Cinco poemas de Leopoldo Alas Mínguez que son pura sabiduría

Por María Beatriz D'Andrea el 27/01/2019

Son los poemas de Leopoldo Alas Mínguez el reflejo escrito de lo sutil y real que existe en la rutina humana. Una invitación para aprender a admirar los pequeños detalles que nos ofrece la vida a través de su poesía.

Nació en España, Arnedo en el año 1962 y murió en Madrid en el año 2008 fue un poeta, novelista y ensayista reconocido. Sus estudios se basaron en la Filosofía italiana y en la Dramaturgia.

Su talento en el mundo de la literatura fue conocido y admirado desde que era muy joven. Llegó a dirigir la revista de poesía «Signos» así como también colaboró para periódicos como «El Mundo» y la Radio Nacional de España.

Sus obras poéticas se pueden encontrar en varias publicaciones como en «La condición y el tiempo» (1992) y «El triunfo del vacío» (2004).

Otras de sus obras fueron la novela «Bochorno» (1991) y el ensayo «Ojo de loca no se equivoca» (2002). También la obra de teatro «La pasión de madame Artú» (1992).

Es así como te traemos una muestra de su trabajo poético en el mundo de la literatura con estos cinco poemas. Conozca parte de su legado escrito y de como expresaba sus más profundos sentimientos en la poesía.

1. Un canto y unos versos

Nos han visto postrados al rumor de unos rezos
que aprendimos de niños, cuando todo era bueno.
Después de haber crecido como la mala hierba,
pletóricos de ausencia y en pantanosas tierras;
de haber dudado tanto, de habernos confiado,
por pálidos reflejos, a credos nada claros…

Teoremas formulamos y frases aprendimos
y en nubes de ilusión buscamos raciocinio.
Capítulos trazamos de complicada historia
que ahora, sin nosotros, se desenvuelve sola.
Y estamos al amparo de débiles recuerdos:
la señal de la cruz, un canto y unos versos.

2. Al filo de los treinta

Supón que todo sigue…
La voz que siempre escuchas por las tardes
cuando a solas suspiras para aliviar el peso,
con ganas de cambiar y miedo a las personas
y cierta desazón de estar sin ellas.

Oigo la luz, más que verla, tumbado
en esta cama antigua, en Almería,
al filo de los treinta.
Las notas del silencio,
el cielo azul cansado y una torre dormida.

Que todo siga siendo tan sencillo:
despenar sin heridas como en los viejos tiempos,
madrugadas difusas y, a la tarde,
un rato nada más en el abismo.

3. El ángel y el vampiro

Pasé la vida entre vampiros y ángeles,
libando con paciencia los unos mi energía,
los otros trasvolando mis días más sentidos.
Todos los trances de luz fueron suyos:
al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego
y en el tránsito hacia el zenit, perdido.
Confundí las alas blancas con las capas negras.
Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.
Cada vez que llamó, me encontraba.
Unas veces hermoso y otras veces oscuro,
el timbre de su voz me subyugaba,
la miel de su sonrisa me encendía,
y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro
y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.

4. El corazón en casa

No levantan la mirada. No hay nada
más que el aliento gris
que emanan sus marrones,
un resuello que va espesando arriba
y les deja rendidos al asfalto.
Ni sueñan: no hace falta. Ni recuerdan.
Ni desde luego intentan
elevar su plegaria a las alturas.

¿Dios qué puede ofrecerles?
¿Qué puede ofrecer a nadie un mendigo
que va pisando charcos sin ser visto?

Pequeños, sometidos,
al ritmo de unas músicas paganas
y en una ratonera de edificios,
celebran naderías.
Mientras sigan rodando los días con sus noches
y no vuelvan a descubrir el cielo,
será mejor así: los párpados caídos
y el corazón en casa.

5. La aureola azul

En la roca de esmeraldas que imagina,
el anciano defiende su aureola.
Con diecisiete años, le dijo que era azul
una mujer del norte
y le advirtió que nunca la perdiera.

Vendrán las nubes que ensombrecen
las buenas intenciones
y formas de pensar como naufragios.
Te dejarás caer por levantarte,
te ocultarás por miedo.
El viento dispondrá tus verdaderos gestos
y el paso de los otros tu destino.

No serás lo que creías,
tu rostro mostrará las simas de tu alma,
traducirás tu ruina,
enfangarás tus sueños con tus dudas.
Pero nunca descuides la aureola,
no dejes que se extinga
ni cuentes que fue azul en un poema.

Nalgas y Libros | contacto@nalgasylibros.com