Cuatro poemas de Miguel Otero Silva para que sepas lo que es bueno

Por redaccionnyl el 27/12/2017

poemas de Miguel otero silva
poemas de Miguel otero silva

Los poemas de Miguel Otero Silva siguen retumbando en el imaginario colectivo de los venezolanos. Pero su obra trascendió mucho de la literatura. Nació el 26 de octubre de 1908 en el estado estado Anzoátegui de Venezuela. Tuvo una destacada labor como escritor, humorista, periodista y político. En pocas palabras: hizo de todo.

Fundó la revista “El Morrocoy Azul”, de corte humorístico y satírico; el semanario de izquierda “Aquí Está”; y (junto a su padre) el diario El Nacional. Después de haber cumplido los 40 años, contrajo matrimonio con la intelectual, periodista y activista María Teresa Castillo, una de las figuras más importantes de la cultura venezolana.

En defensa de ideales políticos y su actividad periodística llevaron a Miguel Otero Silva a enfrentar los duros regímenes tres presidentes venezolanos, que incluyeron dos injustos exilios. Por otro lado, su producción literaria incluye rica poesía, divertido e inteligente humor, y las magistrales novelas: Fiebre, Casas Muertas, Cuando quiero llorar no lloro y La Muerte de Honorio.

Aquí les hicimos una selección de algunos de sus poemas para que se familiaricen con su obra y sepan lo que es la calidad en la literatura.

El aire ya no es aire

El aire ya no es aire, sino aliento;
el agua ya no es agua, sino espejo,
porque el agua es apenas tu reflejo
y ruta de tu voz es sólo el viento.

Ya mi verso no es verso, sino acento;
ya mi andar no es andar, sino cortejo,
porque vuelvo hacia ti cuando te dejo
y es sombra de tu luz mi pensamiento.

Ya la herida es floral deshojadura
y la muerte es fluencia de ternura
que a ti me liga con perpetuos lazos:

tornóse en rosa espléndida la herida
y ya no es muerte, sino dulce vida,
la muerte que me das entre tus brazos.

Anchas sílabas

Que mi pie te despierte, sombra a sombra
he bajado hasta el fondo de la patria.
Hoja a hoja, hasta dar con la raíz
amarga de mi patria.

Que mi fe te levante, sima a sima
he salido a la luz de la esperanza.
Hombro a hombro, hasta ver un pueblo en pie
de paz, izando un alba.

Que mi voz brille libre, letra a letra
restregué contra el aire las palabras.
Ah, las palabras. Alguien heló
los labios -bajo el sol- de España.

Hallazgo de la piedra

Hallazgo de la piedra:
la piedra es el rescate de formas y volúmenes
que fueron soterrados por el talón del viento.

Paráfrasis del lirio:
el lirio es el desquite de yerbales y frondas
que extinguieron sus verdes en el barro del lirio.

Génesis de la lluvia:
la lluvia es el repliegue de arroyos y esteros
que asaltaron el cielo por la arcada del sol.

Venero de una voz:
tu voz, joven poeta iluminado,
trazador de epiciclos, descubridor de orbes,
esa voz que te brota de la insólita entraña
en resaca de gritos de los poetas muertos.
Es la cal de los huesos de los poetas muertos,
blanca semilla que germina sobre tu corazón.

Enterrar y callar

Si han muerto entre centellas fementidas
inmolados por cráteres de acero,
ahogados por un río de caballos,
aplastados por saurios maquinales,
degollados por láminas de forja,
triturados por hélices conscientes,
quemados por un fuego dirigido,
¿enterrar y callar?

Si han caído de espaldas en el fango
con un hoyo violeta en la garganta,
si buitres de madera y aluminio
desde el más alto azul les dieron muerte,
si el aire que bebieron sus pulmones
fue un resuello de nube ponzoñosa,
si así murieron sin haber vivido,
¿enterrar y callar?

Si las voces de mando los mandaron
deliberadamente hacia el abismo,
si humedeció sus áridos cadáveres
el llanto encubridor de los hisopos,
si su sangre de jóvenes, su sangre
fue tan sólo guarismo de un contrato,
si las brujas cabalgan en sus huesos,
¿enterrar y callar?

Enterrar y gritar.

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