Cinco poemas de Homero Aridjis que aceleran el pulso

Por María Beatriz D'Andrea el 03/04/2019

En los poemas de Homero Aridjis se aprecia la visión que este mexicano posee de la realidad, con un toque místico y poético. Muestran la relación que existe entre los sentimientos y las vivencias que las personas suelen experimentar a lo largo de la vida.

De origen mexicano este poeta nació en Michoacán en el año 1940 siendo uno de los escritores más importantes de su país.

Ha desempeñado trabajos como catedrádito, periodista y también como novelista, recibiendo en 1993 el doctorado «Honoris Causa» por parte de la Universidad de Indiana.

Su trabajo ha sido reconocido a nivel internacional desde la cultura en países como Holanda y Suiza. También desempeñó un cargo de director en el Instituto de Michoacán de Cultura.

Entre sus obras más destacadas estan «Antología Poética», «Los ojos desdoblados», «Los espacios azules» y «Tiempo de ángeles».

A continuación tome lectura de los siguientes cinco poemas que te traemos para que conozcas parte de la obra que ha desempeñado este reconocido mexicano.

1. «Erótica»

Globos
El deseo perfora
en la clara dureza de su cuerpo,
delgadeces empujan en su vientre
un temblor que si se agita salta,
ritmos balancean bajo su pecho
viva abundancia que el deseo persigue
con una sombra flaca.

Deseo
Dos llamas que apagan su calor
cuando están más fundidas,
y tienen más desolación
cuando parecen más unidas.

Pareja
Dos cuerpos que agotan su fervor
en otro cuerpo,
que es suyo y no es suyo
al mismo tiempo.

2. «La forma de tu ausencia»

Ni un momento
he dejado de ver en este cuerpo
la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida del amor
y del hambre.

3. «Al hablarte me escuchas…»

Al hablarte me escuchas
desnuda de conceptos
renuncias a ti misma
para volverte aire
y al vuelo de mis pájaros verbales
concibes la palabra
siempre virgen y madre
vas perdurando los instantes
en tu cintura poderosa
algún día
cuando pierda al mundo
me harás permanecer.

4. «Déjame…»

Déjame
estoy lleno de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen.

5. «A veces uno toca un cuerpo y lo despierta…»

A veces uno toca un cuerpo y lo despierta.
Por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los brazos marinos
y como al mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano.

Le decimos luz como se dice ahora
le decimos ayer y otras partes
lo llenamos de cuerpos y de cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas.

Lo vamos escalando punta a punta
con orillas y techos y aldabas,
con hoteles y cauces y memorias
y paisajes y tiempo y asteroides.

Lo colmamos de nosotros y de alma
de collares de islas y de alma.

Lo sentimos vivir y cotidiano,
lo sentimos hermoso pero sombra.

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