Cinco poemas de María Alejandra Gámez que son belleza pura

Por María Beatriz D'Andrea el 31/10/2018

La escritora venezolana María Alejandra Gámez plasma a través de su obra literaria sus pensamientos y experiencias de vida. Se considera a sí misma como una artista conceptual que se ha desempeñado en varias ramas del arte.

Sus primeras obras fueron “Autopsia de un día” en el 2015 y “Relatos de Evasión” en el año 2016. Parte de su trabajo escrito ha sido publicado en las revistas Letralia, Plesiosaurio, Revista Minificción y La Caída.

Es una mujer que ha evolucionado en todo lo relacionado al mundo del arte además de incursionar en la literatura. Tiene conocimientos en varias áreas artísticas como el dibujo, pintura, cerámica, trabajos en vidrio, cine y escultura. También realiza talleres y seminarios compartiendo su extenso conocimiento.

Algunos de los cargos que ha realizado en su carrera han sido como Gerente cultural, docente de artes y coordinadora de proyectos de artes. Toda su vida laboral la ha desempeñado en el estado Carabobo en la ciudad de Valencia en Venezuela.

Para que conozcas parte de su trabajo literario te traemos un fragmento de su arte escrito a través de sus poemas.

Cinco Poemas de la escritora María Alejandra Gámez

1. “Mujer poeta”

Así te llaman, la poeta,
¿qué había de malo en la palabra poetisa?
¿Es menos que poeta?
Me gusta como suena,
poetisa, poetisa…
aterciopelada
de suave y delicada cadencia
la palabra,
femenino de la forma poeta,
persona que escribe obras poéticas,
no mujer, sino persona,
estás en el diccionario, poetisa,
pero ya no eres políticamente correcta.
Mujer poeta, ya no te discriminan.
¡Enhorabuena, mujer!

2. “Cala blanca”

Camino estos parajes donde el tiempo no existe,
millares de mujeres los caminaron antes
son las mismas de ahora,
hablan de sus dramas, cuentan sus historias:
un marido muerto,
el amor de su vida…
Una familia, unos hijos, en algún lugar
dejado atrás,
un esposo inválido traído consigo,
Dios, el refugio.
La oración, un consuelo.
Otros exilios,
otras mujeres, otros relatos
tallados en la piedra tosca.
Deambulan por la cala.
¿De dónde eres?
Es siempre la pregunta.
De aquí, de allá, de cualquier lugar del mundo
y ahora de Venezuela.
Las mismas almas, por siglos,
huyendo.

3.”Los ancestros”

Aquí estamos de vuelta, españoles de América,
con libro de familia y pasaporte europeo.
Dos generaciones fueron suficiente
para vernos volver, arrastrando memorias
de aquellos que viajaron en sentido opuesto
cincuenta años antes, con un mismo sueño.
Otra dictadura, otro dolor, otra guerra,
trazó la ruta que siguieron: Venezuela.
Antes nuestro hogar, amplio y dadivoso.
Ellos, los ancestros, no volvieron.
Quedaron enterrados.
No habrá quién visite sus tumbas,
ni habrá flores en sus mausoleos.
Queda la añoranza,
el dolor de expatriado,
que llevamos adherido a los genes como un duelo.
Los países construyen su grandeza con el sacrificio de sus pueblos.
No hay países grandes.
O al menos no debería haberlos.

4. “Identidad de género”

Ya no me siento ella, ni yo misma
ya no me siento
No me siento yo misma,
ni él, ni ella, ni ello…
es que no me siento en absoluto de ninguna manera.
No me siento hombre, ni mujer,
ya no me siento,
no me siento transgénero,
¿o debería decir transgénera?
De niña solía jugar muñecas,
y metras, que son canicas.
Cualquier cosa era buena para jugar,
treparse a los árboles o lanzar piedras.
Solía llevar vestidos almidonados o pantalones.
Lazos en la cabeza o pelo corto.
Pero ahora,
ya no me siento yo misma,
ni él, ni ella, ni ello…
es que no me siento en absoluto de ninguna manera.
¿Será que habré perdido mi identidad de género?

5. “Pedazo de mi alma. (A mi gran amigo Victor Cadet)”

Víctor, nombre de vencedor,
amigo entrañable.
Cuánta belleza hay en tus textos,
cuánta añoranza,
de aquellos días inmensamente largos de la infancia
(que no vivimos juntos).
Somos la misma historia,
de lances que entrelazan almas.
Del futuro que fuimos,
tan previsible como promisorio,
quedamos todos truncados.
El futuro es un lugar
que me es ajeno.
Me queda el sabor acre
de mi alma desgarrada,
que habita en mil fragmentos de distintos destierros.
Tú escribes, yo leo.
Yo escribo,
dibujo con palabras los recuerdos.
¿Quién podría desentramar la urdimbre
de memorias y vivencias que nos unen?
Un beso en la distancia.

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