Cinco poemas escritos para que la ropa interior se caiga

Por redaccionnyl el 20/01/2020

Ya se sabe que los intelectuales y poetas son, por naturaleza, seres ajenos al arte de la seducción. Pero con el paso del tiempo y de los libros se transforman y se vuelven expertos. De ellos hemos seleccionado cinco poemas escritos especialmente para seducir.

Suenan como la flauta del encantador de ratas que algunas vez fue a Hamelin. Estos poemas fascinan. Sobre todo si son dichos con la voz precisa. El efecto parece ser sobre la ropa interior, pero es sobre la cabeza de quien la usa.

Todo comienza con un calor en el pecho que baja y se concentra en el vientre. Entonces ya no puede mantenerse allí la ropa interior porque comienza un calor. Entonces a esos pedacitos de tela les da por caerse y se caen.

A continuación, apenas cinco poemas que causan ese grave efecto.

Poemas para seducir

Clausura de lujuria. Por Ana Emilia Lahitte (Argentina)

El deseo
procura archipiélagos vivos,
desmesura radiante, verdor,
sangre amazona.

Y sólo encuentra enjaulada furia.
Muslos abandonados
sin salario de espuma.

Confesión. Por Darío Jaramillo (Colombia)

Yo huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
Es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando ausente mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti.

Estoy en ti. Por Óscar Wong (México)

Estoy en ti
buscando vegetales en tu origen.
De tu vientre los musgos si levanto
el árbol humedeces
y transformas,
si canción o río desbordado
te yergues del ritmo
a las orillas.
Estoy en ti
-desnudo-
como niño que juega
a las auroras.
Reverbera la casa con tu nombre
compañera que fuerzas
a erigirme.
Materna niña
nuestra
vuestra,
heme aquí contigo
rescatando la hierba a los umbrales.

La rosa. Por José Umaña (Colombia)

Esta rosa en el cielo, inmóvil, pura;
y este aire, que la cerca, y la convida:
y ella, en su propio sueño suspendida,
serena, en su voluble arquitectura.

Es casi de cristal, en la segura
presencia de su línea estremecida:
tan perfecta, en el tono, y la medida,
exactos, de su tedio y su hermosura.

El aire pasa, y ella, sola, queda,
embriagada en su tácito perfume,
oculta entre su tálamo de seda.
Y en la alta noche su virtud resume
trémula gota que, en la sombra rueda,
y en estéril silencio se consume!

Nuestro amor. Por Carlos Germán Belli (Perú)

Nuestro amor no está en nuestros respectivos
y castos genitales, nuestro amor
tampoco en nuestra boca, ni en las manos:
todo nuestro amor guárdase con pálpito
bajo la sangre pura de los ojos.
Mi amor, tu amor esperan que la muerte
se robe los huesos, el diente y la uña,
esperan que en el valle solamente
tus ojos y mis ojos queden juntos,
mirándose ya fuera de sus órbitas,
más bien como dos astros, como uno.

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