Cuatro poemas de Louis Aragon para enfrentar lo inescrutable de la belleza

Por María Beatriz D'Andrea el 03/04/2019

poemas de louis aragon
poemas de louis aragon

Con una temática romántica y apasionada los poemas de Louis Aragon son de una belleza a veces inescrutable. Los experiencias y lugares de su infancia junto al amor que tuvo por su esposa también son reflejados en cada verso.

Nacido en París en el año 1897 y falleciendo en el mismo lugar para 1982 fue un poeta que también se dedicó a la creación de ensayos y novelas.

Para sus estudios universitarios escogió la Medicina lo cual le sirvió para ejercer cuando militó en la resistencia francesa en contra de los nazis.

Fue uno de los fundadores, para el año 1919, de la revista llamada «Littérature» donde expresaba sus ideales surrealistas y dadaístas.

Entre sus obras más importantes están la colección de poemas «Feu de joie» (1920) y «Liberté» (1942).

A continuación te traemos cuatro poemas suyos para que seas espectador de su legado poético.

1. «Los viejos puentes»

Yo pasé por los viejos puentes
todo allí comenzó después.
Una canción del tiempo ido
habla de un herido doncel.

De un traje que fue desceñido
y de un desangrado clavel
del castillo de un duque loco
de los negros cisnes de un rey.

De la pradera donde canta
la eterna novia del ayer
yo bebí el canto de las glorias
falsas como una helada miel.

El Loira arrastra mis recuerdos
con el ejército francés,
con las armas ya disparadas
y el llanto sin borrar también.

¡Oh abandonada! ¡Oh Francia mía!
Yo los viejos puentes pasé.

2. «Los ojos de Elsa»

Inclinando a tus ojos los míos sitibundos
en su fondo vi todos los soles reflejados,
y el salto hacia la muerte de los desesperados,
como el de mis recuerdos a tus ojos profundos.

Es un mar en tinieblas bajo el palio de un vuelo;
de pronto el día plácido de tus pupilas sube;
en los linos del ángel recorta el sol la nube
y sobre las espigas se azula más el cielo.

3. «Del poeta a su Estrella»

Dirá alguien que un hombre
no debe exponer su amor
en la plaza pública.

Yo responderé que un hombre
no tiene nada mejor,
más puro y más digno
de ser perpetuado que su amor…

4. «Carlitos místico»

El ascensor descendía siempre hasta perder aliento
y la escalera subía siempre.
Esta dama no entiende lo que se habla
es postiza.
Yo que ya soñaba con hablarle de amor.
Oh el dependiente tan cómico con su bigote
y sus cejas artificiales.
Dio un grito cuando yo tiré de ellos.
Qué raro, que veo
esa noble extranjera.
Señor yo no soy una mujer liviana
¡Uh! la fea.
Por suerte nosotros tenemos valijas
de piel de cerdo a toda prueba.
Ésta, veinte dólares y contiene mil.
Siempre el mismo sistema
ni medida ni lógica
mal tema.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com