el contrabando, los aliados establecieron organismos de ayuda ficticios, como laBritish Local Ladies Comfort Society y the Lancashire Penny Fund.

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Un claro ejemplo de ello es el de los británicos, quienes (a partir de 1941) se dedicaron a camuflar dentro de los tableros del popular «Monopoly» todo tipo de objetos y mapas con el objetivo de que ayudar a escapar a los prisioneros encarcelados por los nazis. Así lo afirma la periodista Mary Pilon en su último libro que, bajo el título «The Monopolist», narra pormenorizadamente la historia de este juego de mesa y su influencia –en este caso- durante la Segunda Guerra Mundial.

Concretamente, la también investigadora determina que, para hallar el comienzo de esta curioso suceso, es necesario viajar en el tiempo hasta el 26 de marzo de 1941, año en que Hitler estableció que era necesario expandir varias cárceles y campos de concentración como el de Auschwitz para albergar, si cabe, a más prisioneros.

Ante la deportación masiva que hacían los nazis de reos a estos lugares (entre ellos, prisioneros de guerra), uno de los servicios secretos británicos –el MI9- decidió tomar cartas en el asunto. Y nunca mejor dicho. Así pues, esta organización escribió a la empresa «Waddingtons» (encargada entonces de producir el «Monopoly») y solicitó a sus responsables que crearan un «kit» especial para los prisioneros británicos apresados.

A las pocas semanas aparecieron las primeras cajas en las que, además del popular juego de mesa, se podían hallar dobles fondos ocultos con pequeñas limas, brújulas, navajas y hasta mapas impresos de Noruega, Suecia, Alemania, Francia e talia. Todo ello, con el objetivo de que sus compatriotas pudieran escapar.

Para llevar a buen puerto este plan, los británico se basaron en los convenios de Ginebra, los cuales establecían que los prisioneros de guerra podían recibir juegos y pasatiempos que les ayudaran a soportar el largo tiempo de cautiverio al que estaban sometidos.

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La dificultad radicaba en que, para que las cajas pudieran llegar a sus destinatarios, la ley establecía que debían ser repartidas por la Cruz Roja. Sin embargo, para evitar que los miembros de esta organización arriesgaran sus vidas, los británicos crearon nuevos «grupos tapadera» con objetivos similares a la de esta organización.

A día de hoy se desconoce el número exacto de reos que lograron escapar gracias al «Monopoly», pero no debió ser bajo, pues los alemanes llegaron a afirmar que los británicos había violado los acuerdos internacional al introducir (sin saber cómo) este material entre los presos. A su vez, Hitler afirmó que no dudaría en tomar represalias mortales contra aquellos que fueran atrapados con alguno de estos objetos o, por supuesto, intentando escapar. Con todo, es imposible conocer su efectividad, ya que las pruebas fueron destruidas tras la Segunda Guerra Mundial por si era necesario volver a usar esta curiosa técnica.

«Me ayudó mucho a nivel espiritual saber que había gente en Inglaterra que se preocupaba por mi y trataba de ayudarme», explicaba posteriormente el soldado británico John Powell Davies en referencia a la curiosa misión del Monopoly. Este militar pasó meses en el castillo alemán de Colditz, una instalación de máxima seguridad.

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